No deja de ser fascinante cómo Pixar, el gigante que alguna vez nos enseñó que los juguetes tienen sentimientos, se ha convertido en el termómetro más preciso de nuestra evolución cultural. Desde aquel 1995 donde el conflicto era la llegada de un guardián espacial que amenazaba el reinado de un vaquero de trapo, hasta hoy, la narrativa ha girado siempre en torno al miedo al desplazamiento.
Pero con el anuncio y los primeros adelantos de Toy Story 5, cuyo estreno está fijado para junio de 2026, el enemigo ya no es el olvido o una venta de garaje. El villano tiene nombre propio, una voz robótica seductora y una pantalla táctil, llamada Lily Pad.
En esta quinta entrega, Woody y Buzz se enfrentan a la amenaza definitiva, la tecnología. Bonnie, la niña que heredó el legado de Andy, ha caído bajo el hechizo del dispositivo digital. El trance hipnótico de la niña frente a la tablet es el antagonista central esta vez. Pero, ¿es esta una simple trama de ficción o Pixar nos está lanzando un salvavidas en medio de un naufragio que ya es realidad?
La teoría de la pantalla vs la cruda realidad
La premisa de la película no es una exageración creativa, es un diagnóstico. En un reciente estudio del AIJU (2025/26) , la validación es alarmante: el 92% de los niños de entre 4 y 6 años supera con creces el tiempo de pantalla recomendado. Lo que en Toy Story se presenta como un duelo épico entre juguetes de plástico y circuitos integrados, en el living de nuestras casas es una batalla que parece perdida.
Estamos frente a la Generación Alfa, los verdaderos nativos digitales que, a diferencia de los Millenials o incluso de la Generación Z, no distinguen entre el mundo físico y el virtual. Para ellos, un “juguete” ya no es necesariamente algo que se toca.
Hoy, el deseo de consumo se ha desplazado hacia las skins de Roblox o las monedas virtuales de Fortnite. El objeto físico ha perdido su estatus afectivo para convertirse en un estorbo frente a la inmediatez del píxel.
El Apagón en las aulas
Lo interesante es que esta obsesión infantil no solo está siendo cuestionada por los juguetes de Pixar, sino por los gobiernos del mundo. Estamos asistiendo a un movimiento de repliegue tecnológico sin precedentes.
En Chile, precisamente en marzo de este 2026, entra en vigor la ley que prohíbe el uso de celulares en colegios de educación primaria y secundaria. No es un caso aislado. Corea del Sur implementó una medida similar este mismo mes, y la UNESCO ya lanzó una advertencia global, la tecnología en el aula solo debe usarse cuando apoye claramente los objetivos de aprendizaje, no como un sustituto de la interacción humana.
El problema surge cuando el dispositivo se convierte en el fin último. El dato es contundente, el 95% de los especialistas asocia el exceso de pantallas con retrasos en el desarrollo motor y dificultades de socialización. Como bien lo expuso hace una semana el estudio de la Universidad de Northwestern que confirma el quiebre del Efecto Flynn. No es una “sensación” de padres nostálgicos; es una crisis de salud pública que la película expone con la crudeza habitual de los estudios de dibujos animados.
¿Qué hacer con Bonnie?
El desafío para los padres no es la prohibición absoluta -que suele generar el efecto rebote- sino la revalorización del aburrimiento.
Parecería que los niños de hoy no saben aburrirse. Y es en el aburrimiento donde Woody y Buzz cobran vida. Cuando un niño tiene un dispositivo que le entrega estímulos dopaminérgicos cada tres segundos, su capacidad de imaginar se atrofia.
¿Que se puede hacer para minimizar estos efectos? Los que saben recomiendan:
- Zonas libres de tecnología: Establecer espacios sagrados (la mesa, el dormitorio, el auto, el colegio) donde la electrónica no entra, aparece la palabra.
- Juego dirigido: Volver a los bloques, a los rompecabezas, a los caballos de madera o reales, los recomiendo. El contacto con la materia es lo que ancla el desarrollo cognitivo.
- Inspiración: No podemos pedirle a “Bonnie” que suelte la tablet si nosotros no soltamos el smartphone.
El impacto futuro
¿Qué pasará con estos niños en diez años? Si no mediamos, nos enfrentaremos a una generación con una tolerancia a la frustración casi nula y una capacidad de atención fragmentada.
La película plantea que “la tecnología es para todo, pero los juguetes son para jugar”. Hay una distinción profunda. Jugar requiere esfuerzo, negociación social y paciencia; consumir contenido digital es un acto pasivo.
Toy Story 5 llegará a las salas de Chile el 18 de junio. Seguramente saldremos del cine con un nudo en la garganta, sintiendo que le debemos una disculpa a ese muñeco que tenemos guardado en una caja. Pero más allá de la emoción, el mensaje es un llamado a la acción.
La electrónica no es el enemigo, pero sí lo es nuestra incapacidad para ponerle límites. Quizás, al final del día, lo que Woody nos quiere decir es que el mejor sistema operativo sigue siendo la imaginación, y esa no necesita actualizaciones de software, solo un poco de tiempo y un espacio en el piso para jugar.