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Las fundaciones y la subsidiariedad

Mirando al futuro, se requiere mantener y potenciar el compromiso de quienes han tenido estas iniciativas de aporte al bien común. Junto a esto, la validación y apoyo del Estado es clave, con el objeto de permitir la sostenibilidad financiera de estas iniciativas.

En nuestro país, las necesidades en salud, educación, cultura y otros bienes esenciales, no logran ser cubiertos por el Estado. En estos temas tan relevantes para el bien común y el desarrollo en comunidad, se ha organizado la sociedad civil a través de diferentes fundaciones, corporaciones y otras organizaciones con el objeto de aportar a la comunidad. Existen miles de instituciones de diferentes orientaciones y aportes a la sociedad. En los últimos años, ha existido una mirada crítica y desconfiada de estas instituciones producto de anomalías e incluso delitos que han afectado a unas pocas fundaciones, lo que ha empañado de manera muy injusta la extraordinaria labor de la gran mayoría.

En una definición muy sintética, la subsidiariedad es un principio que se aplica a la sociedad que indica que los problemas deben ser resueltos por la instancia más cercana a la ciudadanía, ya sea la persona, su familia o la comunidad en general. En la reciente encíclica Magnifica humanitas, Sobre la custodia de la persona humana en el tiempo de la Inteligencia Artificial, el Papa León XIV indica “El principio de subsidiariedad nace de la misma visión sobre la persona que ha guiado nuestra reflexión sobre la dignidad y el bien común. Si toda mujer y todo hombre están llamados a ser protagonistas de su propia vida y a participar en la construcción de la sociedad, entonces también la organización social debe respetar y favorecer esta responsabilidad”. Y agrega “Las instituciones de nivel superior deben reconocer, proteger y promover la libertad y creatividad de los niveles inferiores, coordinando sus aportaciones para que cooperen eficazmente al bien común” (MH 68). Muy iluminadoras palabras que vienen en un momento crucial en el desarrollo de nuestro país.

Ejemplo de este aporte al país los tenemos desde los inicios de nuestras comunidades y vida en común, donde destaca el aporte de los Capuchinos en las iniciativas de educación en La Araucanía. Hay instituciones que llevan más de un siglo aportando a la educación y al cuidado de niños vulnerables, como es el caso de La Protectora de la Infancia. Otras van en ese camino en el cuidado de los niños con enfermedades respiratorias crónicas, a lo que dedica sus esfuerzos la Fundación Hospital Josefina Martínez. Un gran ejemplo es el cuidado, prevención y tratamiento del niño quemado, donde la labor de COANIQUEM ha sido extraordinaria, teniendo una gran proyección internacional.

Por otra parte, la Fundación Las Rosas es un ejemplo de cuidado del Adulto Mayor, en muchos casos en situación de pobreza y abandono. Así también la Teletón, se acerca a cumplir cincuenta años en apoyo del niño y joven con discapacidad, lo que ha significado un cambio significativo en su integración, siendo un referente nacional e internacional. Junto a estos ejemplos, la Clínica Familia, ya cumple 30 años entregando compañía, dignidad a los pacientes con cuidados paliativos en su etapa terminal de la vida. Todos estos aportes son muy valiosos, únicos e insustituibles, se dan en áreas en que el Estado no se ha hecho presente para dar respuesta a problemas de gran impacto y relevancia en la población.

Varias de las iniciativas descritas han contado con el apoyo de la Iglesia, otras son de inspiración laica. Todas ellas implican el trabajo con gran dedicación y convicción de sus impulsores y el aporte voluntario de miles de personas, a través de su trabajo, de campañas de recolección de fondos y otras tareas. En general, el Estado aporta recursos por las prestaciones que entregan estas instituciones, lo que solo cubre en forma parcial los costos de su actividad (entre un 15-70%). Lamentablemente es frecuente que se produzcan serios retrasos en la entrega de recursos, lo que produce serios problemas en el financiamiento de la operación. En estos casos, siempre es importante reflexionar sobre la situación de cuidado de los niños y/o pacientes si no estuvieran estas instituciones con su crucial aporte al país.

Mirando al futuro, se requiere mantener y potenciar el compromiso de quienes han tenido estas iniciativas de aporte al bien común. Junto a esto, la validación y apoyo del Estado es clave, con el objeto de permitir la sostenibilidad financiera de estas iniciativas. Esto por supuesto debe implicar evaluación y controles rigurosos que aseguren una buena utilización de los recursos. Por otra parte, se requiere incentivar la participación de las nuevas generaciones, con el objeto de dar viabilidad futura de estas notables iniciativas.

Los desafíos a futuro serán cambiantes, y dependerán de las nuevas condiciones de vida de las poblaciones beneficiarias. Lo importante es mantener el foco en la mejora de la calidad de vida de las personas, respetando su dignidad para su pleno desarrollo. Este es un desafío que se renueva día a día en el quehacer de quienes les dan vida a estas fundamentales iniciativas de la sociedad.

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Mirando al futuro, se requiere mantener y potenciar el compromiso de quienes han tenido estas iniciativas de aporte al bien común. Junto a esto, la validación y apoyo del Estado es clave, con el objeto de permitir la sostenibilidad financiera de estas iniciativas.

Foto del Columnista Ignacio Sánchez D. Ignacio Sánchez D.