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Brasil está a solo dos días de tener —o no— un nuevo presidente. La elección entre el actual mandatario Luiz Inácio Lula da Silva y el senador Flávio Bolsonaro se perfila como una de las más reñidas de los últimos ciclos: Datafolha, uno de las principales institutos de encuestas del país, otorga a ambos candidatos un 50% de los votos.

Ante tan estrecha diferencia, los candidatos han ajustado sus estrategias para ganar terreno en varios segmentos. Si bien los 33 millones de brasileños que se abstuvieron de votar en primera vuelta son el mayor botín electoral, la disputa también ha estado cruzada por la religión y en particular, por obtener el respaldo del electorado evangélico.

Aunque más de la mitad de los brasileños se identifica como católico, esta cifra comenzó a perder fuerza en las últimas tres décadas. Entre el 2000 y el 2010, el número de quienes se identificaban como evangélicos creció de 26 a 46 millones. Hoy representan el 27% del país.

“Las comunidades de fe evangélicas se consolidaron en ese sentido, junto con la urbanización, junto con el crecimiento de la población brasileña más empobrecida que necesitaba de las iglesias en términos de pertenencia, de un lugar de apoyo. Y las iglesias evangélicas siempre consiguieron desarrollar esto muy bien. Este crecimiento aumentó, se amplió y se intensificó en los años 2000, con una presencia muy fuerte en los medios. Luego, se amplificó con la cultura digital y la cultura góspel”, cuenta a EL DÍNAMO Magali Cunha, investigadora de ISER, uno de los centros más especializados en el cruce de la religión y política en Brasil.

A nivel parlamentario, este grupo también ha ganado terreno. Tres de los cinco representantes más votados del país adscriben a esta corriente del cristianismo y además, la próxima legislatura pasará de tener 81 a 97 parlamentarios evangélicos, según un análisis de ISER. Los católicos, no obstante, los superan: crecieron de 237 a 270.

Si bien no se trata de un segmento homogéneo, estudios han dado cuenta de que la mayoría de ellos se inclina por Flávio Bolsonaro. Una encuesta realizada por Quaest y el Instituto de Estudios de la Religión (ISER) de Brasil, situó la intención de voto evangélico con un 46% en favor de Bolsonaro, frente a un 27% para Lula. También, un cruce de datos realizado por France 24, de las últimas elecciones y el censo de la población, detectó que en aquellas localidades donde los evangélicos superan el 40%, Bolsonaro alcanza casi el 60% de adhesión, mientras que Lula obtiene mayor respaldo en zonas tradicionalmente católicas.

Qué explica la inclinación de los evangélicos a Bolsonaro

“El factor evangélico ha sido determinante en las últimas elecciones. En la jerarquía de la iglesia neopentecostal, hay un vínculo muy estrecho con el bolsonarismo”, resume a EL DÍNAMO Gerardo Szalkowiczs, corresponsal argentino en Brasil.

Para Magali Cunha ese vínculo con el candidato de la derecha “tiene relación con la alianza que Jair Bolsonaro construyó con líderes evangélicos desde 2016”. “Es una alianza que se tradujo en resultados: la elección de Jair Bolsonaro en 2018, los cargos que fueron ofrecidos a figuras del mundo religioso evangélico durante el gobierno de Bolsonaro, los beneficios que fueron negociados en términos de reducción de impuestos y privilegios, como la obtención de apoyo para proyectos por parte del gobierno, apoyo a proyectos específicos como las comunidades terapéuticas, proyectos de educación y proyectos muy diversos en el área social”, explica.

“Los grupos evangélicos en Brasil tienen una tendencia más conservadora de vivir la fe y de hacer una lectura del mundo. Entonces, lo que Jair Bolsonaro, su familia y sus partidarios hicieron fue recurrir a ese conservadurismo histórico para construir una campaña y una red de apoyos basada en él, basada en la histórica demonización de las izquierdas. Y lo hacen muy bien, principalmente a través de las redes sociales y de un sentido de campaña permanente: no solamente durante el período electoral, sino como una campaña durante todo el tiempo, para mantener viva esa base”, añade.

