A menos de dos años de haber asumido, el primer ministro de Reino Unido, Keir Starmer, renunció a su cargo y con ello se convirtió en el sexto en dimitir en una década. La cifra deja entrever una alta rotación en un corto periodo de tiempo para un cargo que sólo han ocupado 58 personas en más de 300 años de historia.
Cuando dio a conocer su renuncia, el propio Starmer reconoció que ya no contaba con el apoyo del Partido Laborista. “La pregunta que se hace ahora mi partido no es quién estaba mejor situado para transformar el Partido Laborista y llevarlo al poder. Esa pregunta ya ha sido respondida. La cuestión es si soy la persona mejor situada para conducirnos a las próximas elecciones generales”, dijo primero aludiendo al triunfo que lo llevó al número 10 de Downing Street, tras catorce años de gobiernos de derecha.
A nivel interno, el ala más izquierdista del partido estaba en su contra por haber impulsado un endurecimiento de las políticas migratorias y contra lo que denominaba como “comportamiento antisocial”. De hecho, el exalcalde de Manchester que acaba de jurar como diputado y oficializar que desea suceder a Starmer, Andy Burnham, pertenece a esa facción del partido. A ello se sumó la dura derrota que vivió el Partido Laborista a inicios de mayo en las elecciones generales, donde arrasó Reform UK, una colectividad de derecha que prometía impulsar deportaciones masivas.
También gozó de baja popularidad: entró con un mínimo histórico de apoyo para un primer ministro británico y con los meses, ese descontento solo se acrecentó ante el estancamiento económico, una mala evaluación de la efectividad de sus políticas migratorias y la cercanía que tenía el embajador ante Estados Unidos, Lord Mandelson, con el magnate y delincuente sexual Jeffrey Epstein, y una percepción de incapacidad para tomar decisiones drásticas de parte de Starmer, entre otros factores.
Durante su discurso, Starmer comprometió una transición ordenada que debería concretarse en septiembre. A ratos, su voz se escuchó temblorosa, especialmente cuando agradeció el apoyo de su esposa, Victoria, y describió el acercamiento con sus hijos que conllevará su salida del cargo.
Una década de inestabilidad
Para entender el punto de partida de la puerta giratoria de primeros ministros que parece haberse instalado en Downing Street, medios internacionales recurren en primer lugar al Brexit, la decisión que hace 10 años tomó Reino Unido para abandonar la Unión Europea.
“El voto a favor del Brexit generó un enorme desafío logístico y, posiblemente, una serie de expectativas públicas que jamás podrían cumplirse”, apunta The Financial Times. Una de los argumentos que exhibían los partidarios del Brexit era que éste reduciría de forma significativa la inmigración. Sin embargo, a 10 años del referéndum la demanda parece seguir insatisfecha.
Expertos consultados por la BBC reflexionan que la decisión generó tal división que esto derivó en un clima constante de agitación y rebelión que hace tambalear a los líderes políticos. Es mas, según sugiere The Conversation, debajo de las identidades políticas británicas subyace como factor clave la postura respecto al Brexit, que ya no encajan en la división tradicional izquierda-derecha y con las mayorías estables. También derivó en que los diputados tengan mayor libertad de acción para actuar de forma independiente a sus partidos lo que a su vez fortalece la opción de que un primer ministro pueda ser reemplazado en momentos de crisis, aunque cuente con mayoría parlamentaria.
Otros de los factores que inciden en la puerta giratoria británica, tienen relación con los errores políticos que cometieron Starmer y sus predecesores que erosionaron gravemente su autoridad. El débil crecimiento económico, sumado a la inflación, el envejecimiento de la población también pesa. “Cada uno de los últimos primeros ministros ha tenido la mala suerte de asumir el poder en un país donde la gente no ha mejorado su situación económica en casi 20 años y está bastante harta”, declaró a Financial Times Paul Johnson, exdirector del Instituto de Estudios Fiscales.