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Gabriela Clivio y el ‘Impuesto Rosa’: la diferencia de precios que aún pagan las mujeres en Chile sólo por su género

La economista analiza las diferencias de precios en bienes y servicios dirigidos a mujeres, el rol de la fiscalización y por qué —en el contexto económico actual de Chile— la prioridad debe estar en volver a crecer antes de tramitar leyes secundarias.

A pesar de haberse bajado de un avión hace pocas horas —tras dos años sin tomar vacaciones—, la economista y docente uruguaya radicada en Chile, Gabriela Clivio, abre su copada agenda para atendernos y conversar con Mujeres D sobre el “Impuesto Rosa” o “Pink Tax”, término nacido en EE. UU. en los años 90, y que aún impacta el bolsillo femenino.

¿Gabriela, a qué le llamamos puntualmente “impuesto rosa” ?

— En realidad si lo tenemos que definir, el “Impuesto rosa” no es un impuesto propiamente tal, sino que este termino se usa para describir cuando existen diferencias de precios en bienes o servicios que son para mujeres. Acá es muy importante comprender si esa diferencia de precios es evidencia de una discriminación por género, porque también puede ser que un producto sea diferente o tenga más gasto de material, sea distinto o tenga ingredientes diferentes.

En Chile, hay una encuesta que realiza el SERNAC, que se llama “Mujer y Consumo” y en el año 2025, reportaron que el 45,8% de las mujeres encuestadas percibió pagos más altos por productos dirigidos a mujeres, y entre los espacios donde esta percepción tuvo una mayor incidencia fueron las farmacias y las tiendas de belleza.

¿Solo es en esas categorías en donde se observa esta diferencia?

— No, para nada. Existe otro gran espacio donde se perciben diferencias de precio en los productos por género y es en los infantiles.

Según el SERNAC existe en promedio una diferencia de precio de más del 45% entre la versión para niño y la versión para niña y esto finalmente se transforma en una especie de barrera para comparar, porque no necesariamente te están vendiendo un producto diferente, porque básicamente en realidad lo que se hace es ser menos transparente.

Entonces, acá uno se hace la pregunta de que si todos los bienes que son comercializados para mujeres son más caros, que es lo que se refleja en las encuestas, se pueden realmente comparar o no, y cuáles son los atributos que justifican esa diferencia de precio, porque puede tratarse de un marketing de género o una justificación económica verificable.

¿Qué pasa en el caso de los servicios?

— Acá la discusión es un poco menos ambigua. Te voy a dar dos ejemplos super concretos que son las peluquerías y las tintorerías. Por lo general, en las peluquerías hay diferentes precios o tarifas en función de si es para hombre o para mujer. Cuando en realidad quien ofrece el servicio debiera decir, “tengo que cobrar por lo que hago, independientemente de si es para hombre o para mujer”.

O sea, de última puedo cobrar por el tiempo que me lleve ejecutar cada servicio, pero no, si el corte es para mujer es este el precio y si el corte es para hombre, el precio es otro.

En cuanto al ejemplo de la tintorería ¿por qué cuesta más la limpieza en seco de una blusa que de una camisa, si son lo mismo?. Cuando como en este caso, se usa el sexo como una forma de fijar el precio del servicio, es una muy mala señal y ahí sí hay una especie de impuesto rosa en realidad, que recordemos, como dije al principio no es un impuesto, sino que es que se está cobrando más solamente por un servicio determinado que está dirigido a la mujer.

¿Y este “impuesto rosa” se crea porque las mujeres generamos mayor consumo?

— No, no creo que sea por eso. Por ejemplo, en Estados Unidos, hay un estudio del Departamento de Asuntos del Consumidor que comparó, 794 productos de 91 marcas en 35 categorías, y llegó a la conclusión que los bienes que estaban dirigidos a mujeres costaban en promedio 7% más que los que eran equivalentes a los hombres, pero ese porcentaje era un promedio entre todos los productos. En cuidado personal la diferencia de precios era de un 13%, o sea, casi el doble del promedio. El shampoo y acondicionador, tenía una diferencia de precio de un 48% entre la versión femenina y la masculina.

