Si a sus 26 años le hubiesen preguntado cómo sería su vida a los 64, difícilmente se la habría imaginado como la está viviendo hoy. Por aquel entonces, la actual primera mujer presidenta de México cursaba una maestría en ingeniería energética a la vez que esperaba a su primera hija biológica, Mariana.
Es que Claudia Sheinbaum Pardo no encaja en los esquemas tradicionales de la política. Nació en una familia acomodada donde se respiraba ciencia —con una destacada bióloga como madre y un ingeniero químico como padre—, entorno que también fue responsable de heredarle la vocación pública que, años más tarde, inscribiría su nombre en los libros de historia
Es la segunda de tres hermanos, de origen judío y física de profesión. Posee una maestría y un doctorado en ingeniería energética, título con el cual sumó otro antecedente histórico al convertirse en la primera mujer en egresar de dicho posgrado en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).
De perfil reservado, cauteloso y madrugadora por disciplina, a las 7 de la mañana ya encabeza sus habituales conferencias “mañaneras” para informar a más de 130 millones de mexicanos sobre la marcha de su administración.
Con carácter firme, Sheinbaum asumió el mando de un país con complejos desafíos en materia de narcotráfico y violencia. A lo largo de su trayectoria ha tenido que lidiar con los estigmas heredados por su cercanía con su antecesor, Andrés Manuel López Obrador (AMLO), con quien colaboró en la fundación de MORENA (Movimiento de Regeneración Nacional). Bajo la gestión de López Obrador como jefe de Gobierno, se desempeñó como secretaria de Medio Ambiente, enfrentando el reto de la contaminación atmosférica en la Ciudad de México y la modernización del transporte público.
Pero la vocación política y social de Sheinbaum comenzó a muy temprana edad. En su hogar, la política era un tema cotidiano: sus padres eran acérrimos militantes del Partido Comunista, influencia que la llevó a conocer de cerca la realidad de los presos políticos —muchos de ellos allegados a la familia, a quienes sus padres visitaban en prisión—.
A los 15 años decidió asumir un rol activo. Sus inquietudes la llevaron a acompañar las marchas de las “madres buscadoras”, un colectivo liderado por la emblemática activista Rosario Ibarra de Piedra que exigía verdad y justicia sobre el paradero de los desaparecidos por motivos políticos.
Años después, en 1986 y con 24 años, mientras cursaba la licenciatura en Física, irrumpió en el movimiento estudiantil como una de las voceras de la huelga universitaria de la UNAM en protesta contra el aumento de los aranceles en la educación superior. Fotografías y archivos de la época la muestran alzando la voz con determinación, el mismo sello que mantiene en la actualidad.
De hecho, en ocasiones ha sido ella misma quien ha recordado aquellos años compartiendo recortes de prensa. Entre ellos destaca una fotografía publicada en 1991 por el diario The Stanford Daily, donde se le ve sosteniendo una pancarta con la consigna: “Fair trade and democracy now!” (Comercio justo y democracia ¡Ahora), evidencia de su constante participación en los movimientos sociales desde su juventud.
Para Sheinbaum, la política es una herramienta de transformación social, y ha de ser por ello que refleja uno de los niveles de aprobación ciudadana más estables del continente, alcanzando cerca de un 70%, consolidando un estilo de gestión donde la rigurosidad y la convicción ideológica se complementan.
Los primeros 21 meses en el poder
El 2 de junio de 2024 quedó marcado en la historia de México. Por primera vez, una mujer fue electa para asumir la Presidencia de la República —la decimocuarta en la historia de América Latina— tras obtener un respaldo histórico de más de 35 millones de votos (equivalentes al 59% del total), una cifra sin precedentes en más de 30 años.
No obstante, su gestión no ha estado exenta de cuestionamientos. Sus detractores suelen calificarla como una continuidad a la sombra de López Obrador, desestimando la autonomía de su propia trayectoria. Asimismo, ha recibido críticas que dejan ver una distancia con ciertas demandas, ante lo cual, Sheinbaum ha sostenido que su compromiso se demuestra en los hechos y no en actos simbólicos.
“Atiendo, incluso, víctimas de asuntos de abuso sexual, de violencia contra las mujeres de manera personal, durante las giras o a veces aquí. No me gusta sacar una fotografía de eso”, declaró en una de sus conferencias matutinas para rebatir las críticas.
A pesar de lo anterior, y cerca de cumplir dos años de haber asumido su sexenio, la presidenta ha podido respaldar su proyecto de nación conocida como la “Cuarta Transformación” con cifras claras, las cuales se reflejan, por ejemplo, en indicadores de recaudación al alza, incremento de la inversión extranjera y metas en materia de seguridad orientadas a la reducción de delitos de alto impacto y homicidios, las cuales han presentado porcentajes de reducción significativos.
Aquella joven estudiante que protestaba en su universidad y que alzó la voz por las causas que le parecían injustas para el pueblo, hoy gobierna desde el Palacio Nacional manteniéndose fiel a su esencia, manteniendo la certeza de que la política, cuando se ejerce con rigor y convicción, sigue siendo la herramienta más poderosa para transformar positivamente a la sociedad.