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La inteligencia en crisis: el costo de vivir en “scroll”

Por primera vez en un siglo, la capacidad cognitiva global retrocede. Un estudio de la Universidad de Northwestern que confirma el quiebre del Efecto Flynn y cómo el sedentarismo digital está atrofiando el pensamiento profundo en una generación atrapada en el algoritmo.

Suelo pasar bastante tiempo en el gimnasio. No se confundan: no es porque sea un deportista extremo ni mucho menos. Mis pausas, mis estiramientos y mis tiempos de recuperación son, digamos, generosos. En esas sesiones, donde mi ritmo es más inspiracional que de cardio, suelo observar y compartir con mucha gente. Y lo que veo, no me quita el sueño pero me llama la atención, el gimnasio se ha transformado en una extensión más de nuestra oficina digital. Veo pesas que descansan en el suelo mientras las manos sostienen celulares que nos mantienen anclados a la misma inmovilidad que intentamos combatir. Estamos ante el nacimiento del sedentario digital.

Esta es una gran contradicción de nuestra era. Podemos cumplir rigurosamente con nuestra hora de entrenamiento, marcar tarjeta en la clase de CrossFit o correr cinco kilómetros al alba, y aun así ser personas profundamente sedentarias.

Lo que la ciencia hoy llama el sedentarismo activo es el fenómeno de quienes cumplen con los mínimos de ejercicio recomendados por la OMS, pero pasan el resto de sus horas del día en un estado de desconexión corporal absoluta. Es una simulación de bienestar donde el cuerpo se mueve por inercia, pero la mente nunca abandona la silla ni la pantalla.

El fin del Efecto Flynn

La noticia que sacudió los círculos académicos esta semana -y que me parece una señal de alerta roja- viene de la Universidad de Northwestern. Por primera vez en más de un siglo, una tendencia histórica que dábamos por sentada se ha quebrado.

Durante todo el siglo XX, el llamado Efecto Flynn documentó un aumento constante y global del coeficiente intelectual (CI) con cada nueva generación. Éramos, técnicamente, cada vez más brillantes. Hasta ahora.

El estudio liderado por la Dra. Elizabeth Dworak revela que el efecto Flynn se ha revertido. En categorías clave como el razonamiento verbal, la lógica matemática y la resolución de problemas, las puntuaciones están cayendo.

La Generación Z es la primera en la historia moderna que no supera a la anterior en estas pruebas cognitivas. El músculo mental, al igual que el físico, se está atrofiando por falta de uso. El principal sospechoso es este ecosistema de hiperconectividad que nos ofrece la solución masticada antes de que hayamos tenido tiempo de procesar la pregunta, eliminando el esfuerzo cognitivo que antes nos hacía crecer.

El espejismo del contenido Health

Las redes sociales han saturado nuestro entorno con contenido sobre salud, biohacking y longevidad. Lo que llamo hiperactividad mental con desconexión física, tenemos sobrecargada de datos de entrenamiento y datos de salud que jamás usaremos. Consumimos el plan de salud, pero nos quedamos atrapados en el contenido. Somos expertos teóricos en bienestar, pero nuestros cuerpos siguen siendo prisioneros de una pantalla.

Realmente, ¿entendemos más de cuidarnos o simplemente nos gusta observar la estética hegemónica de la salud?

Esta cultura del bienestar ha impulsado una de las burbujas comerciales más repetitivas de la década: el auge de los batidos de proteínas y vitaminas de “marca blanca”.

Hoy, el mercado global de suplementos se ha convertido en el negocio genérico de cualquier emprendedor o influencer con audiencia. Es un modelo de emprendimiento de tendencia repetida: polvo de suero producido en masa, envuelto en un branding minimalista que promete salud instantánea, pensada especialmente para “ti”. Lo mismo que sucede en categorías como “cosmética de autor” o el skincare de nicho.

La industria del health ha entendido que vendernos la “identidad” de ser personas sanas es mucho más rentable que ayudarnos a serlo realmente. Compramos el batido para calmar la culpa del sedentarismo, pero la vitamina no reemplaza al movimiento real.

Las enfermedades silenciosas

Desde la perspectiva del coaching cognitivo conductual, se trabaja con la jerarquía de los problemas. Hay una máxima que hoy cobra más sentido que nunca: “Cuando uno tiene un cuerpo sano, tiene mil problemas; cuando el cuerpo enferma, el único problema es tu enfermedad“.

En el sedentarismo digital, estamos gestando enfermedades silenciosas que van más allá de lo físico. Hablamos de nuevas patologías cognitivas. Nuestro cerebro está siendo moldeado por la gratificación instantánea de la pantalla, lo que reduce la capacidad de enfoque y la memoria de trabajo.

Cuando nos desconectamos de la actividad física real -esa que no se postea y que requiere incomodidad-, perdemos la herramienta más básica de regulación emocional. El sedentarismo activo no es estar quieto; es dejar que nuestra capacidad de habitar la realidad se someta frente a una pantalla.

Del coma digital al movimiento real

No basta con esa hora de gimnasio si el resto del día nos mantenemos en un estado de “coma digital“. La paradoja es que tenemos más información que nunca sobre cómo cuidar nuestro cuerpo, pero menos voluntad que nunca para usarlo fuera de los márgenes de una pantalla. El conocimiento sobre salud se queda en la web, en el “me gusta” o en el “guardar para después”, pero rara vez llega a las fibras musculares.

El quiebre en la capacidad cognitiva de la Generación Z es un llamado de alerta global. No es que nacemos con menos potencial, es que hemos externalizado nuestra inteligencia a los dispositivos y nuestra salud a los suplementos de moda.

Para recuperar nuestra lucidez, debemos recuperar nuestro movimiento. Menos consumo de “contenido health” y más conexión con el esfuerzo real, ese que no tiene filtro y que ocurre cuando el teléfono se queda en el vestuario.

Al final del día, si el cuerpo se apaga por la inmovilidad, el mundo digital también desaparece, y no habrá algoritmo que pueda devolvernos la claridad que perdimos entre scroll y scroll.

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