Secciones
Política

Diego Schalper (RN) y tensión en el gabinete: “El problema no son los ministros, el problema es el modelo”

En entrevista con EL DÍNAMO, el diputado y primer vicepresidente de Renovación Nacional (RN), Diego Schalper, valora que el Gobierno no realice un acto oficial por los 53 años del golpe y llama a “darle un sentido a esta fecha menos vinculado a la polarización y más al futuro”. Además, hace un llamado directo a repensar la forma en que se coordina políticamente La Moneda.

El primer 11 de septiembre del Gobierno de José Antonio Kast —el primer presidente electo desde el retorno a la democracia que votó por el “Sí” en el plebiscito de 1988— será sin acto oficial en La Moneda (situación inédita) y con el mandatario desplegado en la Región de Los Ríos. 

En conversación con EL DÍNAMO, el diputado y primer vicepresidente de Renovación Nacional (RN), Diego Schalper, valora esa decisión y plantea que el objetivo del Gobierno debe ser “darle un sentido a esta fecha menos vinculado a la polarización y más vinculado al futuro”.

El parlamentario, jefe de bancada de su partido, también aborda la tensión que esta semana abrió en el oficialismo el cruce entre el ministro de Defensa, Fernando Barros, y la presidenta del Senado, Paulina Núñez (RN); la interpelación al canciller Francisco Pérez Mackenna; y hace un llamado directo al Gobierno: “El problema no son los ministros, el problema es el modelo”, dice refiriéndose a la falta de un vocero y el “permiso” que dio Kast a sus ministros para opinar de temas que no son propios de sus carteras.

—Es la primera vez que Chile tiene un presidente que votó por el «Sí» en el plebiscito de 1988. ¿Le asigna una carga especial a ese hecho en el contexto de una nueva conmemoración del 11-S?

—Yo diría dos cosas. Primero, que crecí escuchando a los incumbentes pelear por lo que ocurrió en Chile en 1973, y no quisiera que mis hijos también crezcan escuchando esa misma pelea a 53 años de ese hito. Los países necesitan tener un juicio respecto de su historia, pero no estar atrapados en ella, que son cosas distintas. Y segundo, que precisamente por la coyuntura que usted plantea, el Gobierno tiene una oportunidad: darle un sentido a esta fecha menos vinculado a la polarización y más al futuro. Eso se traduce en que sea un día normal de trabajo —ahí tengo una diferencia con quienes creen que hay que hacer alguna conmemoración— y en que, más adelante en el Gobierno, cuando se cumplan fechas más redondas, pueda valer la pena hacer algunos gestos que contribuyan a la reconciliación del país.

—Dentro de esos gestos, en el oficialismo se ha pedido concretar indultos para esta fecha. ¿Cómo mira esas solicitudes?

—Creo que, en lo que respecta a este año, el presidente hace bien en no apresurar decisiones en esa materia. Pero al mismo tiempo, pensar en la reconciliación implica pensar en los dolores de ambas partes. Si uno quiere contribuir a la reconciliación en Chile, hay que tener empatía y sentido de futuro respecto de todas las partes involucradas.

—Cuando dice «todas las partes», ¿se refiere a los presos de Punta Peuco?

—No, no. Me refiero a todas aquellas personas que puedan sentir que se ha cometido una injusticia, básicamente a las dos miradas que están en controversia. Uno no puede construir reconciliación negando los dolores de alguna parte del país; se construye mirando con empatía y sentido de futuro los dolores de las distintas partes.

—El presidente confirmó que no habrá acto conmemorativo y que pasará la jornada en la Región de Los Ríos. ¿Qué le parece esa aproximación, más distante, de la fecha?

—Yo lo definiría más bien como tender a hacer del 11 de septiembre un día de reflexión, sin transformarlo en un hito de polarización. El Gobierno hace bien, en mi opinión, en tener una actividad normal ese día, y quienes quieran tener algún espacio de reflexión política lo pueden hacer, evidentemente. Pero creo que el Gobierno, con el paso del tiempo, tiene que mirar hacia adelante, y eso pasa precisamente por no transformar el 11 de septiembre en un hito de polarización desde el Estado.

