Dorothy Pérez, la persona del año
Chile no necesita más comisiones. Necesita más Dorothy Pérez. Más funcionarios que no miren para el lado. Más servidores públicos que no se hagan los lesos. Más gestión silenciosa y menos retórica vacía.
Chile no necesita más comisiones. Necesita más Dorothy Pérez. Más funcionarios que no miren para el lado. Más servidores públicos que no se hagan los lesos. Más gestión silenciosa y menos retórica vacía.
La reaparición de Karamanos no es anecdótica. Es reveladora. Nos recuerda, justo al final, qué fue el Frente Amplio. Un gobierno más atento a los símbolos que a los resultados. Más preocupado de verse bien que de hacerlo bien.
El Frente Amplio llegó prometiendo terminar con los abusos. Se va dejando uno nuevo, masivo y estructural. Llegó denunciando las “agencias de empleo” del pasado. Se va convertido en la más grande de todas.
En el debate decisivo, a seis días de la elección, Jara no pudo contener el impulso natural de volver a su eje político. Bastó escuchar el nombre de María Corina Machado para que se le escapara lo que realmente piensa.
La decisión de expropiar cien hectáreas en la Toma de San Antonio no es un desliz ni un error táctico, es la consecuencia natural de una convicción mal entendida, aquella que confunde sensibilidad social con permisividad, empatía con renuncia a la autoridad, y justicia con la arbitraria redistribución de costos hacia quienes sí siguieron las reglas.
La DC, al renunciar a su espacio natural —ese espacio que articulaba el centro político y ordenaba la conversación democrática—, ha terminado empujando a parte de su electorado hacia proyectos que sí ofrecen certezas.
La centroderecha tiene que aprender, de una buena vez, que, tal como acaba de quedar demostrado en las elecciones parlamentarias, tiene la obligación de ponerse de acuerdo, de dialogar, de ceder, es decir, que no puede dividirse, que tiene prohibido darse gustitos.
Todos los que nos identificamos con el centro político, los que nos sentimos orgullosos de lo conseguido por Chile en los “30 años”, los que creemos en los acuerdos, en la tolerancia, tenemos una responsabilidad este domingo. No podemos dejar que vuelva el octubrismo, que, como vimos, está esperando disfrazado y agazapado.
La desinformación es peligrosa. Destruye confianzas, intoxica el debate y degrada la vida democrática. Pero sería bueno que la ministra Vallejo y el gobierno entiendan que combatirla no se hace con eslóganes, sino con ejemplo.
La molestia de fondo es legítima: existe la percepción, y con suficientes ejemplos para sostenerla, de un Estado capturado por operadores, activistas, amigos de, y compañeros de militancia, cuyo principal mérito para asumir funciones públicas fue haber agitado una bandera, gritado en una marcha.