Robert Funk
Inst. Asuntos Públicos U. de ChileBA de la Universidad de Toronto, MSc y PhD de la London School of Economics es subdirector del Instituto de Asuntos Públicos y profesor de Ciencias Políticas de la Universidad de Chile.
Política
GANADORES
1. El ciudadano
Los movimientos sociales que aparecieron con tanta fuerza en todo el mundo son muy distintos, pero comparten algo fundamental. En todos los casos se trata de personas saliendo a la calle para reivindicar sus derechos como ciudadanos. La crisis de representación no es ni más ni menos que un golpe de timón destinado a comunicar a los gobernantes – jefes de Estado, Parlamentos, e incluso gerentes de grandes empresas – que los contratos sociales conllevan responsabilidades mutuas que se han ido erosionando. Indignados o no, los ciudadanos han retomado un protagonismo en los procesos políticos que no se había visto en por lo menos una generación.
2) Cristina Fernández
En un país, y una región, donde los presidentes frecuentemente no logran terminar sus mandatos, o los terminan con bajísimos niveles de aprobación popular, la reelección de Cristina Fernández de Kirchner con un 54% de los votos marca una notable diferencia. Mientras que Grecia nos trae recuerdos de Argentina circa 2001, los buenos resultados económicos en el país transandino – un PIB que en los últimos años ha crecido un promedio de 5% mientras se ha reducido la desigualdad– le reportó el reconocimiento del propio presidente de EE.UU., quien ha dicho que el mundo (lease Grecia) tiene algo que aprender de Argentina. Claro que en algo ayudan los precios inflados de la soya, ser vecino de Brasil, y haber prácticamente destruido la oposición política.
3) Barack Obama
Un político, según Maquiavelo, no solamente tiene que ser talentoso (y ojalá temido), sino también tiene que tener buena fortuna. Barack Obama es talentoso (¿qué duda cabe?), pero carece de estas otras bondades. Sin embargo, en 2011 demostró que Maquiavelo tenía razón: la combinación entre habilidad y fortuna puede producir milagros. En consecuencia, la captura y muerte de Bin Laden, los esfuerzos exitosos por derrocar a Gadafi, la supervivencia de la economía estadounidense (que se ve espectacular al lado de Europa), y el fin de la presencia de tropas norteamericanas en Irak, han dejado al Presidente muy bien parado para 2014. Mientras tanto, los Republicanos están divididos y dominados por extremistas. Si logra reducir el desempleo está al otro lado.
4) Andres Allamand
En el mundo de los ciegos –o por lo menos de los desatinados – al medio atinado le va bien. La popularidad del ministro de Defensa se disparó por su buen desempeño, luego del accidente aéreo de Juan Fernández; performance aún más notable tomando en cuenta el cargo personal y emocional que le significó la muerte de su cuñado. Es cercano al Presidente, liberal pero duro y, a diferencia de muchos de sus colegas en el gabinete, sabe de política. Habiendo atravesado más desiertos que Lawrence de Arabia termina el año como el mejor evaluado del Gobierno, ubicado en pole position para representar a la Alianza en las presidenciales del 2013. Que no se le aparezca un Longueira por allí…
5) El Gobierno
En un año complicado, optó, por un lado, por criminalizar a los movimientos sociales y, por el otro, por negarse a ceder en materias que lo desviaban de su visión y línea central. Si bien existen fuertes divisiones internas, el Gobierno termina el año con un movimiento estudiantil desgastado, una líder de ese movimiento vencida electoralmente, y una agenda comunicacional más ordenada, con menos protagonismo presidencial. Nubes negras para el 2012: la probabilidad de que regrese con fuerza el movimiento estudiantil, el tener que enfrentar elecciones municipales con una coalición tensionada, y un panoarama económico incierto.
PERDEDORES
1) Los dictadores árabes
Aún es demasiado temprano, como dijo Zhou Enlai cuando le preguntaron qué pensaba de la Revolución Francesa, para llegar a conclusiones taxativas respecto de la “Primavera Árabe”. No se puede declarar con certidumbre si los movimientos democráticos en las calles y plazas de Tripoli, el Cairo y Sana’a lograrán lo anhelado. Lo que sí sabemos es que la situación en Siria sigue complicadísima, en parte porque los poderes europeos y EE.UU. ven la posibilidad de que ese país sea otro Irak y no otra Libia. Pero también sabemos que, pase lo que pase, los gobiernos árabes ya no se pueden comportar como si la opinión pública no importara. Algo cambió para siempre. Es de esperar que los ciudadanos de esos países – cada uno muy distinto en cuanto a población, cultura, historia, política y economía – adopten la democracia y el pluralismo con la misma fuerza con que han asumido sus responsabilidades civiles. Eso incluye la separación de los planos político y religioso.
2) Europa
Cuando George Washington, en su famosa carta de despedida, les advirtió a sus compatriotas que la naciente nación norteamericana debiera evitar “enredos extranjeros” se refería a la política europea. Más de doscientos años más tarde, Europa pareciera no estar mucho más desenredada. El problema del Viejo Continente no es el desequilibrio político y económico entre los países del sur y del norte, ni los servicios sociales exageradamente generosos. El desafío de fondo es que esa zona no crece, y no tiene cómo crecer, ni en términos de población (no tienen hijos y no quieren más inmigración), ni en términos geográficos y, por lo tanto, tampoco en términos económicos.
3) La autoridad
Las instituciones políticas son cada vez más cuestionadas, especialmente por los jóvenes. Pero las democracias sanas necesitan instituciones fuertes. Las críticas –desde la falta de representatividad hasta la corrupción– han golpeado a todos, desde Carabineros, históricamente entre las autoridades que más confianza pública recibía, hasta la Iglesia Católica. Que los latinoamericanos, región en que los sistemas políticos siguen siendo vapuleados por personalismos y populismos, no le tengan confianza a los partidos políticos debiera causar especial preocupación. El problema con la idea de “que caigan todos”, es que todos caen.
4) La Concertación
Tal vez es injusto esperar que, luego de veinte años en el poder, una coalición pueda reinventarse en solamente dos. Especialmente, una que fue creada en un contexto político e histórico tan distinto. Sin embargo, la incapacidad de la Concertación para capitalizar la baja popularidad del Presidente y de su Gobierno es un problema tanto para el conglomerado opositor como para el sistema político como tal. La pésima reacción de la Concertación ante movimiento estudiantil tiene a la oposición en niveles de aprobación menores al 20%. Esto ha dejado el espacio abierto para el surgimeinto de discursos antisistémicos, y la posiblidad de que aparezcan candidatos populistas que hagan hincapié en su falta de vinculación con cualquier partido político. En este cuadro, el que Michelle Bachelet sea su carta presidencial más fuerte no es una buena señal.
5) La educación pública
Lo que comenzó como una gran lucha sobre puntos específicos (tasas de interés o fiscalización del tema del lucro) se convirtió en una batalla ideológica en que todos metieron la cuchara, desde el señor Gajardo hasta The Guardian. Pero luego de tanto análisis y gas lacrimógeno, ¿dónde quedó la educación pública? Con menos recursos, menos estudiantes, alumnos reprobados, y una feroz campaña publicitaria por parte de las universidades privadas que ven una oportunidad de aterrorizar a padres que están a punto de endeudarse por 20 años a tasas aún demasiado altas. El debate sobre la educación -y la educación superior en particular– se centró en cualquier cosa (permisos para manifestarse, sistemas de financiamiento, gobierno corporativo) pero menos en qué tipo de educación queremos para nuestros jóvenes.
