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Más de 300 años tardará en recuperarse la Reserva Nacional China Muerta tras el incendio

Las llamas que arrasaron con más del 40% de la reserva y con cerca de 70 hectáreas del Parque Nacional Conguillío, destruyeron cientos de árboles milenarios.

Hasta el 13 de marzo el lugar era verde, con enormes árboles nativos que estaban ahí por cientos de años, en algunos casos, miles. Hoy la situación es distinta. El ambiente es gris y polvoriento. Muchos árboles están caídos, y los que continúan de pie tiene sus troncos quemados.

Así luce el 40% de la Reserva Nacional China Muerta, la que está ubicada entre Lonquimay y Melipeuco, en la región de la Araucanía, luego de que el 14 de marzo pasado comenzara el incendio, el que según las investigaciones, habría sido causado por terceros y no de manera natural como se pensó en un comienzo.

Las llamas que avanzaron rápidamente por China Muerta destruyeron gran cantidad de flora nativa como araucarias, cipreses, coigües y lengas, además terminaron con la vida de la fauna del lugar como pudúes, pumas y monitos del monte. El incendio también arrasaron con 69 hectáreas del Parque Nacional Conguillío.

Sólo a fin de mes se conocerán los daños reales y se podrán cuantificar, ya que por ahora todavía continúan trabajando en el lugar brigadistas quienes están apagando algunos incendios subterráneos.

“Si un bosque antiguo o adulto de araucarias se quema y mueren los individuos, la recuperación desde un inicio va a ser más lenta para tener un bosque de las características y magnificencia que tenía”, dice Mauro González, académico de la U. Austral, según consigna El Mercurio. Ese tiempo en el caso de las araucarias podría ser de hasta dos mil años, mientras que en el caso de los bosques afectados con menos severidad, se calcula que sería entre 300 y 400 años.

“Cuando hablamos de rapidez tenemos que entender que no es la rapidez desde el punto de vista del ser humano”, sostiene González.

MELIPEUCO: Incendio forestal

Por su parte el ingeniero forestal de World Wide Found for Nature (WWF), Rodrigo Catalán, asegura que “se ha estudiado que en los últimos siglos los bosques de araucarias han estado expuestos al fuego y que han generado resiliencia ante estos eventos”. De ahí el grosor y contextura del tronco de las araucarias.

De este modo, existe la posibilidad de que dentro del perímetro de bosque quemado establecido por la Corporación Nacional Forestal (Conaf), algunos árboles estén con vida.

Conaf ya se encuentra trabajando en un plan de recuperación de la reserva, que en un principio busca conseguir restablecer el verde del suelo.

El director regional de esta entidad, Alfredo Mascareño, señala que “es un proceso en el que se trabajará muy de cerca con las comunidades pehuenches. Hay que dialogar con ellos, pero se pueden establecer iniciativas que ya han funcionado en otras zonas, como que ellos construyan viveros en sus terrenos donde planten las especies que van a ir reforestando las zonas dañadas”.

Además de perder una gran cantidad de bosques se debe determinar el daño real que existe en la tierra, ya que esta también necesitará un tratamiento especial.

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