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Utilizan modelos computacionales para estimular redes cerebrales de memoria de trabajo en adultos mayores

La memoria de trabajo retiene y manipula de forma temporal la información necesaria para completar una tarea, y su deterioro es característico del envejecimiento no patológico.

Un proyecto desarrollado en Chile utiliza modelos computacionales para identificar cómo estimular las redes cerebrales involucradas en la memoria de trabajo, con el objetivo de mejorar esta capacidad en personas mayores de 65 años.

El proyecto es dirigido por la Dra. Mónica Otero, profesora asistente de la Facultad de Ingeniería de la Universidad San Sebastián e investigadora asociada del Centro Ciencia & Vida, de la Fundación Ciencia & Vida y la USS (FCV-USS).

Los registros de actividad eléctrica cerebral ya delimitaron la zona en que esa red neuronal opera de manera distinta en comparación a la de adultos de entre 18 y 25 años.

El deterioro de la memoria de trabajo durante el envejecimiento no patológico está descrito por la ciencia. La red que sostiene esa función abarca un conjunto amplio de regiones cerebrales, donde los protocolos de neuroestimulación admiten múltiples combinaciones de parámetros. Así, el trabajo partió por acotar qué zona responde a la tarea puesta a prueba.

“Decir que la memoria de trabajo es de las primeras cosas que se afectan en la vejez es un hecho, y no es parte de un descubrimiento que hayamos realizado en este trabajo. Sin embargo, lo relevante de nuestro estudio es utilizar herramientas computacionales para predecir cómo estimular las redes cerebrales involucradas en la memoria de trabajo, con el objetivo de mejorar su funcionamiento”, explica la Dra. Otero.

Cómo se coordina el cerebro para recordar

La memoria de trabajo retiene y manipula de forma temporal la información necesaria para completar una tarea, explica la investigadora formada en la Universidad de La Habana, Cuba. Es el registro que permite sostener por unos segundos la lista de lo que se va a comprar en el supermercado, o recuperar el motivo por el que se caminó hasta el escritorio de un compañero de labores. Su deterioro puede dificultar algunas actividades de la vida diaria, sin implicar necesariamente una enfermedad.

La académica estudia esa función como el resultado de la actividad de una red de regiones cerebrales, no de una zona aislada. Este enfoque permite medir cómo se coordina la actividad entre esas regiones durante una tarea. “Tenemos en el cerebro millones de neuronas que sincronizan su actividad para realizar distintas tareas de la vida diaria. La memoria de trabajo depende de varias regiones cerebrales que trabajan de forma coordinada para mantener y utilizar información”, describe.

La iniciativa se circunscribe al envejecimiento sin patología asociada, de modo que las demencias y otros cuadros neurodegenerativos que afectan funciones parecidas no son abordadas por su diseño.

La herramienta con la que el equipo propone actuar sobre esa red es la neuroestimulación, un conjunto de técnicas que aplican estímulos sensoriales o eléctricos para activar de forma selectiva determinadas áreas cerebrales. Cada protocolo depende de una combinación de parámetros y es esa combinación la que el modelo intenta anticipar antes de llevarla al laboratorio.

“El proyecto busca cómo, a través de modelos computacionales, podemos predecir ciertos parámetros de los protocolos de neuroestimulación que puedan ayudar a reactivar estas redes cerebrales afectadas durante el envejecimiento no patológico”, detalla la Dra. Otero.

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