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MIRA-me: el programa que transforma el acompañamiento durante el cáncer de mama

Nacido hace 13 años a partir de una experiencia en una sala de espera oncológica, el programa MIRA-me de la Universidad Andrés Bello ha beneficiado a más de mil mujeres en Chile y el extranjero. A través de un enfoque interdisciplinario, combina educación, rehabilitación, autocuidado y apoyo emocional para mejorar la calidad de vida de quienes enfrentan el cáncer de mama

En el marco del Mes de Sensibilización sobre el Cáncer de Mama, la Universidad Andrés Bello (UNAB) destaca el impacto de Mírame, un innovador programa que durante más de una década ha acompañado a mujeres diagnosticadas con esta enfermedad, contribuyendo a fortalecer su autoestima, bienestar emocional y calidad de vida mediante un abordaje integral e interdisciplinario.

Lo que comenzó en 2014 como una iniciativa impulsada por una experiencia personal en una sala de espera oncológica, hoy se ha consolidado como una de las experiencias de vinculación con el medio más significativas de la Facultad de Ciencias de la Rehabilitación de la UNAB, beneficiando a más de mil mujeres en distintas regiones del país y expandiendo su modelo a nivel internacional.

La coordinadora nacional de MIRA-me y académica de la Escuela de Kinesiología de la UNAB sede Viña del Mar, Marcela Uribe, explica que el proyecto surgió al observar una necesidad que muchas veces queda invisibilizada dentro de los tratamientos médicos. “Nos dimos cuenta de que las mujeres necesitaban mucho más que atención clínica. Requerían espacios de contención, apoyo emocional, acompañamiento y herramientas que les permitieran volver a sentirse seguras y valoradas en medio de un proceso tan complejo como el cáncer de mama”, señala.

El primer encuentro reunió a 35 mujeres en torno al cuidado personal, el maquillaje y la conversación. Sin embargo, con el paso de los años la iniciativa evolucionó hasta convertirse en un programa multidisciplinario que integra actualmente a diez carreras de la Facultad de Ciencias de la Salud, entre ellas Kinesiología, Nutrición y Dietética, Enfermería, Obstetricia, Fonoaudiología, Tecnología Médica, Terapia Ocupacional, Odontología, Educación Parvularia y Química y Farmacia.

Gracias a esta articulación, las participantes acceden a talleres educativos, actividades de autocuidado, orientación profesional y espacios de encuentro diseñados para responder a necesidades reales identificadas por las propias pacientes.

“Las mismas mujeres plantean los temas que les interesan o preocupan, y a partir de eso desarrollamos instancias educativas junto a estudiantes y docentes. Esto permite que los contenidos sean pertinentes y, al mismo tiempo, genera una experiencia formativa única para los futuros profesionales de la salud”, destaca Uribe.

Experiencia que conecta universidad y comunidad

La más reciente versión de esta iniciativa se desarrolló el pasado 5 de octubre en la sede Concepción de la UNAB bajo el nombre MIRA-me: Una mirada interdisciplinaria para respuestas conjuntas, instancia liderada por la carrera de Kinesiología que reunió a mujeres con diagnóstico de cáncer de mama en una jornada marcada por el aprendizaje, el autocuidado y la construcción de redes de apoyo.

La directora de Kinesiología UNAB Concepción, Claudia Marchant, valoró el impacto de esta experiencia. “Nos quedamos con una sensación de profunda satisfacción, porque MIRA-me nos permitió responder a necesidades que van más allá de lo clínico, especialmente en el ámbito emocional de las mujeres que viven o han vivido un cáncer de mama. Fue una instancia de cuidado, aprendizaje y acompañamiento, en un entorno amable y cercano, que ellas mismas sintieron como un regalo”, comenta.

La actividad contó con la participación de docentes y estudiantes de distintas disciplinas de la salud, fortaleciendo una mirada integral de la rehabilitación y el acompañamiento durante el proceso oncológico.

