Cómo se implementa y financia la eficiencia energética: pasando “del dicho al hecho” para beneficio de todos

La banca o fondos de inversión tienen en frente una gran oportunidad de colaborar y ser protagonistas en la transición energética y el sector de la eficiencia, al crear productos alineados con las demandas del cambio climático.

Por Mónica Gazmuri Gerente de Anesco Chile A.G. › Actualizado: 21:52 hrs
Hay tecnología, expertos y una ley escrita. Sólo falta que se creen las condiciones para que el proceso se realice de forma fluida (Agencia UNO/Archivo)
Hay tecnología, expertos y una ley escrita. Sólo falta que se creen las condiciones para que el proceso se realice de forma fluida (Agencia UNO/Archivo)
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Todos los chilenos pasamos frío en invierno y calor en verano en nuestras casas o en los lugares de trabajo. Todos. Algunos en la medida de su bolsillo lo enfrentan mejor, pero muchos no lo lograrán. Seis de cada diez chilenos viven en un ambiente contaminado, en su mayoría debido al uso de un energético para calefacción o transporte. No hacer Eficiencia Energética (EE) es perder dinero, al mismo tiempo que contaminar; y eso multiplicado, simplemente no es sostenible ni justo.

Chile logró tener una Ley de Eficiencia Energética en 2021. Luego de 10 años de trabajo de expertos gremiales, propuestas del sector público, senadores y varias discusiones entre los distintos involucrados. Fue proclamada por el Presidente Piñera y publicada en el diario oficial el 13 de febrero.

En el Día Internacional de la Eficiencia Energética, recordamos porqué es tan relevante facilitar el proceso de implementación de esto que no vemos, pero que sí impacta en la vida de todos los usuarios de energía (usted incluido/a) y que es esencial en lograr la carbono neutralidad de un futuro sostenible: con mayor confort, un aporte de al menos un 35% de la reducción de emisiones de CO2, el reemplazo de importaciones de combustibles por servicios y nuevos empleos con sentido, e industrias y edificios mucho más productivos y con mayor ahorro económico.

Ya no basta con enunciados, estudios o manuales, hay que implementar. Para ello, se deberá considerar lo siguiente:
es muy relevante que la nueva ley permita un desarrollo de mercado sano, que considere la ética profesional, la transparencia y la libre competencia; valores impulsados por el gremio de la EE para asegurar el beneficio a las personas, así como el dar certezas al mercado que permitan el desarrollo de dichas soluciones con iguales niveles de calidad y precio. Evitar la corrupción, así como la generación de monopolios, es fundamental para avanzar y llegar con dichos beneficios a todos los chilenos.

También se debe aclarar que hacer EE no es lo mismo que generar energía. Se tiende a ver fotos de paneles fotovoltaicos y que hablen de eficiencia energética, cosa que no es lo mismo, pero sí se complementan de cara a la transición energética y el desplazamiento de energéticos fósiles.

La ley de EE busca que próximamente las grandes empresas consumidoras instalen un sistema de gestión de energía (SGE) y que las nuevas construcciones tengan un sello, como los artefactos, para que los compradores sepan cuán eficiente será su hogar. Pero, ¿qué pasa con lo ya construido de forma ineficiente? Esta transformación la están haciendo empresas dedicadas a la EE con mucho esfuerzo. Son éstas las que se acercan al usuario, hacen los estudios, entregan propuestas, buscan la fórmula de financiamiento e implementan; pero claro, no tienen la capacidad para hacerlo masivamente.

Los créditos de consumo tradicionales no se ajustan a los requerimientos de la industria. La banca y los fondos de inversión no conocen de EE ni de modelos de desarrollo en que la EE es un servicio (ESCO), donde las inversiones se pagan con los ahorros. Las empresas expertas en esta materia deben financiar bajo el esquema convencional, el cual genera una limitación en cada una de éstas: entre que financian, implementan y se pagan… hasta poder iniciar un nuevo proyecto. Por tanto, por mucho que haya varias empresas con sus propias líneas de crédito, no serán suficientes para avanzar a la velocidad que la sociedad demanda y demandará en la medida que hay más conciencia de las soluciones disponibles para su ahorro, confort y cuidado del medio ambiente.

En el mundo ya existen las finanzas verdes y en Chile hoy se financian grandes proyectos renovables para generación eléctrica. ¿Qué pasa con esos miles de proyectos pequeños y medianos donde viven y trabajan millones de chilenos? Para abordar realmente este desafío, se deben crear nuevos instrumentos de financiamiento para estas empresas expertas en EE, muchas de ellas pequeñas y medianas; y así poder masificar las soluciones.

La banca o fondos de inversión tienen en frente una gran oportunidad de colaborar y ser protagonistas en la transición energética y el sector de la eficiencia, al crear productos alineados con las demandas del cambio climático. Aquí, el gremio de la eficiencia propone que el contrato de la empresa experta ESCO pueda ser parte del resguardo del crédito y que la banca pueda acceder a un portafolio de proyectos especializado ya probado y altamente replicable. De esta forma, puede crearse un producto competitivo y eficiente, bajo un esquema ampliamente conocido y transparente; y no más caro o engorroso como ha sucedido en el pasado.

Hacer las cosas bien y por convicción lleva a que las sociedades reciban los beneficios del avance tecnológico y económico de cada país, y por ello se debe salir del status quo de evaluar siempre con la misma fórmula. La EE es la herramienta que permitirá que nadie pague demás, o pase frío y que -por supuesto- el gasto sea el adecuado para la producción, haya un resultado positivo al final de cada proceso, y con ello, ciudades más justas, más limpias y modernas.

Las tecnologías están, están los expertos y hay una ley escrita. Ahora, sólo falta que se creen las condiciones para que dicho proceso se realice de forma fluida, transparente y logre permear y masificar sus beneficios hoy y de cara al usuario final. Se debe entender que cada lugar donde estamos y realizamos nuestras actividades, tiene un potencial de mejora. Nunca antes se construyó con criterios de eficiencia y, por lo tanto, hay mucho que transformar y mejorar para el bien de todos. 

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