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Las leyendas de la agüela ayahuasca

Guardiana de la vida para los maestros que ofician su ceremonial, y soga de la muerte para un sector que ha reaccionado a la tragedia de la secta de Antares de la Luz satanizándola. La planta amazónica que contiene un poderoso alcaloide que científicos y chamanes vinculan a la estimulación de glándula pineal y a la sanación espiritual, ha llegado a las noticias.

Las leyendas de la agüela ayahuasca
Por 6 de Mayo de 2013

De anónima e ignorada, la planta amazónica llegó a las noticias vinculada a la secta liderada por Antares de la Luz, el gurú suicidado en el Cuzco.

Entre sus prácticas estaba la ingestión de ayahuasca, el rito milenario practicado por los chamanes amazónicos.
La planta, considerada por muchas culturas americanas como una de las madres de los remedios ancestrales, ha irrumpido en la sociedad vinculada a esa secta, provocando un desfile de satanizadotes y defensores por los medios, impactados por la tragedia generada por el gurú que incineró a su hijo recién nacido. Y alimentado sus leyendas, la negra y la blanca.

La ayahuasca es una liana o bejuco, que crece en toda la amazonía enredada en grandes árboles. Su nombre científico es   Banisteriopsis Caapi contiene Dimetil triptamina (DMT), un poderoso alcaloide -conocido como harmalinas- , que los científicos relacionan con el funcionamiento de la glándula pineal, la misma impresión que tienen los chamanes, que la vinculan con la apertura de conciencia a través de las visiones producidas por su bebida.

La infusión que ofrece el chamán tiene dos ingredientes básicos: el bejuco y chacruna, una planta que contiene también DMT y cuyos principios activos se potencian al mezclarse. Se suele hervir durante un par de días hasta que alcanza el punto deseado.

Se prepara también con otras plantas según la zona o el propósito de cada chamán, y en estos últimos veinte años se ha desarrollado una industria turística chamánica en zonas de Perú, Brasil, Bolivia, Colombia y Ecuador con seguidores mayormente europeos o norteamericanos. Y ha crecido una oferta de terapias relacionadas con esta y otras plantas al mismo tiempo que los movimientos locales o americanistas que practican los ritos y la espiritualidad ancestrales.

Una leyenda kechua cuenta que en los tiempos antiguos los abuelos se dieron cuenta que por enfermedad o placer, los grandes animales, los reyes de la selva, como la boa o el jaguar, se acercaban a la liana y la roían o comían y se quedaban retozando un tiempo alrededor de la planta. Así aprendieron del poderío del bejuco y desde entonces es la madre de sus medicinas, la que sana el espíritu.

En tiempos globales, este acercamiento al mundo occidental de uno de los rituales más antiguos y celosamente guardados de América, provoca también frivolidades como la oferta de bidones de ayahuasca en los mercados de puertos amazónicos como Iquitos, donde cualquiera puede hacerse con el brebaje.

Fue el caso de Antares de la Luz, que “nunca recibió enseñanza de ningún sabio, yachak, amanta, o guardián de la tradición milenaria. Era un enfermo que compraba el brebaje en algún mercado de Cuzco y lo utilizaba sin conocimiento. No tenía autorización de ningún consejo de ancianos para entregar esta planta a nadie. Esta autorización sólo se da a iniciados que preparan a médicos tradicionales”, según Juan, un yachak de la tradición kiwchua, que trabajó 20 años antes de recibir la autorización para entregar este “remedio”.

Salvado por los pacientes

Una opinión similar tiene César Ahumada, “chamán Rumi”, que enfrentó un proceso de más de dos y medio años por tráfico de estupefacientes por dar ayahuasca en sus terapias en su casa de Pirque. Rumi y su esposa fueron absueltos en marzo de 2012 por un Tribunal de Juicio Oral Penal de Santiago.

Los jueces terminaron por validar las ceremonias y certificar en el fallo que la terapia con la planta, ha reportado “importantes beneficios para múltiples personas”, después de escuchar los testimonios de los asistentes a las terapias de Ahumada en su centro Mantohuasi.

