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Causas y efectos de los rechazos

La Constitución será redactada por gente idónea, que sabrá llegar a acuerdos que representen el ideal de la mayoría de votantes.

Los últimos meses se caracterizan por rechazos en distintas índoles de diversas iniciativa de la Oficialidad; el público rechazó rotundamente el texto de la nueva Constitución en septiembre último y el Parlamento rechazó varias de las propuestas hasta llegar a la forma definitiva que se redactará uno nuevo; asimismo rechazó la Reforma Tributaria, bandera emblema del Gobierno de Boric; y hubo varios proyectos de menor difusión que se rechazaron o se modificaron sustancialmente. Falta ver qué pasará con la Provisional y Laboral que, ojalá, sean profundamente discutidos entre Ejecutivo, Legislativo y partidos antes de llevarlas a votación.

Las principales razones de estos reveses del Gobierno son varios: el espíritu refundacional, el apuro, la soberbia, la falta de la busca de consenso, la improvisación y, principalmente, el contenido ideológico, influyendo esta última a legisladores extremistas a anteponer sus ideas a los eventuales intereses del país. Si bien Boric ganó las elecciones con un porcentaje relativamente importante, la obligatoriedad de votar la nueva Carta Magna demostró que esa, casi mitad con derecho a voto que se abstuvo en las presidenciales, no tiene ganas de empezar desde cero, no está de acuerdo que lo hecho durante los últimos 30 años debe desecharse o ignorarse.

Las y los chilenos quieren no solo defender lo que lograron desde la vuelta de la democracia (la posibilidad de adquisición de millones de vehículos, viviendas y otras propiedades a consecuencia del crecimiento económico) sino, teniendo en las retinas a los países que ya lo lograron, quieren llegar al desarrollo, y saben que no se obtendrá con lo que el actual Gobierno propone. Esa inmensa mayoría, la clase media ya establecida o emergente, quiere seguridad, oportunidades, claridad en los proyectos y participación en la construcción de su propio futuro. Un futuro de bienestar tanto material como espiritual, con seguridad y democracia. No está dispuesta a compartir lo logrado con su esfuerzo con otros, pues considera que es el Gobierno o el Estado que debe crear las condiciones adecuadas para la disminución de la pobreza, las diferencias sociales. Y está convencida que eso no se logra mediante una especie de solidaridad general sino creando las correctas condiciones de productividad, emprendimiento y educación.

Los efectos de tantos reveses en las propuestas del Gobierno son varios. Empecemos por el de la progresiva separación de éste de las ideas extremistas de izquierda y la sucesiva adopción de ideas conciliadoras con las partes sensatas tanto de la oposición como de sus propias filas. Los rechazos y reveses obligaron a cambios de jerarquías (aún insuficientes y demasiado cuoteados), a sentarse a discernir con sus contrincantes, a moderar lentamente la soberbia, en pocas palabras a “darse cuenta”. Pero una de las más importantes y menos contempladas consecuencias de tantos reveses es la evidencia FUERA DE CHILE que acá prevalecen las y los sensatas/os y que es un país que se opone enérgicamente a seguir el camino de tantos fracasos en el Subcontinente. Los rechazos logran que el mundo libre levante las cejas y piense que Chile es un país que quiere desarrollarse, el pueblo chileno es más sensato de lo que se pensó después del 18 y las elecciones de 2022. Y en consecuencia los inversores parecen mirar a Chile de nuevo como un país que vale la pena considerar. El hecho que en medio de la crisis mundial haya un país que no acepta ser vapuleado por su propio Gobierno hace pensar que éste se verá obligado a enmendar su rumbo, ya que no dispone de una mayoría legislativa concordante con su espíritu y planes originarios.

Los cambios que ya se están produciendo y otros que evidentemente tendrán que producirse a la corta o larga, nos beneficiarán. Cambios que son – y seguramente serán – resultado, consecuencia de los distintos rechazos. La Constitución será redactada por gente idónea, que sabrá llegar a acuerdos que representen el ideal de la mayoría de votantes. Las reformas por presentarse deberán ser discutidas y amoldadas a las necesidades y no a las ideologías. La que ha sido rechazada, se presentará mejorada y será analizada, examinada y rectificada para – ojalá – terminar beneficiando el desarrollo.

Para todo ello hace falta que el Presidente y el oficialismo no-extremo poco a poco reconozca cuales son las ideas equivocadas y como se deben enmendar, les guste o no. No se podrá seguir gobernando sin ello, no sería comprensible que se aferren a ideas que fracasan y fracasan. Se llama pragmatismo: “Tendencia a conceder primacía al valor práctico de las cosas sobre cualquier otro valor” según reza la definición de la palabra.

Esto quizás cambie mi pesimismo a un ligero optimismo. Aunque a nadie importe…

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