—¿Esa mirada hacia adelante explica también la diferencia con la forma en que Sebastián Piñera se acercaba a esta fecha?

—No, creo que tiene que ver con que el tiempo va pasando. Llevamos 53 años de ese hito. Los países que han tenido conflictos de esta envergadura —conozco de cerca el proceso alemán— tienden a construir reconciliación, no a eternizar el conflicto. Por eso creo que, en su primer año, el presidente Kast hace bien en aproximarse a este desafío sin transformarlo en un hito de polarización. Y espero que, a lo largo de su Gobierno, lo podamos ir transformando en un hito de reconciliación.

—¿Cree que el 11 de septiembre todavía divide a la derecha? 

—Creo que son miradas distintas de cómo abordar un mismo punto, y lo desdramatizo porque es parte de la convivencia de personas con trayectorias e historias distintas. Incluso hay un tema etario: los más jóvenes, como le decía al comienzo, aspiramos a que las futuras generaciones encuentren en estas fechas una oportunidad de reflexión y reconciliación. Yo me paro desde esa vereda: quiero que Chile pueda mirar su historia, reflexionar con su historia, pero no estar atrapado en ella. Son cosas distintas.

La interpelación a Pérez Mackenna: “La oposición se va a arrepentir”

—Esta semana la oposición logró aprobar en la Cámara la interpelación al canciller Francisco Pérez Mackenna, en medio de la controversia con Argentina y los cuestionamientos recientes a la gestión diplomática. ¿En qué posición queda el canciller?

—La oposición se va a arrepentir de esta interpelación, porque el canciller va a tener la oportunidad de explicarle al país las razones que ha tenido para tomar ciertas decisiones —imagino que la izquierda no pretenderá que desclasifique información sensible para Chile—. Va a poder recordarle a los chilenos que lo que el presidente Boric intentó durante cuatro años, restablecer relaciones consulares con Venezuela, este Gobierno lo logró en cinco meses. Y va a recordar la manera deficiente en que la izquierda manejó el control de la frontera. 

—Se mencionó que no es momento de “exponer” al canciller, ¿comparte esa lectura?

—Lo que ocurre es que la izquierda no se da cuenta de que, en el contexto político actual, pretender exponer al canciller a dar explicaciones en materias sensibles tiene poco de sentido patriótico. En un escenario geopolítico donde el presidente Boric deterioró las relaciones con Estados Unidos, tener que restablecerlas y al mismo tiempo mantenerlas aceptables con China es un desafío extremadamente difícil, y a mí me parece que este canciller lo ha hecho extraordinariamente bien considerando esa dificultad. Por eso creo que la oposición se va a arrepentir: la interpelación le va a permitir al canciller ratificar las gestiones que ha estado realizando en los distintos frentes.

“El problema no son los ministros, el problema es el modelo”

—Usted dice que es un error exponer así al canciller, pero ¿no cree que el propio ministro de Defensa, Fernando Barros, también lo ha expuesto al meterse en temas de la Cancillería y adelantarse a anuncios que le correspondían a él —algo que le han reprochado incluso desde el propio oficialismo—? 

—El ministro Barros hace bien en hacer ver que hay una dimensión de la tarea de Defensa que tiene repercusión internacional, y lo que está haciendo es referirse a temas de su cartera. El tema de fondo, si usted me permite, es que el presidente tiene que evaluar un modelo diseñado un poco desde el Segundo Piso, en el que pareciera ser posible que distintos ministros se refieran a los mismos puntos. Lo que no podemos pretender es respaldar ese modelo y después no hacernos cargo de sus consecuencias. Yo más bien soy crítico del modelo.

—¿A qué se refiere con el “modelo”?

—A que echo de menos un vocero que fije la línea política del Gobierno; echo de menos un planteamiento distinto al del presidente, que dice que todos los ministros pueden hablar de los distintos temas porque son personas adultas. Yo creo que lo verdaderamente adulto es tener espacios de coordinación política donde desde la presidencia se diga: “Este tema se va a abordar de tal forma”. 

