Chile enfrenta un desafío que no admite más postergaciones. Necesitamos aumentar la productividad, fortalecer el empleo y apoyar a las pequeñas y medianas empresas, que constituyen la inmensa mayoría de nuestro tejido productivo. Sin embargo, muchas de ellas continúan teniendo dificultades para acceder a una de las herramientas más efectivas para crecer y generar oportunidades: la capacitación de sus trabajadores.
Esta realidad afecta especialmente a las pymes lideradas por mujeres. En Chile, miles de emprendedoras han construido empresas que generan empleo, dinamizan economías locales y sostienen a sus familias. Sin embargo, a pesar de su aporte económico y social, siguen enfrentando barreras para acceder a instrumentos de desarrollo productivo que para las grandes empresas resultan mucho más accesibles.
La capacitación laboral es una de ellas.
En un escenario marcado por la transformación tecnológica, la automatización y los cambios permanentes en las competencias requeridas por el mercado laboral, capacitar dejó de ser un beneficio complementario para transformarse en una necesidad estratégica. Las empresas que capacitan mejoran su productividad, reducen errores, fortalecen la seguridad laboral y aumentan su capacidad de adaptación frente a los cambios.
No obstante, las pequeñas empresas suelen enfrentar limitaciones de liquidez, tiempo y gestión que dificultan el acceso efectivo a estos beneficios. Mientras una gran empresa puede planificar procesos formativos de largo plazo, muchas pymes deben priorizar la operación diaria y postergar inversiones que son fundamentales para su desarrollo futuro.
Por ello, creemos que es momento de avanzar hacia una solución concreta y de alto impacto: la creación de un Fondo ProPyme para capacitación, financiado con una fracción de los recursos que hoy las empresas destinan a los Organismos Técnicos Intermedios de Capacitación (OTIC).
Actualmente, las empresas pueden destinar parte de sus recursos de capacitación a estos organismos, contribuyendo al fortalecimiento del sistema. Nuestra propuesta es que un porcentaje acotado de dichos aportes —por ejemplo, un 10%— se destine a un fondo especialmente orientado a financiar capacitación para micro, pequeñas y medianas empresas.
Se trata de una medida que no implica nuevos impuestos, no aumenta el gasto fiscal y no requiere crear una nueva institucionalidad. Por el contrario, aprovecha recursos ya existentes para ampliar las oportunidades de acceso a capacitación de miles de trabajadores y empresas que hoy quedan fuera de estos beneficios.
El impacto potencial es significativo. Un Fondo ProPyme permitiría financiar procesos de formación en competencias digitales, tecnologías emergentes, productividad, seguridad laboral, liderazgo, gestión y oficios especializados, fortaleciendo la competitividad de empresas que representan una parte esencial de la economía nacional.
Pero además existe una dimensión social que no podemos ignorar. Cuando una pyme liderada por una mujer crece, no solo mejora sus resultados. También genera empleo, fortalece la autonomía económica femenina y contribuye al desarrollo de su comunidad. Apoyar la capacitación de estas empresas es una forma concreta de impulsar el crecimiento con inclusión.
Durante los últimos años hemos debatido extensamente sobre productividad, empleo y reactivación económica. Sin embargo, muchas veces las soluciones más efectivas ya están a nuestro alcance. La capacitación es una de ellas.
Chile no necesita menos capacitación. Necesita que sus beneficios lleguen a más personas y a más empresas. Un Fondo ProPyme permitiría avanzar precisamente en esa dirección: fortalecer a quienes generan empleo, impulsar el crecimiento desde los territorios y construir una economía más competitiva, inclusiva y preparada para los desafíos del futuro.