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Bachelet, la adversaria que Kast necesitaba

Bachelet ya definió a su adversario, el presidente Kast, y su propósito: defender los derechos sociales alcanzados. Ahora es el turno de La Moneda de mover sus piezas y decidir si utilizará ese liderazgo para recuperar contraste o permitirá que Bachelet defina los términos de una disputa que podría devolver a la oposición al poder.

AGENCIA UNO

La última Agenda Criteria ubica la aprobación del presidente Kast en 27%, su nivel más bajo. Pero el dato más complejo para La Moneda está en otra pregunta: 82% considera que el Gobierno ha estado por debajo de sus expectativas. Entre quienes votaron por el presidente en primera vuelta, esa cifra llega a 57%. El desgaste ya penetró su propia base.

Las causas visibles son conocidas: desempleo de 9,6%, un Imacec de -1% en agosto, alza de combustibles y una agenda de seguridad que sigue entregando malas noticias. Cuando los resultados tardan, un gobierno necesita contraste. Y eso es justamente lo que le falta.

El relato inicial del presidente se construyó en oposición al gobierno de Boric. Funcionó mientras la herencia era reciente y los problemas podían atribuirse al gobierno anterior. Con el paso de los meses, la contingencia empieza a tener dueño propio y ese recurso pierde eficacia. A la vez, una oposición desarticulada dejó al Gobierno sin una contraparte reconocible.

Eso tiene un costo. Sin adversario, el Gobierno es evaluado contra sus promesas. Con adversario, la evaluación incorpora una alternativa. Cada mala cifra pasa a compararse con lo que ofrece el otro.

El regreso de Michelle Bachelet modifica ese escenario. Tras bajar su candidatura a Naciones Unidas, que no contó con el respaldo del Gobierno, dirigentes desde la DC hasta el PC se reunieron en un acto en torno a su figura. Días después, consultada por una eventual tercera candidatura, respondió: “yo creo que sí”. La oposición volvió a tener un rostro capaz de ordenar un espacio disperso.

La reacción de La Moneda mostró dos caminos. El biministro Claudio Alvarado señaló que una eventual candidatura no constituye una “preocupación central”. El presidente, en cambio, la calificó como legítima y llamó a evaluar las políticas de sus gobiernos. La segunda entiende algo que la primera no: ignorarla deja al Gobierno compitiendo consigo mismo.

La paradoja es que ambos liderazgos pueden beneficiarse de esta confrontación. El presidente necesita un adversario para recuperar contraste, mientras Bachelet puede utilizar esa misma disputa para articular una oposición cuyas diferencias internas siguen sin resolverse.

Pero los riesgos son asimétricos. Bachelet puede criticar sin asumir responsabilidades de gestión, mientras el Presidente debe responder por los resultados de su administración. Por eso, elevarla como adversaria solo tendrá sentido si logra trasladar la disputa hacia el presente, obligándola a tomar posición sobre seguridad, empleo, crecimiento y gasto público. De lo contrario, puede terminar fortaleciendo a quien pretende confrontar.

Bachelet ya definió a su adversario, el presidente Kast, y su propósito: defender los derechos sociales alcanzados. Ahora es el turno de La Moneda de mover sus piezas y decidir si utilizará ese liderazgo para recuperar contraste o permitirá que Bachelet defina los términos de una disputa que podría devolver a la oposición al poder.

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Bachelet ya definió a su adversario, el presidente Kast, y su propósito: defender los derechos sociales alcanzados. Ahora es el turno de La Moneda de mover sus piezas y decidir si utilizará ese liderazgo para recuperar contraste o permitirá que Bachelet defina los términos de una disputa que podría devolver a la oposición al poder.

Foto del Columnista Damián Trivelli Damián Trivelli