Gonzalo Arenas asumió este miércoles como subsecretario de la Segegob y nuevo vocero del Gobierno del Presidente José Antonio Kast, en lo que ya es el tercer modelo de vocería que ensaya La Moneda en siete meses.
El exdiputado llega con atributos que, en el papel, lo favorecen: experiencia política, desplante para comunicar, cercanía con el mandatario y con el biministro del Interior y Segegob, Claudio Alvarado, y conexión con el Congreso.
El desafío, sin embargo, va más allá de su perfil. A juicio de las voces consultadas por EL DÍNAMO, el Gobierno arrastra problemas de diseño político —descoordinación entre ministros, un segundo piso con fuerte protagonismo y la decisión de no volver a un ministro vocero— que condicionan lo que cualquier vocero pueda lograr.
Comentan dos ex voceros, Francisco Vidal y Karla Rubilar, y a la ex jefa de comunicaciones del ex presidente Gabriel Boric, Tatiana Klima.
Experiencia, redes y línea directa
Arenas es abogado y doctor en Historia, fue diputado por La Araucanía entre 2006 y 2014, trabajó como asesor en el segundo gobierno de Sebastián Piñera y, hasta su nombramiento, era decano de Derecho de la Universidad San Sebastián. Ese recorrido es el primer activo que destacan los consultados. Para Rubilar, “es político, y creo que cada día está más claro lo relevante que es tener esa experiencia en este Gobierno”.
La ex vocera del segundo gobierno de Sebastián Piñera destaca también que “fue parlamentario, fue asesor del Ejecutivo; conoce, por lo tanto, dos poderes del Estado”, y que es “un hombre que tiene redes en diferentes partidos políticos”.
Desde una vereda distinta a la del Gobierno, Vidal coincide en que la experiencia parlamentaria “ya marca una diferencia”. A su juicio, Arenas conoce por dentro a los partidos y su expresión en el Congreso.
Vidal acota que Arenas llegó muy joven al gremialismo y que forma parte de “el corazón duro de esa UDI de los 90”, donde coincidió con Kast, Alvarado y la generación de Arturo Squella, presidente del Partido Republicano. Si bien Arenas renunció a la UDI en 2022, mantuvo esos lazos que hoy lo traen al corazón de La Moneda.
Rubilar, en tanto, destaca su cercanía con Alvarado, lo que será importante para coordinar de buena manera los desafíos del futuro, y que tiene línea directa con el Presidente, algo que no es menor considerando que los voceros anteriores no se relacionaban directamente con el mandatario.
El punto que más pesa en la evaluación de ambos ex voceros es su llegada al comité político. Para Vidal, lo más relevante del nuevo diseño es que el vocero ingrese a esa instancia: “El área chica de cualquier gobierno es el famoso comité político, porque ahí se corta el queque. Por lo mismo nunca entendí que Mara Sedini no estuviera en ese espacio”.
Rubilar agrega que “más allá de que no tenga el rango de ministro, tiene algo que es relevante: el vocero debe estar sentado donde se toman las decisiones”. Y no solo para que se le informe la decisión ya tomada, “sino que pueda estar ahí, influir e incluso manifestar su disconformidad con alguna de las políticas públicas que se diseñen en La Moneda”.
Según han confirmado desde Palacio, la idea es que Arenas tenga incidencia en las decisiones y apariciones públicas los lunes, miércoles y viernes. Esto, con el fin de que sea él quien marque el tono y los ritmos del relato de gobierno.
En lo comunicacional, Rubilar lo describe como “un hombre que tiene carácter, que se expresa bien, y que es bastante pedagógico porque hace clases”.
La ex vocera, además, valora además su debut, aunque fue en un contexto complejo, con la controversia por la pérdida de rentabilidad del Fondo E y la discusión por la rebaja de condenas. A su juicio, logró transmitir lo que el Gobierno quería transmitir y cambió el tono respecto de Alvarado, uno más medido. Arenas puso el acento en la gravedad que el Ejecutivo le asigna al tema y en cómo lo perciben las personas. Aún debe demostrar, agrega, si su vocería será “cercana y puente” o más confrontacional.
Klima, en cambio, evita pronunciarse sobre sus virtudes. Dice no querer hacer “un juicio anticipado del rol que va a tener el nuevo vocero” y prefiere “solo esperar a ver cuál va a ser su rendimiento en ese cargo”.
Un diseño que condiciona
Sin embargo, pese a los atributos de Arenas, los tres consultados coinciden en que el éxito del nuevo vocero no sólo depende de él, sino del diseño comunicacional y político que aún exhibe La Moneda.
Para Tatiana Klima, el problema parte antes de la elección del vocero. El Gobierno ha ensayado tres vocerías —con Sedini, con la dupla Alvarado-Pavez y ahora con Arenas— y, a su juicio, “lo que ha faltado es un diseño de una vocería que trascienda a la elección del vocero”.
Un modelo, explica quien estuvo a cargo de las comunicaciones en el pasado gobierno, “no solo incluye la elección de la persona sino incluye la estrategia que está detrás”.
Sobre lo que debería hacer el nuevo vocero, Klima es clara: debe tener control sobre las comunicaciones del Gobierno, pero no uno que impida hablar a los demás ministros, sino “un control sobre un discurso organizado que cada ministro pueda llevar a su terreno y de esa manera evitar contradicciones”. Eso exige, dice, “tener claro qué es lo que quiere comunicar” y contar con las habilidades blandas para que la gente entienda lo que hasta ahora no ha entendido.
La ex jefa de comunicaciones de Boric pone el foco en el origen del rediseño. En su opinión, el Gobierno no ha asumido que eliminar el rol del vocero fue un error, y por eso ha ido probando fórmulas que no le dan el rango de ministro.
En los hechos, sostiene, al integrar el comité político, Arenas será un ministro vocero sin el cargo oficial, además de hacerse cargo de “una pega administrativa ardua” en la Segegob. Distingue ese esquema del de un vocero presidencial o portavoz, una figura que, recuerda, no existe hoy, porque el vocero sigue inserto en un ministerio.
Vidal y Rubilar apuntan en la misma dirección. El exvocero de Ricardo Lagos y Bachelet atribuye la resistencia a volver al ministro vocero a que “no quieren torcer el brazo frente a una cosa evidente, que es que no funcionó”.
Rubilar suma al análisis que “el diseño político del gobierno tiene que ser también sólido para que estas buenas características del nuevo vocero puedan ser utilizadas de buena manera para conectar con la ciudadanía”. Y advierte que “tampoco se le puede enrostrar al vocero de gobierno la responsabilidad de conectar con la ciudadanía una medida que no conecta por su esencia”.
Klima ve otro flanco en la descoordinación entre ministros.
El Presidente Kast dio libertad a sus secretarios de Estado para opinar sobre distintos temas, y los casos de los ministros Iván Poduje y Fernando Barros son los más evidentes de la descoordinación que ha seguido.
La ex jefa de comunicaciones dice discrepar “completamente” de ese criterio: “Si los ministros quieren tener libertad de opinión, tienen que postularse, ganar elecciones, representar a alguien y dar sus opiniones en ese marco”. Los ministros, agrega, “son hoy día asesores directos del presidente de la República”, por lo que “lo que es impresentable es que los ministros se descoordinen”. Para ella, el asunto pasa por el Presidente más que por el vocero.