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¿De quién es la culpa? La importancia de saber hablar

Hoy – más que nunca – saber hablar cobra relevancia en un contexto que ha estado lleno de confusiones, contradicciones y pandemias, que tienen al espectador cansado, agotado y arrebatado de desinformación.

Saber hablar no es una cuestión tan sencilla como creen algunos. Pronunciar palabras para expresar ideas tiene más ciencia que la misma matemática. Saber hablar no es ocupar un léxico rebuscado o “verborrear” sin sentido. Saber hablar, más bien, tiene que ver con saber identificar lo que queremos decir, con el fin de no incurrir en interpretaciones, redundancias o contradicciones que puedan confundir a quien nos escucha. Saber hablar, en sencillo, es saber definir el mensaje clave.

Hoy – más que nunca – saber hablar cobra relevancia en un contexto que ha estado lleno de confusiones, contradicciones y pandemias, que tienen al espectador cansado, agotado y arrebatado de desinformación. Saber decir “lo que queremos decir”, es el arte de algunos pocos.

De muestra, un botón. Recientemente, la vicepresidenta ejecutiva de Fedetur, Helen Kouyoumdjian, estuvo 9 minutos al aire en una entrevista, intentando decir algo que no supe identificar bien qué. Su mensaje fue tan redundante y contradictorio que me parece de total gravedad cuando se trata de quien representa a una industria que ha sido tremendamente golpeada en el mundo y que, en nuestro país, representa alrededor del 3,1% del PIB.

Detengámonos en algunas frases. La periodista preguntó qué es lo que pasará con los viajes internacionales, a lo que la vicepresidenta ejecutiva afirmó que “son solo 900 – 950 turistas extranjeros diarios los que entran a nuestro país por el aeropuerto de Santiago” y luego aseveró que es un número muy menor y que, cuando llegan, “vienen con una serie de requisitos como PCR negativo antes de embarcar, un seguimiento de 14 días y un seguro médico”. En lo personal, conozco casos en donde ni la temperatura se ha tomado al llegar, entonces, la primera pregunta es ¿de quién es la responsabilidad de trazar a quienes entran a nuestro país?

Luego, justificó como un error el cierre del aeropuerto, indicando que: “también es importante decir que esto del virus importado, la gente infectada, tiene mucho que ver con los chilenos que han salido afuera, a países en los que no exigen grandes requisitos de PCR y han vuelto infectados. Con la posibilidad de tomarse el PCR acá a la llegada, la persona llega, se va a su casa y se toma el PCR un par de días después y ya con eso infectó a varias personas”. Me confundo, ¿no era que, a la llegada a nuestro país, existían controles de ingreso?

Y culminó: “hoy el turismo receptivo va a ser muy gradual en esas condiciones. Si le sumamos lo que está pasando con Gran Bretaña, donde ya Chile ha cerrado las fronteras para la llegada de aviones o vuelos que vengan de allá, eso sería muy complicado para el turismo porque, aunque sea un número muy menor, le genera algo de flujo a las empresas turísticas. Además, es importante, yo siempre lo repito, en estos 9 meses de pausa que hemos tenido, lo único que hemos hecho ha sido preparar y estar preparados para dar una experiencia segura. Yo insisto en que no es en el turismo donde se lleva el virus, es en otras instancias, lamentablemente en nuestras propias reuniones privadas, familiares en donde a veces somos un poco más irresponsables, no es en la actividad turística”.

¿Esto es en serio?, le estamos traspasando la responsabilidad al chileno que retorna al país versus al extranjero que viene por negocios o placer, cuando en verdad debería existir un protocolo único de ingreso sin importar la nacionalidad. Estamos invitando al turista extranjero que venga y disfrute de nuestra geografía y hospitalidad, mientras gran parte del país se encuentra en fase 2, sin poder ir a visitar a sus familiares para las fiestas de fin de año.

Quiero pensar que la vicepresidente se confundió y no supo usar las palabras adecuadas, quiero creer que no cuenta con un asesor comunicacional que la guíe en la construcción de los mensajes.

Cuando el mensaje no es claro, cuando no está definido, la mayoría de las veces se culpa a los periodistas de malinterpretar al vocero. Sin embargo, desde la otra vereda, considero que es responsabilidad de cada marca, empresa o institución entrenar a sus voceros para decir lo que deben decir, ya que ellos son quienes finalmente – a través de sus palabras – los que construyen la reputación de la entidad a la que representan o son parte.

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