El actor David McCallum, quien interpretó al forense Ducky en la conocida serie NCIS, falleció a los 90 años, según informaron varios medios estadounidenses.
El artista británico, recordado también por ser el galán en El agente de C.I.P.O.L., murió por causas naturales rodeado de su familia en un hospital de Nueva York.
El adiós a David McCallum
“Estamos profundamente desolados por el fallecimiento de David McCallum y tenemos el privilegio de que haya sido su hogar durante tantos años”, inició diciendo la cadena CBS en un comunicado.
Mientras que también se refirieron a la extensa trayectoria que tuvo el actor en el mundo del cine y la televisión. “Llevó una vida increíble y su legado vivirá para siempre a través de su familia y las innumerables horas de cine y televisión que nunca desaparecerán”, explicó la cadena productora de NCIS.
We are deeply saddened by the passing of David McCallum and privileged that CBS was his home for so many years. David was a gifted actor and author, and beloved by many around the world. He led an incredible life, and his legacy will forever live on through his family and the… pic.twitter.com/1UgOz7pQ8g
En cuanto a su familia, fue su hijo Peter quien dejó un emotivo mensaje a su padre: u0022Era el padre más amable, genial, paciente y cariñosou0022.
Además, destacó dentro de sus características que “era un auténtico hombre del Renacimiento: le fascinaban la ciencia y la cultura, y convertía esas pasiones en conocimiento. Por ejemplo, era capaz de dirigir una orquesta sinfónica y podía realizar una autopsia, basándose en sus estudios de décadas para su papel en NCIS“.
David McCallum en 2003 asumió el papel del doctor Donald “Ducky” Mallard, patólogo forense del Servicio Naval de Investigación Criminal de Estados Unidos (NCIS, por sus siglas en inglés) en la serie del mismo nombre. Esta producción se convirtió en un gran éxito con millones de espectadores en todo el mundo.
El senador Alejandro Kusanovic acusa que cruceros de bandera extranjera operan sin respetar la Ley 21.774 de cabotaje en fiordos y canales de la Región de Magallanes, generando competencia desleal contra operadores nacionales.
No fue solo el mejor peso pesado de su tiempo. Fue el atleta que convirtió su fe, su nombre y su libertad en una declaración política. Mientras otros defendían títulos, él defendió principios. Y pagó el precio.
La democracia enfrenta una combinación nociva de audiencias
no entrenadas para discernir, y
comunicadores que han perdido la
capacidad —y a ratos la voluntad—
de distinguir entre opinión,
evidencia e información. En este
sentido, el problema continúa siendo
profundamente humano.
Latinoamérica emprende desde la escasez, no desde la abundancia. Desde problemas concretos que resolver, desde mercados imperfectos, desde instituciones que muchas veces no funcionan como deberían. Esa realidad, que tantas veces se ha visto como una limitación, también está produciendo algo interesante: emprendedores extremadamente resilientes, creativos y orientados a soluciones reales.
Su lista de amigos incluía a Donald y Melania Trump, Bill Clinton, Bill Gates, Elon Musk, Steve Bannon, Ehud Barak, Noam Chomsky, Stephen Hawking, Larry Summers, Richard Branson, Woody Allen, Deepak Chopra, el príncipe Andrés y su ex Sarah Ferguson, el príncipe heredero Mohammed bin Salman de Arabia Saudita, la princesa heredera Mette-Marit de Noruega, y muchos otros poderosos del mundo de Davos, Silicon Valley, Hollywood y las Ivy league.
Abogada corporativa, directora de empresa y profesora universitaria, Bobadilla reflexiona sobre liderazgo, innovación, IA, diversidad y cohesión social. “Estamos en una nueva era, y seguir analizando el presente con categorías antiguas no solo empobrece el debate: nos hace perder tiempo histórico”.