Secciones
Mundo

Día Internacional del Shiraz: la cuarta cepa tinta más plantada en Chile

Se trata de un vino de origen francés que marida mejor con preparaciones contundentes, y el cual cada vez gana más fanáticos en el país.

Con una gran estructura y complejidad aromática, el Shiraz, tradicionalmente producido en el Valle del Ródano, en Francia, hace ya alrededor de 40 años se cultiva en Chile, convirtiéndose en la cuarta cepa tinta más plantada en el país.

Se trata de un vino que se cultiva en la cálida zona del Valle Central, pero también en valles costeros más fríos, adaptándose muy bien y dando como resultado una excelente calidad. 

 “Es una cepa tinta que entrega vinos de color rojo púrpura intenso y profundo, con gran estructura y cuerpo. Muy complejo aromáticamente, tiende a mostrar frutos del bosque negros como mora y arándano, ciruela negra, notas especiadas como pimienta, notas cárnicas, humo, tabaco”,  destacó el sommelier de Casillero del Diablo, Massimo Leonori.

En cuanto a los alimentos que mejor maridan con este vino, se encuentran principalmente las preparaciones contundentes, de sabor intenso y condimentadas con especias. 

 “Las carnes desde vacuno a cordero, ciervo, cerdo, jabalí, preparadas a la parrilla o cocinadas lentamente en olla con la adición de especias. También quesos azules u otros quesos de larga maduración como Parmigiano Reggiano, Pecorino Romano, Manchego Curado”,  detalló el sommelier.

En el caso del la temperatura de servicio del Shiraz, este debe ser entre los 16 y 18°C. Y si quieren aventurarse a probar esta cepa, Massimo Leonari recomienda inclinarse por un Casillero del Diablo Shiraz, un vino que se elabora a partir de uvas provenientes de diferentes viñedos ubicados en el Valle Central de Chile, principalmente en las zonas de Maule y Rapel.

 

 

 

 

 

Notas relacionadas












ONU: cuando el sesgo se convierte en el sistema

ONU: cuando el sesgo se convierte en el sistema

Si una democracia es examinada, con mayor razón deben serlo las dictaduras. De lo contrario, los derechos humanos dejan de ser universales y pasan a depender de mayorías políticas. Por eso, cuando el sesgo deja de ser una excepción para convertirse en parte de la arquitectura de una organización, el problema ya no es solamente la imparcialidad respecto de una resolución determinada, sino la credibilidad de toda la institución: la ONU.

Foto del Columnista Peleg Lewi Peleg Lewi