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10 de Mayo de 2013

Autor de 'La secreta vida literaria de A. Pinochet': "Coleccionistas siguen comprando libros de su biblioteca"

"Si bien Pinochet compró la mayoría de los libros de su biblioteca, esos libros fueron comprados con fondos públicos, por lo tanto hay una apropiación indebida, deshonesta", cuenta a El Dínamo, Juan Cristóbal Peña, periodista y autor del libro.

Por Daniel Zegers
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Conocido, aunque no tanto, ha sido el afán que llevó al  dictador Augusto Pinochet a publicar 11 libros, de dudosa originalidad y calidad,  que versaron sobre geopolítica, historia y, por supuesto, su versión de los hechos que lo llevaron a estar en el poder por 17 años. Pero, hasta ahora, su bibliofilia, o compulsión por poseer cuantiosas y valiosas ediciones en sus anaqueles, ha sido un capítulo casi secreto en la vida  del militar.

Este tránsito de autor mediocre  y  plagiador a coleccionista compulsivo, que lo acompañó gran parte de  su vida, pero que se exacerbó a medida que fue ganando poder y recursos es lo que recoge el libro “La Secreta Vida Literaria de Augusto Pinochet” (Random, 2013)  del periodista Juan Cristóbal Peña (Cecilia, la vida en llamas, 2002), (Los Fusileros,2007).

La biblioteca de Pinochet  llegó a contar con 55 mil ejemplares, avaluados  de manera preliminar en cerca de 3 millones de dólares. Entre sus “joyas” se encuentran  ediciones originales de “Histórica relación del Reyno de Chile” (Alonso de Ovalle, 1646) y “La Araucana” (Alonso de Ercilla, 1733), además de impresionantes colecciones sobre Napoleón y Marx.

A finales del  año pasado el autor y otros periodistas que investigan temas relacionados con la Dictadura como Mauricio Weibel, sufrieron en la misma semana el robo de sus computadores y discos donde archivaban la información. Peña piensa que no andaban detrás de documentos de las investigaciones ” Nadie puede pensar que a esta altura  la gente no respalde información importante (…) no me calza que haya sido un acto de amedrentamiento para mi, u otros periodistas, no veo el objeto“.

Para el periodista, el asunto más bien puede ser un ‘gesto’ de los militares que enfrentaban causas de DD.HH que por esas mismas fechas le reclamaban al Gobierno el no cumplir su promesa de haberlos ayudado en los procesos.

“Fue un golpe de mesa, unos ladridos perdidos en la noche”, explica agregando que  “por otro lado hay que recordar que esta es una familia militar, los militares presos tienen padres militares,  hijos militares y nietos militares. Sin ir más lejos, Krasnoff, tiene un hijo  militar que está instalado como oficial de ejército”.

La paradoja y el mito que envuelve a la biblioteca de Pinochet es que pese a estar actualmente con embargo judicial, los tribunales no tienen posibilidad ni de resguardar esta biblioteca, que sigue en manos de la familia. “Se alcanzó a periciar menos del 5% del total. Es probable que ya nadie sepa lo que hubo y lo que hay en esa biblioteca. Es muy probable que las joyas bibliográficas hayan desaparecido mucho antes de que haya sido periciada . Pinochet tuvo tiempo de sobra para sacar lo más importante.

La investigación de este libro llega hasta 2012 y logra consignar que los ejemplares pertenecientes a sus colecciones se siguen vendiendo a coleccionistas. “Tengo testimonios de coleccionistas de importancia y de renombre, que estaban comprando libros de Pinochet provenientes de su biblioteca y  que tienen más valor ahora por ese factor”, confiesa Juan Cristóbal Peña  a El Dínamo.

 

Desde lo que investigaste, ¿en qué momento Pinochet pasa de escritor frustrado a bibliófilo, dueño de la biblioteca más grande de Latinoamérica?

Se pueden identificar varios momentos. Del 73 para adelante, el endiosamiento en el poder es bien prematuro, yo diría de horas y eso fue básicamente  durante el primer año de gobierno, en que logra imponerse, primero como jefe de la Junta y luego como presidente de la República. Inmediatamente después de las urgencias él comienza a construir esta red de distribuidores que lo surten de libros.

