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Patricia de Souza: “El capitalismo protegido por la mayoría masculina va a caer”

En conversación con El Dínamo, la escritora y académica peruana aborda los efectos del capitalismo y los conceptos que rodean al feminismo actual. "Sin ser violentas, podemos ser activas para transformar las cosas desde nuestra propia subjetividad", dice.

Patricia de Souza: “El capitalismo protegido por la mayoría masculina va a caer”

Foto: Casa de la Literatura Peruana.

Por 21 de Enero de 2019

Patricia de Souza (1964) es una escritora y académica peruana residente en Francia, que se ha destacado por los temas que aborda; decolonialismo, feminismo, lenguaje y filosofía. Su trabajo -incómodo de leer para muchos- ha buscado precisamente subvertir la imagen mística e idealizada de la mujer, buscando nuevas formas de resistencia y representación. En Chile ha sido publicada bajo el alero de la editorial Los Libros de la Mujer Rota, donde su primer libro-ensayo “Descolonizar el lenguaje” agotó existencias. Ahora con “Ecofeminismo decolonial y crisis del patriarcado” Souza propone nuevas formas para agruparnos colectivamente y revisar la cultura que nos ha llevado a depredarlo todo.

– Al inicio del libro, señalas “el patriarcado es un orden que está a punto de caer”. ¿Cuál supones que será el punto más álgido donde ocurrirá el cambio?

– Digamos que no sé si considerarlo un régimen sino un sistema de pensamiento, un orden simbólico, una forma de representarse el mundo. Eso ya lo dijo Luce Irigaray y también Simone de Beauvoir, hay una construcción cultural no universal. En ciertos lugares no existe lo femenino como concepto. Creo que es el capitalismo, que está protegido por una mayoría masculina, el que va a caer. Engels creía que la mujer perdió su rol protagónico en la historia cuando cayó el matriarcado, pero ¿existió realmente? No lo sabemos, puesto que la historia ha sido escrita por hombres y nosotras nos hemos alimentado de esa lectura.

– ¿Qué crees que debería ocurrir tras campañas como las de #MeToo o #DenunciaATuAgresor? ¿Es una herramienta válida de protesta o deberíamos plantearnos nuevas formas de accionar la búsqueda de justicia? 

Es un inicio importante. Lo que sucede con el feminismo es que se coloca, o se deja seducir por una idea mística de la mujer, que por cierto, tiene mucho de cultura sobre todo en Latinoamérica. La alianza entre capitalismo y feminismo más individualismo no funciona si no cuestionamos lo esencial, de ahí que hable de ecofeminismo, porque esto nos une a todas y todos, frente a una amenaza concreta, la más esencial: la vida. Lo que nos recuerda que somos parte de la naturaleza, no para dominarla, sino para cuidarla y sentirnos parte de ella.

– Cuando describes tu estadía en Francia, mencionas el lenguaje higienizado, la cultura blanca y la inferiorización. ¿Se han acrecentado el racismo y el fascismo en la Francia de Macron o es un síntoma universal? 

– Ayer, una amiga francesa me dijo, ¿cómo quieres que los niños vean a los refugiados con respeto cuando siempre los extranjeros, sobre todo si no son blancos, aparecen caricaturizados y representados como esclavos, tontos o inferiores? Es todo un orden neo-colonial de la representación que está en juego. Estamos en un mundo globalizado donde nos enteramos de todo a una velocidad inhumana, no podemos procesar tanta información.

El fascismo se nutre de nuestros miedos más primarios, no es una especificidad de ningún país. La Francia de Macron no es fascista, su grupo no lo es, es un fenómeno particular, emerge una figura carismática que aglomera una cantidad de tecnócratas, muy jóvenes, y además el mismo Macron, tiene una idea caduca de su país, no lo reconoce como él dice que es, deja fuera a los que se sienten chalecos amarillos. Todo esto tiene el mismo origen: el capitalismo justifica el sacrificio de la vida de mucha de gente para enriquecer a un puñado de privilegiados. ¡Trabajamos en el mundo para ellos! Y eso lleva a lo que sucede en Francia, un empobrecimiento acelerado de la población, como en Italia. En el fondo, el modelo neoliberal está agotado. No puede existir crecimiento ilimitado ni el consumismo que domina en la actualidad, la vida se debería inspirar de valores más colectivos y solidarios y, pese que aquí parte de los impuestos son para que los ricos paguen por los más pobres los servicios sociales, las desigualdades se han acrecentado demasiado rápido, y por eso surgen estas protestas.

“Nadie confía en una mujer”

– ¿Cómo ha sido plantearse como escritora feminista decolonial en Francia? Lo menciono por una frase de tu libro: “nadie confía en la palabra de una mujer”. 

