El año nuevo de Gabriel Boric
A la hora de los brindis y las uvas, el presidente sabe que el próximo año no tendrá ningún trabajo estable. Pero sabe también que no tiene que ganarse la vida ni este año próximo ni en las próximas décadas.
A la hora de los brindis y las uvas, el presidente sabe que el próximo año no tendrá ningún trabajo estable. Pero sabe también que no tiene que ganarse la vida ni este año próximo ni en las próximas décadas.
Un Kast concertacionista es un sueño improbable que a ratos el propio José Antonio Kast deja acariciar, aunque es difícil olvidar que su vida política fue casi siempre una guerra abierta contra la Concertación en todas sus formas, políticas, culturales, simbólicas.
El Frente Amplio puede bien dejar de ser el Pepe Grillo de la sociedad chilena pero no puede dejar de ser una pregunta abierta que esta cuando se cierra sobre sus miedos necesita responder.
Ambos optaron por eslóganes inflados y fórmulas ya vistas mil veces. Los inmigrantes fueron tratados como muebles que se reubican. Los delincuentes, como residuos que deben barrerse bajo la alfombra.
¿Le funcionará a Jeanette ser una especie de periodista aguja que empuja a ese falso hombre tranquilo que es José Antonio Kast a salir de sus cabales?
Por primera vez ese hombre tranquilo que hizo casi siempre lo que debía hacer, es un rebelde. No deja de ser una sensación nueva que no puede dejar en su fuero interno de gozar intensamente.
¿Ni de derecha ni de izquierda? No. Muy de derecha y muy de izquierda, pero nunca donde los demás lo esperan. Ese es el voto de Parisi: un grito de independencia radical que, como la Penélope de Serrat, mira a los candidatos que llegan sonrientes a la estación y les dice, uno tras otro: “Tú no eres el que espero”.
La política, que por un momento pareció un reality con demasiados concursantes, volverá a ser bipolar, predecible, controlable. Se acabará esta proliferación de personajes que saben que van a perder pero insisten en estar ahí, como si la condición misma de su existencia fuera la visibilidad.
Noguera representaba muchas cosas que yo solía mirar con desconfianza: la Universidad Católica, el teatro serio, la solemnidad escénica. Pero bastó un minuto de conversación para que todo eso se desmoronara. Su sencillez era radical. No fingida, no resignada: una forma de inteligencia.
El honestista hace bien en llevar de vez en cuando a políticos a los tribunales. Pero no debe olvidar que la política no es un tribunal, y que, sobre todo, no pretende ser justa.