Réquiem para un partido

Ahora la DC es un insignificante grupo político, al igual que el PS y los Radicales, todos subyugados al seudo-comunista Frente Amplio y su sostenedor, el PC. La historia ubicará a la DC como una de las principales culpables de la crisis política y económica de Chile y a su actual cúpula como la más grotesca en la historia de la DC mundial.

Por Tomas Szasz
Hoy es el único partido demócrata cristiano sometido al marxismo. AGENCIA UNO/ARCHIVO
Hoy es el único partido demócrata cristiano sometido al marxismo. AGENCIA UNO/ARCHIVO
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No es mi propósito analizar la historia del Partido Demócrata Cristiano (DC) chileno, solo agorar su réquiem y enumerar sus grande errores que llevan a su fallecimiento próximo, porque está tan enfermo, que no es imaginable su supervivencia.

Después de la presidencia de Aylwin, indudablemente el mejor mandatario de la historia chilena, comenzó el debacle; lento, casi imperceptible, pero – como el cáncer – imparable. La democracia cristiana nació en el siglo XVIII en Alemania y se dispersó en casi todo el mundo occidental ubicándose políticamente en el centro, buscando equilibrio entre oposiciones. La DC chilena, nacida en los ’50 se posicionó en la misma ubicación, llamándose a sí mismo además reformista.

Fue derrotado después de seis años en el Gobierno por la izquierda; después el factor principal en permitir – si no pedir – el golpe militar contra el socialismo de dominación comunista. Al darse cuenta de que la dictadura se prolongaría, se transformó en oposición pacífica, organizador principal del NO y, al volver la democracia, en actor fundamental en la transición, en la Concertación.

Perdió el rumbo durante la presidencia de Lagos y para recuperarlo no se le ocurrió nada mejor que, durante la de Bachelet, dejar entrar a la coalición al Partido Comunista (PC), transformándose en la contradicción más grande de Chile: demócratas asociándose con tiranía, cristianos con ateos persecutores de toda religión. Su papel se transformó en nimiedad, su paso en confusión, su centralismo en sumisión a la izquierda, su ideología en corrupción.

Hoy es el único partido demócrata cristiano sometido al marxismo. Mientras una DC Angela Merkel transformó la destruida Alemania en el líder de la Unión Europea, paraíso de la democracia y bienestar, en Chile una ¿DC? Yasna Provoste, más a la zurda que los socialistas, se arrimó a la extrema izquierda y causó la fuga de la flor y nata del partido, reduciéndolo al último lugar en la Nueva Mayoría.

Ahora la DC es un insignificante grupo político, al igual que el PS y los Radicales, todos subyugados al seudo-comunista Frente Amplio y su sostenedor, el PC. La historia ubicará a la DC como una de las principales culpables de la crisis política y económica de Chile y a su actual cúpula como la más grotesca en la historia de la DC mundial.

Una de sus últimas – sino la última – convulsiones se hizo pública el 12 de Octubre de 2021, menos de una semana antes del seguramente belicoso segundo aniversario del “estallido social” del que es una de los principales culpables. El terror al éxito de Sebastián Sichel, – que emigró de sus filas como todas y todos de valía, – mezclado con una odiosa sed de venganza hizo a lo que queda de la otrora gloriosa DC buscar en el basurero del candidato centralista y, como no encontró basura, a fabricarla. Elaboró una acusación falsa y mientras Provoste acusaba en forma grosera a gritos desesperados de lobista a Sichel – siendo su propio jefe de campaña uno de los lobistas más profesionales del país – tenía el dedo puesto en el disparador del más disparatado (valga la redundancia) show mediático del año: acusar a su oponente de aceptar sobornos de empresas a las que su propio partido fue a mendigar de rodillas aportes para financiar su campaña; grotesco.

Dejo al lector decidir el grado de bajeza de un acto que, paradójicamente, se transformará en un tiro por la culata: ayudará a Sichel a retomar la delantera en una elección en la que se decidirá si queremos democracia o, como dice el himno: el exilio de la opresión. Cualquiera sea el resultado, la DC chilena huele a cadáver.