Entre el 79 y el 81, cuando queda instalado definitivamente en La Moneda, comienza ya a acaparar de manera sistemática, compulsiva, tanto a nivel de distribuidores extranjeros, agregados culturales y los libreros chilenos más insospechados: los libreros de San Diego, los libreros de las Torres de Tajamar, los libreros que no tienen librería, le vendieron libros a Pinochet, directa, o indirectamente. Incluso libreros de izquierda, que no son pocos, le vendieron libros a Pinochet, como Ricardo Bravo, un tipo bastante decente, muy noble y bastante conocedor, que estuvo con pinochet en su oficina vendiéndole y hablando de libros. En esto muy pocos se salvan, si es  es que es un pecado haberle vendido libros a Pinochet.

Si bien Pinochet compró la mayoría de los libros de su biblioteca, esos libros fueron comprados con fondos públicos, por lo tanto hay una apropiación indebida, deshonesta.

 

¿Cuál de los  asesores culturales y bibliográficos de Pinochet crees tú que haya sido el más influyente en él, o que haya llegado a ser verdaderamente su ghost writter?

A mi me fue súper difícil entrar al círculo de mayor confianza de Pinochet y me encontré con datos contradictorios respecto de quienes habían escrito sus libros. Mucha gente, sobre todo militares,  me lo negó, estamos hablando de militares.

Él  tenía la pretensión de ser un escritor reconocido y  también le gustaba esbozar sus libros. Hay testimonios que dicen que él hacía los primeros borradores. Había una segunda instancia que era donde entraban los civiles, que reescribían esos textos, donde está Enrique Campos Menéndez (director de la DIBAM en los 80 y embajador de Chile en España hacia el final de la Dictadura); Fernando Emmerich y en una última etapa, la de sus memorias en ‘Camino Recorrido’, Carlos Iturra. Lo que ellos hacían era más que una edición, era una mano de gato bastante profunda, una reescritura que reformaba lo que hacía él y su círculo militar.

¿Cuál fue el más ‘comercial’ de sus libros ?

El que pudo haber sido comercial fue ‘El día decisivo’, pero en todos los libros de Pinochet se invirtió un montón de plata con fines propagandísticos y para levantar la figura de este líder con un peso más intelectual, un ideólogo, un escritor. En ese sentido, libros como “Patria y Democracia”, como ‘Política, Politiquería y Demagogia’ y las miles de ediciones que se hiciereon de ‘Geopolítica’,  y de ‘Guerra del Pacífico, campaña de Tarapacá 1879’.

 

¿Y cuál sería, a tu juicio el libro más ‘logrado’ de Pinochet?

El más legible de todos y donde hay propuestas que se pueden interpretar como propias, aunque con equívocos históticos, es el libro La Guerra del Pacífico, que tiene el epígrafe “Tarapacá, 1879”, que es un libro más abordable, más entretenido, los otros son compilados, o más descriptivos, este incluso tiene elementos donde incluso hay análisis de las estrategias de guerra de los tres países en conflicto. Tampoco lo escribió solo, le ayudaron. Dentro del mundo militar no hay mucho problema con eso, a los estadistas también les escriben los libros.

¿Lograron  acreditarse  entradas de plata importantes  por estos libros?

En el plano judicial se ha establecido que esto era muy marginal comparado con el tráfico de armas, y los dineros ingresados por gastos  reservados, presidencia de la República y casa militar. Testimonios que yo tengo es que cuando Pinochet comienza a pensar en su futuro en los 70,  cree que esto puede levantar su imagen y de paso ganar una platita extra haciendo que los funcionarios de las FF.AA compren sus libros y se los descontaran por planilla.

¿Hasta dónde crees tú que llegaron los celos intelectuales de Pinochet?

Él  borra físicamente y de manera abstracta a todos los que hacen sombra,  Prats, Bonilla y Lutz son los personajes que conocemos y sabemos que operó así, pero otro factor poco conocido tiene que ver con eliminar la memoria de los otros personajes. En ese sentido, al único que revindica es a O’Higgins, pero no reivindica a Ibáñez como podría esperarse, apenas le tiene una salita en la Academia de Guerra.

En el fondo, Pinochet  limpia el camino de la historia para erigirse él como figura después de O’Higgins.  Asimismo él se quiere erigir como el geopolítico en Chile, con acciones tan burdas y canallas de que no se publique ni se mencione al verdadero padre e impulsor de la geopolítica en Chile, Ramón Cañas,  incluso se encarga de cambiarle el nombre a una cordillera en la antártica y suspender un concurso de ensayos que llevaban su nombre.

 

 

 

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