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“La gente no tiene con qué alimentar a las familias”: el drama de los comedores en la Villa 31 de Argentina

La cantidad de personas que se acerca a los comedores por falta de alimentos se ha quintuplicado, y con ello, los contagios de Covid-19.

“La gente no tiene con qué alimentar a las familias”: el drama de los comedores en la Villa 31 de Argentina
Por 8 de Agosto de 2020

Con la pandemia del coronavirus, la crisis sanitaria, alimentaria y habitacional que existe hace décadas en la Villa 31 de Buenos Aires se ha desbordado completamente.

La cantidad de personas que se acerca a los comedores por falta de alimentos se ha quintuplicado, y con ello, los contagios de Covid-19.

La Unicef proyectó que la pobreza infantil en Argentina llegaría a un 62.9%. En diciembre de 2020 se sumaron 1,3 millones de niños y niñas, basados en datos oficiales del INDEC.

La pobreza infantil llegaría a 62.9% según la proyección realizada por UNICEF Argentina, que en su segunda encuesta nacional estimó que entre diciembre de 2019 y diciembre de 2020 se sumaron 1,3 millones de niños y niñas que se hundieron en la pobreza en los últimos meses.

En la Villa 31, hay 12.825 hogares y es la villa más antigua de la Ciudad de Buenos Aires. En mayo pasado, Ramona Medina y Víctor Giracoy, emblemáticos dirigentes sociales de Villa 31, murieron de coronavirus.

Ramona, quien era vocera del barrio más pobre del país trasandino, denunció la falta de agua en la villa.

“Nos piden que nos higienicemos, que nos lavemos las manos, que tengamos mayor cuidado, que nos pongamos mascarillas, que no salgamos a la calle. ¿Y con qué lo hacemos si no tenemos agua?”, dijo dos semanas antes de fallecer.

Ausencia de servicios básicos

Entre la Villa 31 y la Casa Rosada hay quince minutos en automóvil, 4 kilómetros que separan el centro del poder político de Argentina del barrio más pobre y con más necesidades del país.

La ausencia de servicios básicos se imponen desde hace ocho décadas. La falta de energía eléctrica es una constante, no hay gas, tampoco líneas de teléfono y el agua, en medio de la crisis sanitaria que hay por el coronavirus, escasea cada vez más.

Sobrevivir a la pandemia con este nivel de necesidad, se hace imposible para las casi 50 mil personas que viven allí.

“Cuando empezó el aislamiento obligatorio, hace cinco meses, comenzamos a entregar alimentos y algunos productos de limpieza como lavandina y alcohol en gel. En un principio la ayuda estaba dirigida solo a algunas familias, pero cada vez se hacía menos”, relata a EL DÍNAMO, Martín Penalva, dirigente del Movimiento Territorial de Liberación y cabecilla de una de las 100 ollas comunes (comedores) que hay en la actualidad en Villa 31.

Autogestión

“Toda la ayuda se sostiene con aportes de quienes participan en el colectivo. Acá no hay ayuda del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires (que encabeza el opositor Horacio Rodríguez Larreta), aunque sí hemos tenido algo de ayuda del gobierno Nacional”, agregó Penalva.

“El Gobierno de la Ciudad, que es a quien le corresponde asistir a la Villa 31, no nos entrega absolutamente nada. Cuando comenzó el aislamiento obligatorio con otras organizaciones sociales de la Villa 31 constituimos un Comité de Crisis para abordar la pandemia, y entre otras cosas exigimos al gobierno la asistencia alimentaria a todos los comedores y merenderos, pero hasta el día de hoy no hemos visto nada”, criticó Martín Penalva.

Si bien los “merenderos” y “comedores comunitarios” son una “experiencia muy arraigada” en las villas de la capital bonaerense, con la irrupción del coronavirus, todo ha cambiado de manera drástica.

“Antes de la pandemia, recibíamos 20 familias a quienes les entregábamos comida, hoy son más de 120 las personas a las que ayudamos con alimentación. Estamos tres días a la semana porque para eso nos alcanza más. La pandemia generó un aumento en la demanda de todos los comedores, porque la gente no tiene con qué alimentar a las familias”, dice el dirigente social a EL DÍNAMO.

“Es difícil la situación, pero tenemos la necesidad de ayudar. No puede haber aislamiento si la gente no tiene qué comer. Queremos garantizar un plato de comida para quedarse en casa y que no se contagien más”, concluyó Martín Penalva.

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