– Es un tema que aquí no atrae mucho por la misma configuración de la cultura francesa, pensarse como el centro del mundo, y su idea de que todo lo que sale de aquí es universal. Hay filósofos, algunos como Michael Onfray, que ni siquiera se imaginan que existen otras culturas igualmente valiosas, por ejemplo en América Latina o Asia, que aportan, y han aportado al mundo una sabiduría, un pensamiento llamado mágico con desdén. Hay que leer “Más allá de la cultura”, del antropólogo Philippe Descola para entender un poco esta crítica. El otro día caí sobre un artículo del diario Le Monde donde hablaban de la relación de Jean-Paul Sartre  y su vínculo con el pensamiento decolonial, él hizo el prefacio de Los condenados de la tierra, o los “dañados”, de Frantz Fanon, y mencionaban de paso a los pensadores (hombres) decoloniales de América Latina, Enrique Dussel, Aníbal Quijano y Walter Mignolo, yo añadiría a Silvia Rivera Cusicanqui. Tiene un trabajo interesante en Bolivia. Esto es rarísimo, casi nunca se habla del tema aquí, así que es una tarea solitaria.

– En tu texto mencionas la fragmentación desde la infancia de las niñas. ¿Cómo componer las partes rotas en la adultez, cómo empieza para ti la sanación personal? 

– Nos fragmentamos porque desde pequeñas nos imponen una imagen devaluada de nosotras mismas. ¿Cómo nos sanamos? Delicado,  no sé si nos sanamos o logramos pasar ese umbral, como decía Lou Andréas Salomé. Ser libre, o sentirse libre. Las cosas de todas maneras deben y pueden cambiar.

– Hablas del lenguaje fálico y la necesidad de poseer un lenguaje que nos represente a nosotras. En la actualidad y con esta vida tan mediatizada por las imágenes, esa tarea se vuelve cuesta arriba. ¿Cómo construir una nueva forma de comunicarnos entre mujeres? ¿Sería la tecnología una aliada?

– La tecnología ayuda, pero creo que no hay que idealizarla. Es a nivel mental el sentido común (lo que parece obvio y no lo es) lo que debe cambiar, que los hombres dejen de representar a las mujeres solo como un cuerpo o un medio de reproducción. Un ejemplo reciente es la última novela de Michel Houellebecq, Serotonina, donde se luce haciendo referencias denigrantes al cuerpo de la mujeres y ninguna ha dicho nada. Ninguna intelectual ni feminista. No podemos ser pasivas, creo que, sin ser violentas, podemos ser activas para transformar las cosas desde nuestra propia subjetividad, la casa, los grupos, los centros. El exceso de razón  es un poco el centro de la crisis de occidente, se han olvidado de las emociones y los sentimientos. Es el pensamiento lógico que busca siempre ganar algo. Eso tiene un precio, el humanismo, como se le consideraba se convierte en individualismo excesivo.

– Constantemente me enfrento a algo que señalas en tu libro, el sentimiento de culpa e ira que nos aqueja, esa sensación de que soy mi peor enemiga. ¿Qué le recomendarías a las mujeres y personas no binarias que leen tu libro? 

¿Sabes? es algo que me digo siempre. Que escribo para escapar de ese estigma. Respetarse, quererse, es un gesto revolucionario, cierto. Es un imperativo.

– En el texto mencionas la palabra “empoderamiento”, un término que se ha vaciado totalmente de contenido y que nuevamente nos pone en un orden heteropatriarcal, vemos esta palabra en políticas de gobierno, en talleres feministas y en la calle. ¿Cómo buscar liderazgos que no caigan en imitar el esquema masculino? 

– Lamentablemente es lo que he notado en mi observación: que este término no cuestiona el orden mundial del capital donde las mujeres son también una mercancía. Hay que salirse de esa dominación cultural y mirar hacia otros horizontes.

¿Cómo ha sido trabajar en este libro y en el anterior que publicaste con Los Libros de la Mujer Rota? ¿Hay algún otro proyecto en mente para Chile?

– Una aventura muy agradable, descubro cosas, leo mucho, y me cuestiono mucho. Con la editorial tengo muchas afinidades, su catálogo me parece que va en sentido de las preocupaciones y la estética del momento. Sí, tengo el proyecto de sacar una reedición de una novela mía que habla también del cuerpo, todo un tema que las mujeres no podemos apartar fácilmente. Confiemos en que el mundo está cambiando, pero insisto que nos unirá el peligro planetario. El capitalismo financiero, que ha convertido a los y las ciudadanas en consumidoras, debe cambiar.

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