En tiempos de traspasos de gobierno interrumpidos y de polarización política a nivel global, el inicio de la consejera de Libertad y Desarrollo Natalia González parece extraño. Sucedió en 2006, durante el primer gobierno de Michelle Bachelet, por quien ella no había votado. Dejó un trabajo estable como abogada corporativa en Carey para ser parte del equipo de Andrés Velasco, el entonces ministro de Hacienda. El jefe de asesores Juan Francisco Galli y el entonces director del SII Ricardo Escobar, la habían recomendado. “Lo primero que me dice Andrés Velasco es prepárame una minuta del Fogape, mañana tenemos sesión en el Congreso y vamos a ir juntos. Yo lo miré, le dije por supuesto, y reconozco que tuve que googlear de qué me estaba hablando. Por suerte, conocí a excelentes personas y profesionales que me enseñaron mucho”, cuenta con una sonrisa y con la seguridad de alguien que ya puede reírse de sus inexperiencias pasadas. Porque los puntos de su currículum tienen peso. Actualmente es presidenta del Consejo para la Transparencia y directora de Carozzi y Habitat. Pero también fue miembro de la Comisión Experta del proceso constituyente.
—¿La generosidad que sentiste trabajando en el sector público hace veinte años, se ve todavía en la política?
“He tenido pasos desde el sector privado al público, a centros de estudio vinculados a lo público, y en todos vi generosidad. Hasta el cambio del sistema político. Para mí ahí hay un quiebre, y no solamente en los temas de gobernabilidad que tanto se han discutido. Me refiero a la transformación que significó pasar al sistema proporcional, que cambió la composición de la Cámara de Diputados. A mí me tocó muchas veces relacionarme con parlamentarios en el primer gobierno de Michelle Bachelet y en el primer gobierno de Sebastián Piñera y había muy buena fe en esas negociaciones, había mucha preparación, mucho conocimiento.Y había orden en los partidos. Lo que concordabas en las comisiones después se respetaba, puede haber excepciones, pero como regla general. Todo eso se derrumbó con el nuevo modelo político, y eso también tiene repercusiones en las decisiones que yo fui tomando después en mi carrera”.
—Entre esos pasos estuvo ser parte del segundo proceso constituyente, en la comisión de expertos. Propusieron un texto que fue modificado y después rechazado. ¿Con qué sensación te quedas a dos años del cierre de ese capítulo?
“Voy a ser súper sincera: con el primer proceso, que se terminó rechazando el 4 de septiembre, la sensación fue de un enorme alivio. Yo creo que hubiera sido un tremendo error para el país entero aceptar ese texto. Creo que las cosas positivas que han ocurrido en el último tiempo, pasaron en buena medida porque ese proceso fracasó. Cambió el norte, cambió la orientación, cambió el tono en la sociedad, en los gobernantes. En el segundo proceso voy a reconocerte que me quedó una sensación amarga. El proyecto de la comisión experta era bueno, pero obviamente también se cometieron algunos errores, cuestiones que no eran de índole constitucional que se elevaron a la discusión constitucional. Pero mi frustración pasa porque yo creo que el proyecto que salió finalmente del consejo, que tomó mucho de la comisión experta, era bastante bueno en lo medular. La Constitución que tenemos hoy es un buen texto, pero después de la reforma sobre los quórums quedamos con una debilidad medular”.
—Al Partido Republicano se le culpa por haber perdido la oportunidad de redactar una Constitución que pudiese ser aprobada. ¿Aprendieron la lección ahora que son Gobierno?
“A partir de mi propia experiencia, porque cada uno puede tener una opinión distinta a partir de que vivió o de lo que se informó también por los medios, hubo un cambio de actitud hacia el proceso cuando se supo que había un consejo compuesto casi en su mayoría por el Partido Republicano. Desde una actitud de tratemos de buscar acuerdos a una actitud de enrostrar todos los posibles pasos en falso. Yo concuerdo que se cometieron errores desde el lado del que tenía la mayoría, sobre todo con los temas valóricos, con el tema de las contribuciones, y hubo una mala lectura de cómo la ciudadanía iba a recibir eso. Pero también creo que aquí hubo una suerte de obstáculo inicial desde el momento en que ellos fueron electos, en que la izquierda y la centroizquierda, presentes después en el consejo y los mismos comisionados expertos, tomaron otra actitud hacia el proceso. Una actitud donde más bien había que buscar la falencia y no rescatar nada”.
—Pero ¿qué pasa con la forma de negociar? Las formas también son necesarias en la política y se le ha enrostrado al Partido Republicano que rechazó la reforma previsional que —según el mundo técnico— era necesaria. También está ahora la decisión de frenar el proceso de traspaso de información en el cambio de mando.