El rol de la kinesiología

Uno de los aspectos abordados durante la jornada fue la relevancia de la kinesiología oncológica, especialidad que busca acompañar a las personas desde el momento mismo del diagnóstico.

Daniela Castillo, kinesióloga oncológica y vascular y directora del Centro de Rehabilitación Oncológica y Vascular, explica que la intervención temprana puede marcar una diferencia significativa en la calidad de vida de los pacientes. “La kinesiología oncológica puede comenzar desde el momento del diagnóstico, acompañando al paciente tanto en la prehabilitación como en la rehabilitación”, afirma.

Según la profesional, la prehabilitación permite preparar física y emocionalmente a las personas antes de enfrentar tratamientos como quimioterapia, radioterapia o cirugía, ayudando a disminuir la intensidad de los efectos secundarios asociados.

“Por ejemplo, la fatiga oncológica puede generar un círculo de inactividad, pérdida de fuerza y mayor cansancio, que podemos ayudar a prevenir o disminuir mediante ejercicio y acompañamiento especializado”, explica.

Asimismo, recalca la importancia de incorporar actividad física de manera gradual y personalizada.

“El ejercicio no solo contribuye a mejorar la calidad de vida durante el proceso oncológico, sino que además existe evidencia de sus beneficios en distintos aspectos de la recuperación y el bienestar de las personas”, sostiene.

Un espacio para recuperar la confianza

Carol Espinosa, una de las participantes de MIRA-me, conoce de cerca los desafíos que implica enfrentar esta enfermedad. Hace un año recibió el diagnóstico de cáncer de mama y desde entonces ha vivido un intenso proceso que incluyó quimioterapia, cirugía y radioterapia.

“Esta actividad me llamó la atención porque me pareció una instancia interesante para quienes enfrentamos un diagnóstico de este tipo”, relata.

La experiencia le permitió comprender la importancia del movimiento y buscar orientación profesional para iniciar actividad física de manera segura.

“Yo no hacía ejercicio y ahora estoy buscando la orientación de los profesionales para poder comenzar de forma adecuada. Entiendo que no se trata simplemente de ir a un gimnasio, sino de hacerlo con el acompañamiento correcto”, comenta.

A su juicio, el principal valor del programa es que ayuda a las mujeres a sentirse acompañadas.

“A pesar de todo lo que significa atravesar un cáncer, una mantiene la ilusión y el optimismo de seguir adelante. Estas instancias permiten informarse, compartir experiencias y descubrir nuevas herramientas para enfrentar este proceso”, agrega.

Un modelo con proyección internacional

Tras 13 años de funcionamiento, MIRA-me continúa creciendo. Actualmente desarrolla talleres durante todo el año, incorporando metodologías innovadoras como el storytelling basado en testimonios de sobrevivientes, además de nuevas instancias de educación en nutrición, manejo del linfedema y autocuidado.

Paralelamente, el programa avanza en la creación de nuevos espacios de formación en kinesiología oncológica y en la transferencia de su modelo a otras instituciones.

La iniciativa ya ha sido replicada en distintas sedes de la UNAB y exportada a una universidad en Bolivia. Próximamente también será implementada en la Región de Atacama, ampliando su alcance y beneficiando a más mujeres.

Para Marcela Uribe, el principal sello de MIRA-me radica en su capacidad de abordar el cáncer de mama desde una perspectiva profundamente humana.

“Al integrar diferentes disciplinas conseguimos una atención más completa, considerando las dimensiones físicas, emocionales, sociales y educativas de las pacientes. Mírame se ha consolidado como un espacio donde las mujeres pueden reencontrarse con su feminidad y sentirse valoradas, mientras los estudiantes comprenden el verdadero sentido humano de las profesiones de la salud”, concluye.

MIRA-me tendrá su versión en la sede Viña del Mar el próximo 12 de noviembre con 10 carreras, 6 talleres, y un showroom de cosmética para mejorar autoimagen  y autoestima (hacer cejas, pestañas y aprender a maquillarse y uso debido de cremas).

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María José Crespo