Fuenteovejuna, señor
El estallido es una posibilidad que nos dimos de hacer que todo volara por los aires, basada en la confianza de que a la larga todo iba a volver a su lugar. No sucedió y aprendimos la lección.
El estallido es una posibilidad que nos dimos de hacer que todo volara por los aires, basada en la confianza de que a la larga todo iba a volver a su lugar. No sucedió y aprendimos la lección.
Culpar al Gobierno del alud que afecta a la comuna donde tiene a sus electores más seguros, y donde viven muchos de sus ministros y funcionarios, sería de una mala fe increíble. Pero son pocos los que han pensado que este gobierno de emergencia, que ha cumplido tan pocas de sus promesas, ha sido escrupuloso en cumplir con esta: regalarnos emergencias.
Puede que esta vez de nuevo sienta que es ella o la nada, que una vez más sienta que debe servir a los que ama y darles voz a los que se están quedando sin voz. Creo que sería un error trascendental, tanto humano como político, pero es difícil, tanto en lo humano como en lo político, descartar ese error.
La política abiertamente agresiva e ideológica con la que el presidente quiere hacerse cargo del escenario internacional choca con la aparente serenidad del ministro, que no quiere quedar mal con nadie, pero tampoco sabe cómo quedar bien. Entonces hace las dos cosas: queda mal con sus huestes y mal con los partidarios de la tradicional política de no injerencia de la diplomacia chilena.
Lo que Milei improvisa a los gritos, en Kast es doctrina de toda una vida. Uno inventa un enemigo por semana; el otro tiene el mismo, sin variaciones, desde la infancia. Milei es el fuego que ilumina y se apaga. Kast es la brasa que no se ve, pero dura.
Ocho años en Maipú son muchos años para alguien que decía venir de paso, y el arenal, que iba a ser apenas un laboratorio de buenas intenciones, terminó siendo el lugar donde Vodanovic aprendió lo que ningún cursillo de Georgetown enseña: que el poder municipal, bien administrado, es la antesala más discreta y más eficaz hacia el poder de verdad.
Según nuestro columnista acabamos de pasar un invierno extremadamente complejo, difícil de llevar, frío como pocos, “ochentero”. Y no sólo por los eventos climáticos…
Sin que nadie se lo pidiera, el ministro Arrau sacó del sombrero una reforma constitucional que logró unir en su contra desde Kaiser a Boric, pasando por Carlos Peña, Bellolio o Matamala. Una reforma escrita con el pie izquierdo, que uno pudiera creer que nació de una borrachera si no supiéramos de los hábitos temperados en cuanto a alcohol y drogas del ministro y el presidente. Tan mal redactada y pensada que dejó al propio gabinete confundido.
Vaya tontería, contesta nuestro columnista, en las antípodas de ese discurso. Es más: asegura que, en un grave error de análisis, la izquierda pretende instalar un concepto peligroso y equivocado sobre Kast que, una vez más, los terminará perjudicando a ellos mismos el actual gobierno?