A sus 41 años, Constanza Nuñez, la autora de «Conecta con tu pasión» se ha dedicado a acompañar a profesionales a descubrir su propuesta de valor y recuperar su autoestima laboral.
En conversación con Mujeres D, analiza los sesgos culturales que frenan el liderazgo femenino, la importancia de pasar de la competencia a la colaboración y cómo derribar el «síndrome de la tiara» para asumir el protagonismo en el mundo del trabajo.
—Constanza, desde tu experiencia como psicóloga y coach ¿por qué crees que en 2026 aún cuesta ver a mujeres en cargos de liderazgo, más allá de que cuenten con las aptitudes y competencias necesarias?
— Creo que tiene que ver con algo cultural principalmente. Desde chicas nos enseñaron que si hacemos todo bien, nos portamos bien, tenemos buenas notas y buen comportamiento, vamos a destacar, pero el mundo laboral es totalmente distinto.
También tiene que ver con creencia sobre que el negociar o pedir algo que quiero es feo, entonces el como el vendernos también es feo. Yo trabajo mucho el tema de la mentalidad con mis pacientes y desde ahí creo que hay que trabajar muchísimo más, pero claramente también tiene que ver con algo social.
—¿Cuáles son los principales bloqueos internos que impiden a las mujeres demostrar que cuenta con la capacidad intelectual para llegar a puestos de liderazgo?
— Principalmente, tiene que ver con que en particular hay pocos cargos de liderazgo para mujeres, por lo tanto tenemos pocos referentes que potencien la creencia de que uno pueda llegar a eso. De cierta forma las mujeres hemos tenido que luchar siempre desde la competencia y tenemos que erradicar ese pensamiento, siendo más colaborativas para lograr inspirar a que todas podamos llegar ahí si es lo que queremos hacer.
—Sabemos que Chile ha evolucionado bastante en el último con respecto a acortar la brecha laboral. ¿En su experiencia, cómo es la realidad del liderazgo femenino en otros países?
— Mira, te diría que en países vecinos como Argentina, quizás las mujeres muestran más su trabajo, pero creo que tiene que ver con el género la verdad. Si bien otros países están más desarrollados en términos de dar oportunidades a las mujeres, creo que como género tendemos a ser más pasivas en cuanto a vendernos, porque somos mucho más receptoras y esto es muy al contrario de los hombres, porque ellos actúan desde la acción, desde la fuerza. Las mujeres estamos esperando que llegue la oportunidad.
Yo he trabajado con gente de España, Estados Unidos, Perú y Argentina, y realmente no he visto grandes diferencias con lo que pasa en Chile. Yo trabajo con hombres y mujeres y la verdad es que esto también pasa en hombres, pero quizás un poco menos.
—¿Cómo podría una profesional empezar a mostrarse más fuerte sin perder su autenticidad?
— La mayoría de la gente cree que “venderse” es perder autenticidad y lo asocian al personaje de un vendedor charlatán, ese que va a vender humo. Esa es una gran creencia negativa.
Hay gente que me ha dicho es que me siento poco yo, poco humilde y al final no tiene que ver con un tema de humildad. Conocer tu valor te conecta con tu propuesta valor, la cuales única en cada uno de nosotros. En ese momento en que haces ese click, te das cuenta que tienes que entregar ese regalo al mundo para que otros lo reciban.
Al final es como un acto de generosidad mostrarlo, pero si no lo entregas, nadie lo conoce y para trabajar la propuesta valor, es necesario preguntarse quién soy, qué aporto, cuál es mi diferencial y entender que desde ahí no compito con nadie porque tengo algo que es único, que es mi historia.
De la competencia a la colaboración: la clave del nuevo liderazgo
A través de su programa “Conecta con tu pasión”, Constanza ayuda a personas a aumentar su confianza, entender su propósito y tomar acción para alcanzar su mayor potencial.