“Obviamente, no es una buena noticia para el país que el traspaso que tiene que haber entre la autoridad saliente y la electa se suspenda o en definitiva no se reinicie. Pero lo que está sobre la mesa, a mi juicio, no es menor. Lo que está sucediendo pone a Chile en una posición de Estado súper difícil con China y con Estados Unidos. La repercusión ya no es solamente a nivel nacional. Y todo lo que se ha ido sabiendo, que además en buena medida ha sido por los medios, no es la forma adecuada de entregar la información. Cuando una autoridad toma una decisión como entregar una concesión y dos días después decide anularla sabiendo que otra autoridad con la que nosotros nos relacionamos, y que es la mayor potencia, había advertido los riesgos, es muy complejo. Más si estos temas no solo no se comentan en las reuniones bilaterales, sino que además no se ponen los fundamentos, los antecedentes, los documentos técnicos, arriba de la mesa. Complejiza mucho la situación. Aquí no estamos hablando de cualquier tema y no sirve cualquier explicación”.
-Otra vez las formas…
“Sí, pero sobre las formas, la verdad, yo no tengo mucho que criticar al Partido Republicano. La verdad es que, en todas las mesas de trabajo que a mí me tocó participar en el proceso constituyente, siempre existió diálogo. Con la reforma de pensiones se puso mucho el acento en la negativa de los Republicanos a la fórmula del préstamo, pero la verdad es que, mira el caso de la propia senadora Ximena Rincón: ella se abstiene al final de la votación en la comisión de Hacienda. Hay una suerte de tendencia natural a encapsular todas las discusiones de este tipo buscando a un solo culpable. Pero los problemas son mucho más complejos que eso”.
—Con tu experiencia negociando, con el conocimiento que tienes sobre cómo funciona el aparato público y sobre lo que se puede hacer, ¿con qué se encontrará el futuro Gobierno?
“Se va a enfrentar con una realidad muy desafiante, porque hay una mochila a nivel fiscal, que yo creo que vamos a terminar de conocer probablemente este primer semestre. Me refiero sobre todo a la carga fiscal y al tema del empleo público. Y digo terminar de conocer, no porque haya ocultamiento de información ni mucho menos, sino porque otra cosa es cuando tú ya estás en el cargo y puedes tener todos los antecedentes, y eventualmente realizar auditorías o supervisiones para entender bien dónde estamos parados. Yo creo que va a ser súper desafiante en parte por eso y en parte también porque la ciudadanía en Chile ha comprobado tener bastante más sentido común que el que alguna vez se le asignó. La gente entiende que los problemas no se van a solucionar de un día para otro, sobre todo por la envergadura de los que tenemos, laborales, de crecimiento económico, de inversión, de seguridad migratorio, pero yo sí creo que van a esperar ver resultados, o por lo menos una orientación hacia los resultados muy firme, muy oportuna, muy pronta, y eso le plantea un desafío muy importante a las autoridades que van a asumir desde el 11 de marzo”.
—Hay un riesgo porque no tienen la mayoría en el Congreso y las expectativas, como dices, son altas…
“Yo tiendo a pensar que, en la medida en que el Gobierno entrante logre mantener a los ciudadanos debidamente informados de sus acciones, de sus resultados y de su orientación, José Antonio Kast y su equipo tendrán bastante más posibilidades y margen de acción en lo legislativo, a pesar de que no tengan mayoría. Los parlamentarios están siempre muy atentos, para tomar sus decisiones, obviamente a los antecedentes técnicos, a la evidencia, pero también a la opinión ciudadana. Entonces, en la medida en que el Gobierno sea estratégico, logre mantener esas mayorías más o menos estables de apoyo y logre presentar iniciativas de mucho sentido común, tiendo a pensar que hay un buen espacio ahí”.
—Ahí es clave el rol de la vocería…
“Sí, por supuesto, la vocería de Gobierno tiene un rol fundamental y primerísimo. Pero también creo que las personas lo que esperan ver es un gran despliegue. En educación, por ejemplo, hay muchos desafíos. El Ministerio del Trabajo tiene muchos desafíos. Y lo que uno esperaría ahí es ver prontamente iniciativas, acciones, todo lo que se puede hacer por la vía administrativa y dentro del marco jurídico vigente”.
—¿Te dan ganas de entrar al Gobierno?
“¡Qué buena pregunta! Mira, trabajar en un Gobierno es un honor, es un privilegio, es una tremenda responsabilidad. Yo hoy día estoy en otra cosa, estoy en el Consejo para la Transparencia, con un equipo que es maravilloso, profesional y administrativo de primera línea, la verdad. Y ese periodo lo concluyo a fin de año, y creo que es lo que me toca hacer. Tengo otros quehaceres también, de los cuales aprendo infinito, y estoy tremendamente agradecida por la oportunidad en el sector privado. Creo que, de momento, uno tiene que terminar y concluir bien en lo que está. Ya se verá más adelante si existen otras oportunidades”.