—¿Eso evitaría el choque entre ministros?

—Yo creo que sí, porque por ejemplo, cuando se suscitó el problema de los aranceles se criticó al ministro (Jaime) Campos por referirse al asunto, pero usted entenderá que el ministro de Agricultura no puede dejar de referirse a algo que repercute evidentemente en el mundo agrícola. De la misma manera, cuando el ministro Barros se refiere a un tema lo hace en la medida en que afecta a su cartera, porque lo internacional también cruza la defensa nacional. Ahí creo que se requiere mayor coordinación política, y yo más que una crítica a un ministro en particular tengo una crítica al modelo. El problema no son los ministros, el problema es el modelo.

—¿Qué debería mejorar concretamente de ese modelo?

—Lo que tenemos que tener es un equipo político empoderado, donde el ministro del Interior haga las veces de jefe de gabinete y, cuando surgen esos temas intersectoriales, convoque a los ministros involucrados para coordinar cómo se aborda el asunto. El vocero es quien emite el planteamiento oficial del Gobierno, y cada ministro sabe cómo sujetarse o adherir a esa vocería oficial. Ese es un modelo que me parece razonable, y que en lo que respecta a la relación con el Congreso se traduce en llevar estos planteamientos a los jefes de bancada.

—¿Eso no lo está haciendo el ministro del Interior, Claudio Alvarado?

—Le insisto: el problema no es un problema de Claudio Alvarado —él está haciendo un trabajo extraordinario—, el problema es el modelo: creer que un biministro va a poder resolver una situación mucho más profunda. Esta pretensión de que desde el Segundo Piso se ejerza una especie de directriz permanente no está funcionando, y por eso creo que hay que formalizar un comité político empoderado, con una persona a cargo de la vocería, una a cargo de la jefatura de gabinete y una a cargo de la relación con la Segpres. Y le agregaría algo más: tenemos que generar una instancia de coordinación parlamentaria periódica, y ya se lo planteamos en su momento al Presidente, para que cuando surjan estos temas seamos capaces de entender que, como usted bien dice, cruzan los distintos ministerios.

—¿Y cree que ese problema del modelo también explica lo que pasó esta semana entre la presidenta del Senado, Paulina Núñez, y el propio ministro Barros?

—El ministro Barros es un gran ministro, lo está haciendo muy bien, y entiendo que tuvo un gesto con la senadora Núñez y esa diferencia estaría superada. Habiendo dicho eso, reitero: es todo lo mismo. Cuando se insiste en que cada uno puede referirse a los temas que quiera, después no nos podemos sorprender de que eso ocurra. Lo que quiero es invitar a la coalición y al Gobierno a hacer un replanteamiento del modelo en el que estamos funcionando.

—¿Quién debería ocupar ese rol de vocero?

—En eso no me meto, porque lo decide el presidente de la República. Hay muchos nombres disponibles, de distintas miradas y sensibilidades; eso se lo dejo a él. Ahora, por la composición del Comité Político, creo que podría ser bueno que fuera alguien del Partido Republicano. Pero eso ya se lo dejo al presidente.

—¿Usted estaría disponible?

—Esa pregunta no me gusta, porque cualquier respuesta que dé es mala. Insisto: para la correlación de fuerzas dentro del Comité Político, creo que podría ser bueno que esa persona fuera alguien del Partido Republicano, de manera que no tenga que ser el ministro de Seguridad quien represente políticamente a ese partido dentro del gabinete.

Notas relacionadas







Diego Schalper (RN) y tensión en el gabinete: “El problema no son los ministros, el problema es el modelo”

Diego Schalper (RN) y tensión en el gabinete: “El problema no son los ministros, el problema es el modelo”

En entrevista con EL DÍNAMO, el diputado y primer vicepresidente de Renovación Nacional (RN), Diego Schalper, valora que el Gobierno no realice un acto oficial por los 53 años del golpe y llama a “darle un sentido a esta fecha menos vinculado a la polarización y más al futuro”. Además, hace un llamado directo a repensar la forma en que se coordina políticamente La Moneda.

Daniel Lillo