Secciones El Dínamo

cerrar
Cerrar publicidad
Cerrar publicidad
18 de Marzo de 2024

Sinergia Intergeneracional

La democracia, más allá de un cumplimiento procedimental o meramente funcional requiere del intercambio intergeneracional de conocimientos y perspectivas.

Por Enrique Morales Mery
AGENCIA UNO/ARCHIVO.
Compartir
Enrique Morales Mery

Enrique Morales Mery es Cientista político.

El núcleo de una democracia sólida y en constante autoconocimiento se basa en una dinámica relacional vital: la sinergia entre generaciones. El mundo de hoy presenta nuevos desafíos y por ello se debe asumir que las diferencias no integradas o valoradas entre jóvenes y mayores generan divisiones. Como respuesta el fomentar la conexión y solidaridad entre diferentes edades garantiza la viabilidad y la unidad armoniosa de nuestra vida democrática. La sinergia generacional implica cooperación social activa, reconociendo y valorando los aportes únicos que cada grupo o persona ofrece a la sociedad. Es un entramado que articula el bien común desde una concepción de justicia contributiva como la concibe Michael Sandel, concepción que prioriza las capacidades y contribuciones de cada uno como factores claves para construir un sentido de comunidad, equidad y solidaridad; esta sinergia se manifiesta en una vida cívica donde prima la deliberación pública y la construcción colectiva de un futuro más inclusivo.

Una muestra de lo contrario se deja ver en el documental La Teoría Sueca del Amor de Erik Gandini; el director logra capturar la desintegración social, la profunda soledad y la desaparición de valores comunitarios que provoca la instauración constitucional de la independencia personal en Suecia. Las generaciones y sus diversidades rehúyen las responsabilidades mutuas que implicaría una convivencia más intensa y comprometida. El resultado es un hondo desconocimiento que alimenta la desidia respecto a la otredad, evadiendo problemas, cuestionamientos colectivos y desafíos emocionales.

La democracia, más allá de un cumplimiento procedimental o meramente funcional requiere del intercambio intergeneracional de conocimientos y perspectivas. Desde ahí brota la sustantividad de la copresencia, del sentido de pertenencia y valoración de una vida en y por la comunidad. Los jóvenes, por ejemplo, aportan perspectivas innovadoras y los mayores aportan experiencia y estabilidad. La interacción dinámica entre ellos enriquece el proceso democrático y la consiguiente toma de decisiones. Siguiendo experiencias concretas tenemos el Día de la Vida (Kurashi no Hi) en Japón donde jóvenes y personas mayores, en un entorno comunitario, comparten conocimientos tradicionales e innovadores unificando los propósitos. En Noruega existen Consejos Juveniles, a nivel de condado, donde los jóvenes influyen en las políticas locales y las personas mayores actúan como facilitadores y mentores. Esta bidimensionalidad colaborativa permite integrar saberes y edades al proceso político mitigando la exclusión o el resentimiento que toda marginación produce; la escucha activa y la corresponsabilidad permiten afianzar las contribuciones diversas.

Una experiencia más compleja y amplia es la que lleva a cabo la Comisión Intergeneracional de Vancouver. En ella se activa la vida cívica y comunitaria abordándose, desde la perspectiva intergeneracional, problemáticas de vivienda, empleo, transporte, salud, recreación entre muchas otras áreas. Se incentiva el entendimiento mutuo y la colaboración desde una óptica experiencial y en conjunto con los gobiernos locales se desarrollan políticas y programas que recogen las necesidades territoriales y generacionales.

Como vemos la sinergia generacional nos encamina hacia la cohesión social y la solidaridad, hacia metas comunes. Se redefine la dinámica del tejido social y se construyen lazos que trascienden las iniciales brechas generacionales. La sinergia intergeneracional, además, desde un punto de vista ético, posibilita el superar los estereotipos y prejuicios arraigados que se derivan del edadismo (ageism) o el menosprecio a la juventud.

En nuestro país se ha pasado por alto la importancia y aporte de las experiencias intergeneracionales; construir espacios operativos y colaborativos es primordial en escuelas, lugares de trabajo y comunidades locales. Se cumple el doble objetivo de conocer las necesidades próximas y al mismo tiempo se fortalece la formación ciudadana. La integración comunitaria se beneficiaría a su vez con un voluntariado y servicio comunitario intergeneracional.

En última instancia, la sinergia generacional no solo fortalece la democracia, sino que también la hace más resistente y adaptable al articular un futuro común e integrado entre generaciones. Al aprovechar este potencial inclusivo de elucidación reciproca, la transferencia generacional de valores democráticos y de justicia social (de distribución o contribución) se hace más efectiva. El espíritu de colaboración y solidaridad pavimenta cambios y adaptaciones sin rupturas; lo venidero se torna menos incierto al hacer eco de modelos societales más inclusivos, justos y sostenibles. En resumen, la sinergia generacional, tan despreciada hoy, es esencial para una democracia consciente y en movimiento. Al reconocer y valorar las contribuciones de todas las edades, estaremos construyendo un presente y futuro donde la diversidad integrada de experiencias y perspectivas se proyecte y consolide. La conciencia de toda una vida, de todo un recorrido que más temprano que tarde todos transitaremos, será el comienzo continuo de una vida cívica y democrática a escala de cada uno, de todos y de nuestras comunidades.

Léenos en Google News

Notas relacionadas

Deja tu comentario

Lo más reciente

Más noticias de Opinión