“No es cómo se empieza sino cómo se termina”. Con esa frase, el oficialismo intenta transmitir calma en uno de los momentos más delicados del Gobierno del Presidente José Antonio Kast en términos de aprobación ciudadana.
La última Plaza Pública de Cadem lo dejó en 30% de aprobación, su registro más bajo desde que asumió el 11 de marzo, mientras la desaprobación llegó a 65%. Hace un mes, la misma encuestadora ubicaba la aprobación del mandatario en 36%; el 11 de marzo, al momento de asumir, Kast registraba una aprobación del 57%.
Criteria mostró una foto similar en nivel: 28% de aprobación y 60% de desaprobación, tras haber marcado 27% y 64% la semana pasada, su peor registro hasta ahora. Aun así, en las últimas semanas la aprobación en el sondeo ha oscilado entre 27% y 30%, sin lograr despegar.
El deterioro también alcanzó al gabinete. Según Cadem, 17 de los 18 ministros con más de 40% de conocimiento público bajaron su aprobación en comparación con septiembre.
Las mayores caídas fueron las de Louis de Grange, que llegó a 40%, y Claudio Alvarado, biministro del Interior y de la Secretaría General de Gobierno, que quedó en 37%, nueve puntos menos.
El ánimo ciudadano acompaña esas cifras. Cadem registró que 69% cree que el país va por mal camino y 68% está pesimista sobre su futuro, los peores niveles desde marzo.
En Criteria, 82% evaluó el desempeño del Gobierno por debajo de lo que esperaba antes de que asumiera, y una medición de esa encuestadora de comienzos de octubre mostró que 62% considera que la situación económica está peor que hace seis meses.
En La Moneda leen el momento como un desgaste propio del intento de “ordenar la casa”, en referencia al alza de los combustibles y la priorización del gasto.
La apuesta del Ejecutivo es que los malos indicadores económicos comiencen a revertirse desde el próximo año, con una baja del desempleo y un crecimiento por sobre el 3%.
Sin embargo, en el corto plazo La Moneda podría enfrentar las consecuencias que suele tener una baja sostenida en las encuestas: desafección de parlamentarios y mayor complejidad para negociar con sectores desalineados, como el Partido de la Gente (PDG).
Todo esto ocurre mientras en el oficialismo se multiplican las voces que piden un ajuste de gabinete, en particular del modelo de vocerías, identificado como la principal razón de que el Ejecutivo no logre llegar con su relato a la ciudadanía.
Desde RN piden nombrar un portavoz independiente de la cartera del Interior, donde hoy el subsecretario Máximo Pavez opera como vocero de facto, bajo la conducción de Alvarado.
El reclamo no es nuevo: en septiembre, el jefe de bancada de diputados de RN, Diego Schalper, afirmó a EL DÍNAMO que “el problema no son los ministros, el problema es el modelo”, apuntando a la falta de un vocero de dedicación única.
Según la última Cadem, 64% opina que el Gobierno debería volver a contar con un ministro vocero.
En lo que sí coinciden en el oficialismo es que las encuestas no deben ser el detonador de un cambio de gabinete.
La diputada Macarena Santelices, independiente en la bancada UDI, señala a EL DÍNAMO que “las encuestas son una fotografía del momento y, por supuesto, hay que saber escucharlas, pero la prioridad tiene que seguir siendo resolver los problemas que hoy les duelen a las familias chilenas”.
Para la parlamentaria, “la mejor manera de recuperar confianza es con gestión, resultados y unidad”, y sobre un eventual ajuste, afirma que “esa es una facultad exclusiva del Presidente y será él quien evalúe si necesita hacer ajustes. Más que especular con nombres, hoy lo importante es que todo el Gobierno esté concentrado en cumplir y avanzar”.
En la misma línea, el diputado de RN Francisco Orrego plantea a este medio que “hay que poner las cosas en su justa medida. Las encuestas son una señal que La Moneda tiene que mirar, pero no pueden transformarse en el único criterio para tomar decisiones”.
Aunque reconoce que, si el Presidente “considera que hay que hacer ajustes para mejorar el funcionamiento del Ejecutivo, tendrá que evaluarlo en su momento”, advierte que “no creo que corresponda reaccionar por la presión de una encuesta”.
Desde Evópoli, el diputado Tomás Kast, sobrino del Presidente, afirma que “las encuestas hay que mirarlas con humildad y entender qué hay detrás de ellas, pero tampoco sobrerreaccionar”.
A su juicio, el desafío del Gobierno es “mostrar resultados, mejorar la coordinación y tener más conversación política para sacar adelante su agenda”.
Sobre los ajustes de gabinete, dice a EL DÍNAMO que “son naturales cuando ayudan a mejorar la gestión, pero lo importante no son los nombres, sino que los equipos funcionen y las cosas pasen”.