En defensa de lo humano

Hay una sensación en el ambiente de vivir días grises y convulsos, donde la defensa de los ideales está invisibilizando a las personas. Nada más cercano a lo que Orwell describió con maestría en sus ensayos sobre el siglo XX. Por ello, es en este contexto donde vale la pena hacer la pausa por un minuto para preguntarse quién es tu prójimo.

Por Alejandro Canales Magíster en Liderazgo y Gestión Educativa › Actualizado: 19:29 hrs
¿Quién es mi prójimo? ¿Qué necesita de mí? Tomás, un sabio amigo, me lo pregunta constantemente. A tu prójimo debes tratarlo como en la parábola: escucharlo, arroparlo, nutrirlo, preocuparte por lo que le pasa, me dice hasta el cansancio. AGENCIA UNO/ARCHIVO
¿Quién es mi prójimo? ¿Qué necesita de mí? Tomás, un sabio amigo, me lo pregunta constantemente. A tu prójimo debes tratarlo como en la parábola: escucharlo, arroparlo, nutrirlo, preocuparte por lo que le pasa, me dice hasta el cansancio. AGENCIA UNO/ARCHIVO
Compartir

Teresa guardaba al costado de su mesa de comedor la única enciclopedia universal que existía en los hogares del barrio. De papel brillante y hoja gruesa, era un lujo para el Chile de los 90′. Cuando alguno de nosotros necesitaba consultar la cantidad de habitantes del mundo, el origen del universo, o las capas de la Tierra, ella abría con delicadeza las tapas duras, nos acomodaba
las páginas, y se sentaba a mirar cómo la copia “letra por letra” era asunto de vida o muerte para un grupo de niños. Teresa nos miraba con profundo cariño, como quien mira a sus propios hijos. Su vida se extinguió hace un par de años, no así la de Ricardo.

Él sigue levantándose de lunes a sábado a las 6 am para ir a la piscina. Entrena a nadadores de todas las edades, en una disciplina donde se trabaja con el cuerpo, pero se gana con la mente. Bien lo sabe él, que aprendió a dominarla desde que su cadera lo confinó a una silla de ruedas. Discute, grita, lleva su mano al rostro, se alegra y emociona, como cuando muestra orgulloso las fotografías que le envió por WhatsApp un gran amigo y discípulo: oro en los juegos paralímpicos. Alegrarte porque otros disfrutan lo que tú ya no puedes, es un acto de bondad inconmensurable, como la bondad que practica Alicia.

“No hay un cielo más lindo que el de esta comuna cuando amanece”, me confiesa en una conversación de pasillo. Se ha dedicado por más de treinta años a defender el derecho de cada niña y niño a tener un proyecto de vida, en lugares donde el cielo parece ser lo único esperanzador. Habla con orgullo de sus estudiantes, mientras pasa las fotos de sus rostros en el celular: este me escribió por Facebook para contarme que aún recuerda mis clases de arte, es arquitecto. Cuando menciona los nombres de quienes estuvieron en su aula, el alma brota a través de sus ojos.

¿Quién es mi prójimo? ¿Qué necesita de mí? Tomás, un sabio amigo, me lo pregunta constantemente. A tu prójimo debes tratarlo como en la parábola: escucharlo, arroparlo, nutrirlo, preocuparte por lo que le pasa, me dice hasta el cansancio. Con cada palabra que pone en su reflexión, evoca a las Teresas, a los Ricardos, y a la Alicias que vivieron, viven, y vivirán entre nosotros.

Hay una sensación en el ambiente de vivir días grises y convulsos, donde la defensa de los ideales está invisibilizando a las personas. Nada más cercano a lo que Orwell describió con maestría en sus ensayos sobre el siglo XX. Por ello, es en este contexto donde vale la pena hacer la pausa por un minuto para preguntarse quién es tu prójimo, dónde se hace imprescindible mirar a tu alrededor e identificar a esas Teresas, Ricardos, y Alicias, que son realmente el Chile en que vivimos, ese Chile donde día a día la mayoría se vive desde la defensa de lo humano. 

Súmate ahora a EDICIÓN AM

Parte el día informado

Debes ingresar un email válido

Gracias por suscribirte!

Podcasts El Dínamo

Más Opinión

Últimas noticias

Populares