Rumi, discípulo de Luis Panduro Vásquez, de Iquitos, describe su aprendizaje como “aislado en una choza sin contacto con otros seres humanos, siguiendo una dieta estricta, bebiendo diversas plantas y aprendiendo el curanderismo, o sea, a sanar el espíritu”. Eso, por años.

Y entra en uno de los aspectos que se debate: si es alucinógena, es decir, si produce alucinaciones que el paciente cree verdaderas, o visiones, es decir, imágenes generadas por el paciente sin perder la conciencia. Rumi dice que el trance no es alucinógeno, y que la bebida acrecienta la conciencia, “puede hacer recordar contenidos dolorosos almacenados en la memoria, traerlos al tiempo actual y sanarlos”.

Es parte de la experiencia que relata Manuela, periodista de 41 años: “Me interesaban las experiencias con la ayahuasca por su trabajo con la glándula pineal, que también es posible trabajar en otras disciplinas como la meditación. Lo que más me ha gustado es la sensación tan palpable de la sustancia que va activando todo mi sistema glandular. He sentido que recorre mis emociones, que se proyectan en imágenes y se vinculan con experiencias de vida no resueltas”.

La periodista Valeria Solís lanzará en junio el libro: “Saborear las guindas. Experiencias de sanación espiritual”, en dónde cuenta su experiencia en Ani Nii Shobo, una comunidad chipiba en la selva peruana: “la segunda vez y ya con un diagnóstico muy claro dado por el chamán, hice un viaje por mi pasado, por experiencias hermosas de mi vida que había guardado por años en mi inconsciente. Me reencontré con mis ancestros, con amigos, con espacios físicos cuyos detalles lograba distinguir con una claridad total. Luego sentí que podía hacerme preguntas internas que iban a ser respondidas. Así lo hice: abría mis ojos, hacía una pregunta, cerraba mis ojos y venían las imágenes dándome respuestas concretas”.

La molécula mensajera
La conexión entre el efecto que produce la ayahuasca en los tratamientos de medicina tradicional y las investigaciones con DMT se explica en el documental “DMT, la Molécula Espiritual”, basado en las investigaciones de Rick Strassman con esta sustancia; “se trata de un principio activo que se encuentra en el cerebro y algunas plantas consideradas alucinógenas. Entre ellas la más conocida es la ayahuasca, la medicina sagrada del Amazonas”, que es presentada como “un simple compuesto encontrado en la naturaleza que tiene profundos efectos en la conciencia humana”.

En las investigaciones con DMT realizadas por Strassman, el oncólogo Slawek Wojtowicz, opina que “la ciencia explora muchos tipos de cosas. Explora nuestro futuro, explora la naturaleza de la realidad, explora diversos resultados de nuestros experimentos con la tecnología, observa nuestro pasado y observa universos paralelos. Así que en cierto sentido, especula sobre cosas que chamanes y demás gente usando alucinógenos han estado describiendo experimentalmente”.

Leannna Standish, física, apunta a la coincidencia entre el principio activo del bejuco y esas investigaciones con DMT sntétizado: “tiene sentido pensar que está en la base de un lenguaje molecular y que es la herramienta mas poderosa para explorar la pregunta: ¿qué es la conciencia?”.

La ayahuasca en América
Chile es uno de los pocos países americanos sin contacto histórico con esta planta, aunque hay grupos que trabajan con ella en sus ceremonias o terapias. Es más frecuente por la visita de chamanes amazónicos.

En Europa y Estados Unidos hay entidades autorizadas para ingerirla bajo los controles de sus jerarquías. En los países amazónicos forma parte de los derechos y la cultura de sus naciones, etnias o tribus.

En Brasil, está conectada con el cristianismo. Hay una iglesia, el culto cristiano del Santo Daime, fundada por Raimundo Irineu Serra (Maestro Irineu) a principios del siglo pasado, que la usa para su liturgia.

La historia de este culto dice que es un sincretismo originado en la mezcla de las experiencias de esclavos fugados que en su huida habían sido adoptados por tribus y su posterior contacto con los primeros misioneros.

