Secciones
Innovación

El ingeniero criado en Chile que enseña a la IA a ejecutar “trabajo real” en Silicon Valley

A sus 24 años y tras graduarse de Stanford, Armando Borda desarrolla “gemelos digitales” para startups en San Francisco. Su misión es conectar el conocimiento corporativo disperso para que agentes autónomos asuman decisiones estratégicas complejas.

Que una inteligencia artificial pueda escribir un correo o resumir una reunión ya dejó de ser una novedad. La nueva apuesta de algunas startups de Silicon Valley va un paso más allá: construir una memoria institucional, un sistema que conozca el contexto de la empresa, recuerde cada interacción y pueda empezar a ejecutar parte del trabajo. Para lograrlo, primero hay que ordenar un conocimiento que hoy está disperso en sistemas que no se hablan entre sí.

Uno de los ingenieros que trabaja en esa frontera es Armando Borda, de 24 años, nacido en Argentina, criado en Chile y graduado de Stanford con un pregrado en Ingeniería Eléctrica y una maestría en Ciencias de la Computación con especialización en IA.

Borda fue uno de los primeros ingenieros de Aida, una startup de Palo Alto que desarrolla “gemelos digitales” para equipos comerciales. Hoy es ingeniero en Rowspace, una startup de San Francisco respaldada por Sequoia que lleva esa lógica a algunas de las firmas más importantes en la industria de los mercados privados.

“Mi día a día consiste en crear agentes de inteligencia artificial que hagan trabajo real dentro de las empresas”, explica.

Gemelos digitales para vendedores

Aida se integra a correos, reuniones, Slack y CRMs como Salesforce o HubSpot, y organiza esa información en un “Context Graph”: una memoria conectada de cada oportunidad comercial.

Allí Borda creó agentes que analizan cientos de llamadas, monitorean cada cuenta e investigan miles de correos por semana para generar reportes de inteligencia para el CEO, los gerentes y los vendedores, con los próximos pasos a seguir.

Así nace el “gemelo digital”, una representación de cada trabajador que entiende su historial y su forma de operar. Borda recuerda el caso de un gerente que retomó la relación con un cliente atendido por un ejecutivo que ya no estaba en la empresa. El sistema recuperó toda la negociación, cada objeción y por qué la venta no había avanzado. Sin esa memoria, el gerente reconoció que nunca hubiera podido retomar la conversación como si él mismo la hubiera tenido.

La memoria de las firmas de inversión

En Rowspace, el mismo desafío aparece a otra escala. Sus clientes son firmas de private equity, crédito y fondos que operan entre mercados públicos y privados. Su información está repartida en memos de inversión, estados de cuenta de fondos y reportes de cumplimiento. Los agentes de Rowspace leen todas esas fuentes, conectan los datos de cada compañía o fondo y corrigen errores para armar una vista unificada. Así, cada número se puede rastrear hasta su origen, y cada persona ve solo lo que le corresponde.

Borda diseña e implementa estos agentes para los equipos de cada firma. Sobre esta base, los equipos de inversión comparan el caso de inversión original de cada compañía con sus resultados reales, o detectan cuándo la carta trimestral de un fondo a sus inversionistas contradice sus propios números.

Los usuarios incluso están creando sus propias aplicaciones conversando con un agente, con la confianza de que trabajan sobre datos correctos. Es un cambio profundo para la industria de inversiones.

El futuro del trabajo con agentes

Entre ambas experiencias, Borda llegó a la misma conclusión: el cuello de botella de la IA empresarial no está en el modelo, sino en lo que lo rodea. Los modelos ya son capaces, pero la información que reciben suele estar fragmentada, y buena parte del conocimiento clave vive en la cabeza de los empleados, sin estar escrito. Por eso, tanto en Aida como en Rowspace, la clave fue ordenar esa memoria antes de pedirle a la IA que actúe.

Para Borda, “a medida que la tecnología avance, los agentes van a poder tomar misiones macro, con una visión más a largo plazo. Van a trabajar sobre objetivos más estratégicos: mejorar la satisfacción de los clientes, hacer crecer el negocio con un cliente durante meses. Ahí se abre una puerta nueva”.

Aun así, advierte que la autonomía todavía tiene límites. Enviar correos a clientes clave o tomar decisiones con impacto financiero sigue requiriendo supervisión humana. Y el contacto personal será cada vez más importante: la conversación difícil o la confianza que se construye en meses. Al final, el vendedor o el inversor podrá dedicar su tiempo a lo que más importa: el criterio y la relación con las personas.

Notas relacionadas












Bachelet, la adversaria que Kast necesitaba

Bachelet, la adversaria que Kast necesitaba

Bachelet ya definió a su adversario, el presidente Kast, y su propósito: defender los derechos sociales alcanzados. Ahora es el turno de La Moneda de mover sus piezas y decidir si utilizará ese liderazgo para recuperar contraste o permitirá que Bachelet defina los términos de una disputa que podría devolver a la oposición al poder.

Foto del Columnista Damián Trivelli Damián Trivelli