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“No nos falta calle, nos falta bosque”

Estudios recientes demuestran que crecer cerca de espacios verdes mejora el desarrollo cerebral de los niños y, por el contrario, que alumnos de colegios en áreas más contaminadas desarrollan menos la memoria. Incluso se ha determinado que la presencia de árboles cerca de casa disminuye las probabilidades de padecer depresión.

“No nos falta calle, nos falta bosque” – una frase elocuente y verdadera. Así lo expresó Richard Louv, autor de Los últimos niños en el bosque, asegurando que “nuestros hijos y los hijos de nuestros hijos son las generaciones más desconectadas de la naturaleza de la historia”, lo que nos ha llevado a padecer déficit de naturaleza.

Y es que la desconexión con la madre tierra ha afectado directamente nuestra salud física, mental y espiritual. No es suficiente hacer deporte, dormir o alimentarse bien, necesitamos relacionarnos con el mundo natural.

Esta no es una idea nueva. Según la filosofía védica nuestra existencia consta de siete capas, que van de la más burda a la más sutil: el cuerpo, la respiración, la mente, el intelecto, la memoria, el ego y el Ser. Para vivir sanamente estas capas deben estar equilibradas y en armonía.

Para los vedas el medio ambiente es una extensión del cuerpo físico y, por ende, todo impacto en nuestro entorno tiene un efecto en nosotros, pudiendo perjudicar nuestra capacidad pulmonar, influyendo en el nivel de estrés y ansiedad, incluso en la capacidad de raciocinio y discernimiento, poder de decisión, agudeza del intelecto y, por lo tanto, a nuestra salud mental, entre otras cosas.

Más allá de la filosofía, estudios recientes demuestran que crecer cerca de espacios verdes mejora el desarrollo cerebral de los niños y, por el contrario, que alumnos de colegios en áreas más contaminadas desarrollan menos la memoria. Incluso se ha determinado que la presencia de árboles cerca de casa disminuye las probabilidades de padecer depresión.

Es necesario que estemos en contacto con la naturaleza porque somos parte de ella. Lamentablemente, en nuestro país el acceso social a la naturaleza es otro medidor de desigualdad: mientras Las Condes y Providencia cuentan con un 70% de superficie con vegetación, en Lo Espejo y Renca el porcentaje es menor al 30%. Cabe notar que Renca y Lo Espejo, que tienen condiciones sociales deficientes, son comunas que presentan las más altas tasas de suicidio en la Región Metropolitana.

Si es tan evidente la importancia del contacto permanente con la naturaleza, ¿por qué no hacemos más para protegerla? ¿Por qué no tomamos medidas que incentiven y faciliten el acceso de la personas al entorno natural?

¿Cómo podremos combatir el cambio climático si la población no puede generar un contacto significativo con la naturaleza?Estos son temas que no pueden ni deben esperar. Nuestro planeta no puede esperar.

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