Salud mental infantil: no hablamos de un problema “menor”

Cuando pensamos en el país del futuro no sólo debemos poner acento en cómo los adultos enfrentamos la pandemia y cómo salimos de ella saludablemente para reactivar al país. Es necesario poner atención, también, en quienes están en proceso de formación y con menos herramientas para enfrentar el distanciamiento de los seres queridos.

Por Jorge Fuentes Psicólogo › Actualizado: 11:31 hrs
Según la Sociedad de Psiquiatría y Neurología de la Infancia y Adolescencia, tres de cada cuatro menores, entre 4 y 10 años, han manifestado dificultad en la regulación emocional, entre otros problemas. AGENCIA UNO/ARCHIVO
Según la Sociedad de Psiquiatría y Neurología de la Infancia y Adolescencia, tres de cada cuatro menores, entre 4 y 10 años, han manifestado dificultad en la regulación emocional, entre otros problemas. AGENCIA UNO/ARCHIVO
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Hace unos días, en el marco del  II Congreso Digital, la Asociación Española de Pediatría alertó sobre una “avalancha” para la salud mental de los menores de edad, quienes han incrementado en un 50% las urgencias pediátricas por problemas psiquiátricos, multiplicándose al doble los casos de trastornos alimenticios y, de acuerdo a dichos expertos, se pronostica un repunte de las conductas suicidas en adolescentes.

Lamentablemente, la realidad de nuestro país no difiere tanto, pues la Sociedad Chilena de Pediatría reveló el aumento en los mismos cuadros en nuestra población. A ello, se le suma el estudio realizado por la Sociedad de Psiquiatría y Neurología de la Infancia y Adolescencia, que señaló que tres de cada cuatro menores, entre 4 y 10 años, han manifestado irritabilidad, cambios alimenticios, déficit atencional, problemas en el rendimiento académico y dificultad en la regulación emocional. Así también uno de cuatro niños señaló estar constantemente triste.

Es paradójico, mientras que a través de las encuestas miles de personas señalan estar padeciendo trastornos de salud mental, las atenciones presenciales en esta área han presentado una baja por el miedo al contagio, la falta de horas médicas o accesos. El resultado es sólo una olla a presión de la cual debemos hacernos cargo, más si estamos hablando de niños y adolescentes.

Cuando pensamos en el país del futuro no sólo debemos poner acento en cómo los adultos enfrentamos la pandemia y cómo salimos de ella saludablemente para reactivar al país de manera rápida. Es necesario poner atención, también, en quienes están en proceso de formación y con menos herramientas para enfrentar el distanciamiento de los seres queridos. Si bien los niños tienen una mayor capacidad de adaptación, tienen menos facilidad (especialmente cuando son más pequeños) de entender la necesidad de mantener distancia de otros niños y de no poder compartir como lo hacían antes.

Pensar en una sociedad saludable para el futuro, requiere invertir en quienes serán sus protagonistas. Convertir la sociedad adultocentrista en una capacitada para mirar hacia abajo y ver los problemas que tienen los más pequeños, sin minimizarlos, abriendo las distintas alternativas para abordarlos, tanto de la medicina convencional como complementaria, como lo son las terapias florales, una herramienta efectiva, segura y reconocida por la Organización Mundial de la Salud (OMS). La salud mental de niños y adolescentes no es un problema menor y debemos hacer cargo de ello a tiempo.