Como ella misma lo comenta, fue su propia experiencia la que la llevó a empezar a ayudar a otros. “Yo estuve varios meses, con esa angustia de pensar este no es el lugar y no sabía qué hacer, no veía nada, no veía ni una posibilidad, porque para mí mi meta era ser gerente de recursos humanos. Yo juraba que eso era lo que quería, pero era porque la sociedad me había mostrado que ese era el camino para ser exitosa”.

— ¿Qué rol cumple el generar redes al querer crecer profesionalmente?
— Hoy día el mundo es colaborativo. Antiguamente era competitivo.
Nos enseñaron a competir desde chicos, por ejemplo a buscar el primer lugar del curso y hoy te das cuento que eso no es así, porque mientras más colaboramos, logramos muchas más cosas que haciéndolo solo.
Colaborar significa generar estas redes de dar y recibir constantemente. Cuando estás en buenas redes uno genera sinergias que te hacen el camino más rápido en cuanto a cambiar de trabajo o generar oportunidades de negocio.
— ¿Qué cambios culturales cree que son importantes de realizar en la sociedad y en las organizaciones para que el liderazgo femenino se vaya desarrollando de una manera más fluida y sin tantas barreras?
— Dejar esto de trabajar tan individualmente en cada área y empezar a generar colaboraciones para que al final seamos equipos. Dejar de lado esto de que los hombres y las mujeres son competencia, y hacer equipos en donde todos aportemos, porque al final las mujeres tienen cosas que los hombres no tienen y los hombres tienen cosas que las mujeres no tienen, entonces en ese colaboración se puede generar mejores resultados en el trabajo, pero eso tiene que ir con cambio de mentalidad de la cultura.
También creo que hay que sacar la creencia de que la ambición de la mujer es mala. Muchas veces socialmente el hombre que quiere más es considerado “bacán”, pero la mujer que quiere ganar más plata o quiere ser gerente general, se considera ambiciosa. Ambos géneros podemos llegar a estas posiciones y aportar, entonces creo que hay que cambiar esa creencia.
Sindrome de la Tiara: De esperar a ser elegidas a asumir el protagonismo
Constanza también es madre. Recuerda que en el lanzamiento de su segundo libro, su hija de 10 años le agradeció que mostrara sus nervios en público. Para la psicóloga, esa vulnerabilidad e imperfección son claves para derribar la exigencia del perfeccionismo femenino.
— Existe el llamado ‘síndrome de la tiara’, donde muchas personas —especialmente mujeres— esperan que su trabajo duro hable por sí solo en lugar de negociar un ascenso. ¿Cómo influye este patrón mental en la brecha de género laboral y de liderazgo?
— Absolutamente sí hay una relación, porque mientras la mujer está esperando que le llegue el ascenso, hay otros que ya están conversando para ver cómo llegar a esa posición que ella quiere.
Yo tengo una amiga que hoy es gerente de una empresa. Para llegar ahí, ella hizo su carrera y lo proponía. Entonces, es importante saber hacia dónde quiero ir y proponérselo a las personas adecuadas.
— ¿Y qué relación tiene con el perfeccionismo? Porque hablamos que quienes lo padecen son mujeres altamente capacitadas.
— Sí, es lo que mencioné antes sobre cuando éramos niños. Nos dijeron que teníamos que hacerlo todo bien, ser buenas, portarnos bien, no ser tan ruidosas. Entonces, cuando esta perfección se nos ha inculcado de mala manera, es incómodo ver a una mujer que toma el liderazgo, que habla y pone límites, porque venimos de un mundo de patriarcado.
— ¿Qué consejos sugiere usted para trabajar este problema?
— Lo primero es pedir ayuda, porque a veces no se puede salir sola. Por lo tanto, tengo que buscar un especialista, un profesional que me haga ver esto desde otro lugar y me dé las competencias necesarias para mirar este problema de otra perspectiva y hacer cosas distintas, porque si yo sigo actuando desde la misma creencia, voy a obtener resultados similares. pero si yo cambio el patrón, voy a tener resultados distintos.
Salir del síndrome de la tiara es pasar de esperar a ser elegida a aprender a elegirnos. No significa dejar de ser humildes ni convertirnos en alguien que no somos. Significa asumir protagonismo sobre nuestra propia carrera.