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Referentes del mundo digital educan a sus hijos lejos de computadores y celulares

Waldorf of Peninsula es el nombre del colegio en donde estudian los hijos de algunos de los máximos líderes de la industria, pero -pese a lo que se creería- aquí los artículos inteligentes no entran a las aulas, pues se trabaja a la antigua: con pizarra y tiza.

Nada de computadores, tablets, impresoras y ni pensar en celulares. Así se vive el día a día en el colegio privado Waldorf of Peninsula, en Palo Alto, en el corazón de Silicon Valley. Y, aunque parezca contradictorio, aquí estudian los hijos de los máximos referentes de la industria digital, entre ellos los pequeños de los directivos de Google y Apple.

De esta manera, mientras el resto del mundo se esfuerza por contar con aulas inteligentes e introducir la tecnología como herramienta pedagógica, aquí los niños recién en secundaria tienen contacto con un computador, pues antes sólo trabajan con pizarra y tiza, y ni siquiera con material impreso: todo es escrito a mano.

Para Pierre Laurent, padre de tres hijos, e ingeniero informático que trabajó en Microsoft, Intel y diversas startups, y quien ahora preside el colegio, el tema pasa por fomentar la creatividad y las emociones asociadas al proceso de aprendizaje.

“Si haces un círculo perfecto con un ordenador, pierdes al ser humano tratando de lograr esa perfección. Lo que detona el aprendizaje es la emoción, y son los humanos los que producen esa emoción, no las máquinas. La creatividad es algo esencialmente humano. Si le pones una pantalla a un niño pequeño limitas sus habilidades motoras, su tendencia a expandirse, su capacidad de concentración. No hay muchas certezas en todo esto. Tendremos las respuestas en 15 años, cuando estos niños sean adultos. ¿Pero queremos asumir el riesgo?”, señaló Laurent a El País.

Y es que al parecer esta idea se posicionó como una especie de consenso entre las élites de Silicon Valley. De hecho, Bill Gates, creador de Microsoft, también optó por limitar el tiempo que pasaban sus hijos frente a la pantalla. “No tenemos los teléfonos en la mesa cuando estamos comiendo y no les dimos móviles hasta que cumplieron los 14 años”, relató Gates en 2017.

Asimismo, una investigación publicada en enero de este año en la revista médica JAMA pediatrics reveló que un tiempo mayor ante la pantalla, entre los 2 y 3 años, está relacionado con retrasos de los niños en alcanzar hitos de desarrollo dos años después. Mientras que otros estudios asocian el uso excesivo de móviles en adolescentes con diferentes problemas, tales como la falta de sueño, el riesgo de depresión y hasta de suicidios.

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