Según el último Informe de Brechas de Género del Ministerio de Educación, en 2024 las mujeres representaron solo el 20,8% de la matrícula de primer año en carreras STEM (Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas), frente a un 79,2% alcanzado por los hombres. Estas cifras sitúan a Chile muy por debajo del promedio global reportado por la UNESCO, el cual asciende al 35%.
El problema, sin embargo, comienza desde la primera infancia. Es en las etapas iniciales donde se continúan perpetuando sesgos en función del género, como si esta característica determinara las capacidades intelectuales de niñas y niños.
Para Catalina Araya, directora del área de Educación de Fundación País Digital, el diagnóstico es claro: la baja participación femenina responde principalmente al desconocimiento y a la falta de estimulación temprana, lo que provoca que las mujeres no se interesen por estas áreas o lleguen a descubrirlas demasiado tarde.
“En País Digital buscamos generar un trabajo directo en el sistema escolar para instalar el discurso de que la ciencia es para todas y todos. Lo hacemos creando experiencias directas para que niñas y niños se acerquen a entornos reales, mediante viajes a observatorios, charlas con referentes femeninas y un fuerte trabajo experimental”, explica.
Y aunque esta brecha es una problemática global, la forma en que cada país incentiva el interés por estas disciplinas marca la diferencia. En la región, la matrícula femenina alcanza un 34% en Argentina y un 30% en Brasil, siendo superados por México, que lidera con un 38%, según datos de la UNESCO. Esta representación podría explciar de alguna manera el por qué a lo largo del tiempo solo 22 mujeres han sido galardonadas con el Premio Nobel de Ciencias.
Chile: Una de las tasas más bajas del mundo
A nivel local, el panorama ha sido complejo. De acuerdo con la OCDE, en 2020 solo un 8% de las chilenas lograba titularse de carreras STEM, posicionando al país con una de las tasas más bajas a nivel mundial.
A pesar de estas cifras, las campañas y la labor educativa comienzan a dar frutos en áreas antes impensadas. La industria minera, por ejemplo, ha comenzado a abrir espacios donde antes predominaba la presencia masculina.
“Desde el año pasado desarrollamos el proyecto Antú, una iniciativa con enfoque de género que busca que todas las niñas brillen convirtiendo el conocimiento en innovación y futuro. Lo trabajamos con un foco astronómico junto a escuelas del norte del país, como en la Región de Antofagasta”, destaca Araya, quien además agrega que, aprovechan la cercanía con la minería para abordar este rubro desde una perspectiva científico-tecnológica incentivando el interés por la principal actividad económica de la zona.
Aunque aún queda un largo camino por recorrer, los datos entregan luces de esperanza. Según el mismo informe del Ministerio de Educación, la cantidad de mujeres dedicadas a la investigación en Chile pasó de 7.600 en 2021 a 9.169 en 2022. Una señal clara de que, si bien el desafío sigue pendiente, el cambio ya está en marcha.