La soga amarga

El episodio de la secta de Colliguay ha instalado también la leyenda de la ayahuasca como la soga de la muerte, una traducción que viene de dialectos quechuas andinos, según un artículo de la revista Construyendo Nuestra Interculturalidad.

La expresión ha servido para alimentar interpretaciones sobre una supuesta pérdida de conciencia producida por la bebida de la planta y aliñar la leyenda negra creada por a secta de Antares de la Luz.

El autor prefiere la traducción del quechua amazónico: soga amarga, que alude el sabor amargo de la infusión, aunque considera que la expresión soga de la muerte tiene una connotación espiritual interesante al aludir al viaje hacia el mundo misterioso y desconocido.

Su conclusión es menos romántica: seguramente se instaló una traducción que le confiere mayor exotismo al misterio de la leyenda amazónica.

El yachak Juan lo explica de otro modo: “fue un cronista de Indias, el Inca Garcilaso, el primero que la llamó Soga de la Muerte. Se entiende por el desconocimiento que tenía esa cultura de la espiritualidad, y así se quedó. Para nosotros quiere decir El espíritu de la planta”.

Antiadicciones
Entre la leyenda positiva de la ayahuasca está su prestigio de sanar adicciones a drogas duras. En Europa adquirió ese respeto a partir de los años 70 cuando fue uno de los pocos tratamientos capaces de recuperar graves casos de dependencia a drogas duras como la heroína y cocaína, y el alcohol.

Parte de su fama de medicina potente entre la modernidad y progresismo, viene de artistas que sanaron su vicio de inyectarse heroína en una cabaña amazónica con la dieta depurativa de los chamanes, que puede “restaurar el patrón original de la conciencia del individuo, ése es el poder de la planta, que puede devolver la conciencia y los órganos a su código maestro”, explica un antropólogo que investigó la conexión entre la planta y la DMT.

El yachak o chamán Juan, explica que la amazonía fue una de las escasas zonas del planeta que no sufrió la última glaciación, y que ese inmenso jardín mantiene en sus plantas, animales e individuos, códigos genéticos que no han sufrido cambios ni mutaciones, o sea, patrones originales en el planeta.

Dentro de este rango, la ayahuasca es considerada una de las medicinas madre, capaz de restaurar ese código genético alterado y ese es parte del propósito que enseña a sus pacientes, a los que prefiere invitar a viajar a la amazonía y experimentar en la maloca del Taita esa conexión con su espiritualidad.

Rumi, el chamán que convenció a sus jueces con ayuda de sus pacientes de los beneficios de sus terapias, reflexiona que curiosamente, “la ayahuasca está auspiciada por la Unión Europea y la Unesco para tratar a toxicómanos, entonces la pregunta que me hago es cómo yo supuestamente vendo droga a las personas con una medicina que justamente tiene los más altos índices de rehabilitación de drogadictos”.

Una opinión similar a la de Dennis Mc Kenna, PHD, etnofarmacólogoen el documental sobre la DMT: es una poderosa herramienta psicoactiva que no es para todos y hay personas que no quieren o tienen miedo de experimentar y tienen justa razón”.

Juan, el yakcha que prefiere no participar públicamente del debate pero si zanjar “las confusiones originadas por el desconocimiento”, opina que el trabajo con la ayahuasca, “es un arte y un conocimiento milenario relacionado con la vida, nunca con la muerte, y con la sanación del espíritu humano. Es bueno que se sepa que la ayahuasca es una guardiana de la vida”.

 

