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Ljubetic y las conspiraciones

Ljubetic atribuye conspiraciones a los demás porque así ha entendido siempre la política, como una sucesión de operaciones contra adversarios. Lo hizo en 2019, cuando el instituto prefirió avivar el fuego antes que defender a un gobierno democráticamente elegido de quienes querían derribarlo. Lo hizo en 2022, cuando empujó a Micco hacia la puerta. Está en su derecho de pensar así. No lo está de suponer que todos piensan como él.

Yerko Ljubetic, director del Instituto Nacional de Derechos Humanos, sostiene que detrás de la reducción de recursos al organismo no hay un criterio financiero sino hostilidad política, con formas de conspiración. Conviene detenerse en la distinción, porque una cosa es la escasez, que obliga a todos por igual. Otra muy distinta es la persecución, que elige a sus víctimas. Ljubetic, sin reflexión de medio, ha decidido que lo suyo es lo segundo. Y lo sabe bien, porque la conoce desde dentro.

En julio de 2019, cuando perdió por un voto la dirección del INDH frente a Sergio Micco, su primera reacción fue denunciar un acuerdo entre la derecha y la Democracia Cristiana. Tres meses después estalló octubre, y Micco cometió el pecado que en el INDH nunca le perdonarían. Sostuvo que las violaciones a los derechos humanos ocurridas durante las protestas eran graves, numerosas, que debían investigarse y sancionarse, pero que no respondían a una política sistemática definida por el gobierno de Sebastián Piñera. Era, por cierto, lo mismo que concluyeron Naciones Unidas y Human Rights Watch. Pero en aquellos meses la exactitud era sospechosa y la templanza, una forma de complicidad.

Lo que siguió es conocido. La sede de Eliodoro Yáñez estuvo ocupada durante casi medio año, con la tolerancia, cuando no la simpatía, de buena parte de los funcionarios y de varios consejeros. Micco fue insultado, funado, amenazado y tratado como un intruso en su propia oficina. En julio de 2022, apenas cambió la composición del consejo, cinco consejeros le pidieron la renuncia. Entre ellos estaba Ljubetic.

No había razones técnicas, solo la convicción de que un director sereno y objetivo estorbaba en una institución que había preferido el fervor. Había que ejecutar la venganza.

Hoy el mismo Ljubetic descubre las virtudes de la neutralidad. Le inquieta la autonomía, le preocupan los motivos ideológicos, le ofende que alguien condicione los recursos a la realidad. ¿Dónde estaba esa sensibilidad cuando el disidente era Micco? ¿Por qué la sospecha de persecución funciona solo en una dirección?

Su relato omite justamente lo que lo diluye. El Presupuesto 2027 exige bajar el déficit estructural de 2,6% a 1,8% del PIB, con más del 80% del gasto ya comprometido en partidas permanentes. El gobierno de José Antonio Kast está reasignando y recortando en buena parte del Estado. No lo hace por gusto, sino porque la administración Boric dejó las cuentas fiscales en un estado que no admite caprichos.

Se dirá que hay sectores del oficialismo que de verdad quieren cerrar el INDH, y es cierto. Aquí la derecha debiera hacer su propio examen. La indicación de la UDI para dejar al instituto con mil pesos es exactamente el regalo que Ljubetic necesitaba. Convierte una discusión sobre eficiencia en una escena de martirio, y le permite presentar como persecución lo que debiera ser una decisión seria.

Pero que algunos parlamentarios se equivoquen no vuelve cierta la tesis de Ljubetic. Él atribuye conspiraciones a los demás porque así ha entendido siempre la política, como una sucesión de operaciones contra adversarios. Lo hizo en 2019, cuando el instituto prefirió avivar el fuego antes que defender a un gobierno democráticamente elegido de quienes querían derribarlo. Lo hizo en 2022, cuando empujó a Micco hacia la puerta. Está en su derecho de pensar así. No lo está de suponer que todos piensan como él.

Yerko Ljubetic sostiene que detrás de la reducción de recursos al INDH no hay un criterio financiero sino hostilidad política y una conspiración. Se equivoca de distinción. Lo que hay es escasez. La hostilidad y la conspiración las conoció él, y las ejerció primero.

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Foto del Columnista Juan José Santa Cruz Juan José Santa Cruz