Szalkowiczs también relata que durante la campaña “se escucharon muchos testimonios de gente que no necesariamente estaba en contra de Lula, pero que su pastor le decía que votara por Bolsonaro”. Sin embargo, las sugerencias que puedan hacer los pastores no necesariamente influyen en el voto, según han constatado estudios de ISER. Más del 80% de los fieles rechaza que los pastores indiquen el voto. Un informe de la Universidad Federal de Río de Janeiro, que contiene análisis de más de 7.500 oficios y misas, constató que solo en el 3% de ellas hay propaganda electoral. Aunque, el mismo estudio advierte que este panorama puede ser más frecuente en las Asambleas de Dios, la iglesia pentecostal más grande en el país.

Candidatos ante un bloque no homogéneo

En el Partido de los Trabajadores, la colectividad de Lula, también dirigieron sus esfuerzos a este electorado. Uno de sus folletos muestra a un camino con el cielo luminoso y carteles en apoyo a Lula. La segunda vía, con un cartel contra Bolsonaro, es un paisaje adverso. El folleto reza “¿Por qué votamos por Lula?” y un pasaje bíblico responde con Proverbios 29:2, “cuando los justos dominan, el pueblo se alegra; mas cuando domina el impío, el pueblo gime”.

También llama a que el voto no se decida “por imposición de otros, ya sea un pastor, un líder o un conocido”. Sobre la campaña, el corresponsal en Brasil acota: “Lula envió una carta a la población evangélica, diciéndoles que tengan discernimiento a la hora de votar y ya lo había hecho en ocasiones anteriores”. En esta misiva, el candidato el PT habla de su propuesta para reducir la jornada laboral de 6×1 y destaca que “para los cristianos evangélicos, esto también garantiza más tiempo para estar en la iglesia”.

Bolsonaro, el candidato del PL, se ha desplegado en mayor medida en servicios religiosos y ha aumentado sus referencias a Dios en su discurso. Los guiños al electorado evangélico también se han extendido a sus propuestas de campaña. En caso de ser electo, impulsaría un Ministerio de la Prosperidad, enfocado en facilitar el estudio y el emprendimiento, y en clara referencia a la teología de la prosperidad, que promueven algunas iglesias evangélicas. Esta corriente teológica postula que la voluntad de Dios es que los fieles gocen de buena salud física y financiera.

Sin embargo, conquistar al electorado no será sencillo, principalmente por su diversidad. “Hay una parte de la población que vota y que tiene una identidad religiosa evangélica. Pero lo que solemos señalar a partir de nuestras investigaciones es que esta identidad religiosa es una entre las muchas que tiene ese electorado. Son mujeres, son hombres, son jóvenes, son personas mayores, son adultos de mediana edad, son trabajadores y trabajadoras, estudiantes, personas desempleadas, personas que viven en las periferias de las grandes ciudades, personas que viven en el interior de Brasil”, enumera Magali Cunha, de ISER.

“Claro que existe un apego religioso muy grande. Brasil es un país donde la religión es muy significativa en la vida, porque da sentido a la vida. Pero, al decidir su voto, este electorado tiene el elemento religioso como un elemento importante, pero no es el único. Las personas no son solamente evangélicas; son muchas otras cosas y, a la hora de decidir cualquier cosa en la vida —y el voto es una de esas cosas—, hacen un balance, una síntesis, una organización de esa decisión a partir de esas muchas identidades, de sus visiones de mundo, expectativas, sueños y deseos”, afirma la investigadora.


Ljubetic y las conspiraciones

Ljubetic y las conspiraciones

Ljubetic atribuye conspiraciones a los demás porque así ha entendido siempre la política, como una sucesión de operaciones contra adversarios. Lo hizo en 2019, cuando el instituto prefirió avivar el fuego antes que defender a un gobierno democráticamente elegido de quienes querían derribarlo. Lo hizo en 2022, cuando empujó a Micco hacia la puerta. Está en su derecho de pensar así. No lo está de suponer que todos piensan como él.

Foto del Columnista Juan José Santa Cruz Juan José Santa Cruz