Cuando hablamos de empleo femenino solemos concentrarnos en cómo logramos que más mujeres encuentren trabajo. Es una pregunta necesaria, pero hoy necesitamos hacernos otra y es qué alternativas tienen aquellas mujeres que no encuentran empleo, que necesitan compatibilizar ingresos con responsabilidades familiares o que simplemente no encuentran en el mercado laboral una respuesta acorde a su realidad.
Las últimas cifras del INE vuelven a mostrarnos que la brecha persiste. En el trimestre junio-agosto, la desocupación femenina llegó a 10,3%, mientras la participación laboral de las mujeres alcanzó 53%, frente al 70,3% de los hombres. Y hay otro dato que debería preocuparnos es que la informalidad entre las mujeres llegó a 28,3%. Es decir, no solo tenemos una brecha de acceso al empleo, también una brecha en la calidad y estabilidad de las oportunidades disponibles.
En este escenario, emprender aparece para muchas mujeres como una alternativa concreta, pero no se trata de decir que todas las mujeres deben emprender porque no encuentran trabajo o romantizar el esfuerzo individual como solución a un problema estructural. Emprender requiere tiempo, capital, redes, conocimientos y acceso a mercados, porque sin esas condiciones, corremos el riesgo de convertir el emprendimiento en una forma de sobrevivencia, en lugar de una verdadera herramienta de autonomía económica.
Los datos muestran, además, que las mujeres sí están emprendiendo. Según las últimas mediciones disponibles del Global Entrepreneurship Monitor, la tasa de emprendimiento inicial femenino alcanzó 29,6%, incluso ligeramente por sobre el 29,1% registrado entre los hombres. Sin embargo, el desafío aparece después, porque sólo alrededor de 7% de las mujeres logra tener un negocio establecido, por lo que el tema ya no es si las mujeres quieren emprender, sino qué estamos haciendo para que esos emprendimientos sobrevivan, crezcan y se transformen en empresas capaces de generar ingresos sostenibles y, eventualmente, empleo.
Programas como Capital Pioneras de Sercotec apuntan justamente en esa dirección De hecho, este año destinó más de $1.550 millones para entregar 325 subsidios de $3,5 millones a emprendedoras que buscan formalizar y poner en marcha negocios innovadores. Son iniciativas importantes porque incorporan algo que muchas veces falta y son los recursos para pasar de la idea a una empresa formal.
Sin embargo, necesitamos ir más allá, porque una emprendedora no debería recibir apoyo solamente cuando está comenzando, también necesita acceso a financiamiento cuando quiere crecer, capacitación cuando debe profesionalizarse, herramientas digitales para competir, redes para abrir nuevos mercados y oportunidades para convertirse en proveedora de empresas más grandes. Si queremos hablar realmente de autonomía económica, debemos preocuparnos no sólo de cuántas mujeres emprenden, sino de cuánto venden, cuánto crecen, cuánto patrimonio construyen y cuántos puestos de trabajo pueden llegar a generar.
Esto es especialmente relevante cuando miramos la realidad de las mujeres que además tienen responsabilidades de cuidado, porque para ellas un emprendimiento flexible puede ser una alternativa mucho más compatible con su realidad que una jornada laboral rígida.
A mi juicio la conversación sobre empleo femenino debe ampliarse. Evidentemente necesitamos más empleos formales, pero también necesitamos mejores condiciones para que las mujeres que emprenden puedan consolidarse. Por otro lado, necesitamos dejar de medir el éxito solamente por la cantidad de nuevos emprendimientos y empezar a mirar cuántos logran permanecer, crecer, formalizarse y generar valor.
Las mujeres ya están haciendo su parte. Están buscando oportunidades, creando negocios y generando ingresos en un mercado que todavía les pone más obstáculos que a los hombres, ahora corresponde que el ecosistema también haga la suya, porque emprender no debería ser el último recurso cuando no se encuentra empleo. Puede ser una decisión económica, una fuente de autonomía y una vía para construir patrimonio, pero para que eso ocurra, tenemos que dejar de pedirles solamente que se atrevan y empezar a entregarles las condiciones para que puedan crecer.