Lo mismo pasaba con la ropa, un mismo fabricante tenía un precio promedio para los productos de las líneas femeninas con una brecha de precio de casi un 11% más cara, con respecto a la ropa de hombre.

Pero hay sí un caso, en donde el término “impuesto rosa” podría no ser mal aplicado en realidad y son los productos de higiene íntima, porque no son una decisión de consumo, es algo que tienes que comprar porque no te queda de otra. Ahí la única variación es cuál producto se ajusta más a ti, pero no si decides o no comprarlo.

Colombia justamente que fue pionero en eliminar ese impuesto a los productos de higiene íntima. ¿Qué pasa en Chile?

— Sí, Colombia tuvo un gran avance con respecto a eso. En Chile estos productos siguen pagando IVA y en realidad la legislación no contempla ninguna excepción y ninguna tasa reducida. Y no es que el Estado haya creado un impuesto específico para las mujeres, sino que se paga un extra por un producto que en realidad es una necesidad biológica que no todos comparten, porque solo las mujeres tenemos que usarlos, y eso es injusto. Ojalá a futuro tengamos tarifas que estén basadas en atributos objetivos, y no en una cuestión por sexo.

— En 2021 el SERNAC mediante el ‘‘Informe de Impuesto Rosa’’ mencionaba que las mujeres se dejaban llevar más por los “adornos” a la hora de comprar un producto, mientras que los hombres se iban por diseños simples, por ejemplo en el caso de una afeitadora manual. ¿Qué opina usted al respecto?

— Creo que tiene que ver con una cosa de que las empresas generan distintas versiones de un mismo producto. La segmentación en realidad es una estrategia comercial super legítima, pero me interesa ver si esto es en realidad una barrera para comparar la calidad.

Particularmente, no creo que las decisiones de consumo de las mujeres sean menos racionales que las decisiones de consumo de los hombres, ni que sean menos informadas. Desde 2021 a la fecha hemos cambiado mucho, y consideremos que puede haber influido mucho el tema del confinamiento y la liquidez que había en ese momento.

—¿Cómo se puede frenar este cobro abusivo?

— Hay que analizar los casos y no tratarlos a todos como si fueran lo mismo, porque son muy distintos. Como te comentaba antes, en el tema de los servicios es más fácil hacer cambios, porque yo lo que puedo hacer es no cobrar más porque algo sea para hombre o para mujer, porque puedo establecer un valor en función del tiempo que toma prestar ese servicio, pero no debería ser por género.

En el caso de los bienes de consumo, es el SERNAC quien tiene que fiscalizar, porque en el fondo hay que tratar que esto sea lo más transparente posible y que los consumidores sigan teniendo libertad de elección, porque muchas veces no la tienen y no se dan cuenta.

Varios países, incluso Chile han tratado de legislar al respecto, pero no hay ningún avance concreto. ¿Qué cree usted que está haciendo el país al respecto?

— En primer lugar, veo que Chile está preocupado por levantar datos, que es lo que hace el SERNAC con sus estudios, y si quiero hacer algo para generar cambios, lo primero es tener datos.

Pero claro, si vemos en términos legislativos, a mí me parece que en este momento que atravesamos como país tenemos que ir a lo más urgente, como el proyecto de la reconstrucción, enfocarnos en volver a crecer o trabajar en reforma del mercado de capitales, que para mí es una tremenda reforma, de la que se habla muy poco, pero es importantísima.

En realidad si hay que concentrarse en algo hoy, que sea en sacar las grandes reformas, porque acá lo importante es volver a crecer. Lo otro que es igualmente importante, pero de menos escala, lo vemos después.

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