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Cuando el talento deja de ser suficiente

Las empresas siguen valorando la experiencia, pero ahora también buscan capacidad de adaptación, liderazgo, criterio y una propuesta de valor clara. Ya no basta con contar lo que hicimos; necesitamos demostrar el impacto que somos capaces de generar.

Las últimas cifras del mercado laboral vuelven a encender una alerta que no podemos normalizar. Según el Instituto Nacional de Estadísticas (INE), la tasa de desempleo nacional alcanzó el 9,4%, la cifra más alta de los últimos cinco años. Pero detrás de ese promedio existe una realidad aún más preocupante: las mujeres continúan siendo las más afectadas, con una tasa de desocupación de 10,4%, mientras que meses antes incluso llegó al 10,5%. Entre las mujeres jóvenes, el desempleo supera el 25%, una señal de que el acceso al mercado laboral sigue siendo profundamente desigual. 

Cuando una mujer pierde su empleo, el impacto rara vez termina en ella. En muchos hogares significa retrasar proyectos familiares, disminuir ingresos, postergar decisiones financieras e incluso abandonar procesos de desarrollo profesional. El desempleo femenino no solo amplía las brechas económicas; también profundiza desigualdades que afectan la autonomía y las oportunidades de crecimiento de miles de mujeres. Estudios recientes muestran que la brecha de desempleo entre hombres y mujeres sigue ampliándose y que la participación laboral femenina continúa muy por debajo de la masculina. 

Sin embargo, en medio de este escenario también hay una pregunta incómoda que vale la pena hacerse: ¿estamos buscando trabajo de la misma forma en que el mercado está contratando? Durante años bastaba con tener un buen currículum, una trayectoria sólida o haber trabajado en una empresa reconocida. Hoy eso ya no garantiza oportunidades. El mercado cambió mucho más rápido que la forma en que muchas personas gestionan su carrera.

Las empresas siguen valorando la experiencia, pero ahora también buscan capacidad de adaptación, liderazgo, criterio y una propuesta de valor clara. Ya no basta con contar lo que hicimos; necesitamos demostrar el impacto que somos capaces de generar. Por eso la marca personal dejó de ser un concepto asociado únicamente a emprendedores o creadores de contenido. Hoy es una herramienta de empleabilidad.

Y construir una marca personal no significa exponerse constantemente en redes sociales ni convertirse en influencer. Significa que, cuando un reclutador, un headhunter o un potencial empleador busque nuestro nombre, encuentre una historia profesional coherente, consistente y alineada con el valor que realmente aportamos.

Hoy LinkedIn cumple un rol decisivo en ese proceso. Es el primer lugar donde muchas empresas validan experiencia, liderazgo y posicionamiento antes incluso de una entrevista. Un perfil incompleto o que solo enumera funciones puede hacer que un excelente profesional simplemente pase desapercibido.

Lo mismo ocurre con el currículum. Muchas personas siguen describiendo responsabilidades cuando el mercado quiere conocer resultados. Quiere saber cuánto crecieron las ventas, qué procesos se optimizaron, cuántos equipos se lideraron o qué problemas fueron capaces de resolver.

La búsqueda laboral también cambió. Ya no es un proceso basado únicamente en postular a ofertas. Cada vez más oportunidades, especialmente en cargos profesionales y ejecutivos, nacen desde redes de contacto, recomendaciones y búsqueda directa. Quien permanece invisible tiene menos posibilidades de ser considerado, por muy buena que sea su trayectoria.

En este contexto, especialmente para las mujeres, potenciar la empleabilidad también significa fortalecer la confianza profesional. Muchas veces el mayor obstáculo no es la falta de capacidades, sino la dificultad para reconocerlas, comunicarlas y proyectarlas con seguridad. Creerse el cuento no es un acto de soberbia. Es entender que nadie podrá valorar aquello que nosotros mismos no somos capaces de transmitir.

Porque hoy el talento sigue siendo indispensable, pero ya no es suficiente. En un mercado laboral cada vez más competitivo, la diferencia la hacen quienes logran convertir su experiencia en una propuesta de valor visible, relevante y creíble. Esa es, probablemente, una de las habilidades más importantes para construir la próxima oportunidad laboral.

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