Luis André Fuentes Tello, Ingeniero Comercial

“Me interesé en la “medicina” por un libro de Jodorowsky, en el que relata una experiencia con “medicina” donde él rompe los limites de esta realidad ilusoria y alcanza estados de conciencia mas elevados.
He tenido muchas experiencias con la “abuela”, pero la que más recuerdo fue la más fuerte y profunda. Recuerdo que me tomé el brebaje, un pequeño vaso que me dio el Taita, me lo tomé rápido pero con mucha conciencia. De inmediato sentí algo muy pesado en el estómago… no pasaron mas de 20 minutos y comencé a sentir la vibración de la abuela en todo mi ser. Todo comenzaba de alguna manera a vibrar, las instrucciones y las enseñanzas del Taita se volvían muy profundas. Sentía que iba entendiendo todo, no con la mente sino con el corazón. Estaba en otra dimensión desde donde podía mirar mejor, otra perspectiva de las cosas. Pronto comencé a “aliviar” (vomitar); alivié mucho, sentía que por cada alivio algo en mi iba sanando. Me comencé a sentir vulnerable, sensible, frágil. Era una verdadera operación a mi corazón. La “abuela” estaba desgarrando mis corazas y todas las máscaras que me había impuesto durante mi vida. Han pasado los meses desde esa experiencia y aún la agradezco inmensamente, realmente sentí una gran sanación y una tremenda bendición de los espíritus conmigo. Me sentí querido por el Universo.

 

Ivonne, 23 años, estudiante de Ingeniería Comercial.

“Probé la ayahuasca con chamanes shipibos que andaban en Chile. Su ceremonia duró toda la noche. Decidí experimenar la ayahuasca por búsqueda espiritual como por sanación. No lo hago habitualmente. Fue una experiencia maravillosa, de reconexión con mi verdadera esencia, llena de aprendizajes y autoconocimiento. Creo que de ninguna manera beber la ayahuasca puede estimular actos de violencia, ya que uno es plenamente consciente de sus actos, al menos con la dosis que recibí. No tengo experiencia para saber qué sucedería con dosis mayores. Fue una experiencia reveladora y hermosa. Se la recomendaría a todos los seres”.

Manuela, periodista, 41 años

“Había escuchado hace un tiempo sobre experiencias con la ayahuasca y su trabajo con la glándula pineal, que también es posible trabajar en otras disciplinas como la meditación. Lo que más me ha gustado es la sensación tan palpable de la sustancia que va activando todo mi sistema glandular. Hoy lo entiendo como la activación de los chakras. He sentido que recorre mis emociones que se proyectan en imágenes y se vinculan con experiencias de vida no resueltas. Siento también que puedo silenciar mis pensamientos,  que se calman y aquietan.  Ha sido una vivencia que me ha ayudado a esclarecer mi vida abriendo una infinidad de puertas.

Ramón Gutiérrez. Ingeniero Industrial, 35 años

“La primera vez que escuché hablar de la “aguelita” fue en Francia en 2004, donde un amigo mexicano contaba la experiencia que había tenido en una ceremonia en Barcelona, donde el espíritu del jaguar había hecho contacto con él y le había hecho sentirse parte de la naturaleza, parte de todo. Años después, yo mismo tuve la oportunidad de comprobar de qué manera tan rotunda la ingesta de unos pocos mililitros de extracto de la planta me llevaban a un mundo verde, lleno de grandes árboles, plantas, animales, pájaros, de sonidos naturales y de un profundo sentimiento de unión, de conexión con la Madre Tierra. Comprobé en diferentes experiencias, y diferentes rituales, la importancia del respeto, del conocimiento del poder de esta planta, cuya presencia en el cuerpo humano genera un fenómeno clarísimo de despertar la conciencia de uno mismo, unido al universo, parte de él, no más un yo solitario en un contexto humano, cultural, sino algo más profundo. Las diferentes culturas y formas de tomarla me enseñaron que es un bien universal, de origen amazónico, donde su sacralidad no es cuestionada, y que más que un alucinógeno, es un desalucinador de la ilusión de que estamos por encima de la naturaleza, de que nuestra existencia se limita a trabajar, consumir, depredar los recursos, de todas la neurosis y patologías del alma humana, vacíos y daños emocionales que nos enferman y alejan de nuestra esencia como parte de esta Tierra que nos alimenta, nos nutre, nos permite la vida. He experimentado una progresiva profundización en mi mismo, un proceso de entendimiento y perdón de mi propio dolor, de mi rabia, de mi pena, que me ha ido liberando del miedo, permitiéndome vivir una vida más plena, más amorosa, más completa, sin desviarme de mis obligaciones mundanas, de mi trabajo, de mis hijos, de mi familia, si no al contrario, permitiéndome sanar todas mis relaciones y en definitiva, ser más feliz.

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