Anne Traub nació en la vereda de la fortuna como ella misma lo reconoce. Es parte de la familia dueña de Cecinas Llanquihue y esa posición económica la llevó a ver la vida con otro sentido, uno más humano, en donde cree que es necesario crear espacios en beneficio de la educación. Ese convencimiento la llevó a fundar Familias Primero, donde se trabaja bajo una convicción clara: “el talento se distribuye de manera homogénea, pero las oportunidades no”, argumenta.
La también abogada y primera mujer en presidir la Asociación de Empresas Familiares (AEF) En entrevista con Mujeres D, hace una crítica social sobre la necesidad de poner énfasis en la educación de la primera infancia, resaltando además que los afectos son igual de importantes que la educación.
A su vez, cree que el Gobierno debe invertir en políticas que apoyen el proceso y le parece una pésima idea que se considere siquiera llegar a hacer recortes en educación.
Condenas de cuna
Al comenzar esta entrevista, Anne pone en contexto la causa que mueve a su fundación:
— “Soy una convencida de que el lugar en donde naciste de alguna manera determina cómo van a ser tus oportunidades”, confiesa en un tono conciliador, dando gracias por las oportunidades que ella sí tuvo, pero que ve que otros tantos no las tienen.
— Usted es abogada y además proviene de una familia muy reconocida en el país que se dedican a la producción de alimentos, ¿por qué decidió dedicarse a la filantropía?
— Todo se dio cuando estaba haciendo un MBA. Trabajé como abogada en un buen estudio, pero me di cuenta que aunque era feliz, sentía que aún me faltaba eso con lo que uno dice “esto es lo que me llena el corazón”.
Siempre tuve la inquietud de devolverle la mano a la vida y cuando uno trabaja en temas relacionados a la pobreza, a la educación temprana y la desigualdad, pareciera ser que no es lo cotidiano. Entonces la gente te pregunta por qué dejas una buena carrera y te atreves, y digo que es una mezcla entre rigor y pasión. Siempre he ido tras mis sueños y tengo esas ganas de hacer cosas distintas.
— ¿Cuál es hoy la mayor urgencia que enfrenta la primera infancia en Chile?
— Creo que hoy día la discusión pública se mueve para incorporar a la primera infancia. Hace un par de años atrás hablar de los niños primero era como una muletilla, a nadie le importaba mucho porque los resultados de las inversiones en edad temprana se ven realmente cuando estás trabajando.
Más allá de una mejor infraestructura tienes que mejorar la calidad de los docentes, el involucramiento de la familia, el currículum educativo, darle más y mejores herramientas a los padres para que ellos independiente del contexto que la vida les haya puesto sean los primeros educadores de sus hijos.
Los tiempos han cambiado y no podemos seguir con los mismos esquemas rígidos con los que veníamos enseñando, hay que hacerlo una manera distinta, hay que darles herramientas distintas, pero también —y súper importante— es el rol que tienen que cumplir los padres en la educación y en la crianza, porque los afectos son insustituibles y cuando un ser humano recibe afectos, influye positivamente en su desarrollo.
— ¿Por qué es tan importante considerar esta ecuación educación – afecto?
— En los primeros años de vida ya se ve que el acceso a mejores oportunidades de los niños tienen mucho que ver con los entornos en los cuales se desenvuelven con la familia, con el acceso a educación, y capital cultural que los rodea.
Ahí se abre una brecha de oportunidades en lo cognitivo, en lo social y en lo emocional, incluso en lo físico, por eso nosotros hablamos del concepto “condenas de cuna”.
Hay gente a la que no le gusta ese concepto, pero soy una convencida de que el lugar donde naciste sí determina de una manera bastante importante cómo van a ser tus oportunidades en la vida, entonces, para nosotros trabajar en primera infancia tiene mucho que ver con la prevención, porque cuando uno llega tarde cuesta más reparar, y eso es caro y doloroso.
“Nosotros creemos que hay que invertir no solo en el niño, sino que hay que invertir en la familia, en el adulto significativo, en la parentalidad. Este es el segundo fundamento que hay detrás de Familias Primero, y es que los afectos son trascendentales para el desarrollo del ser humano, eso te permite volar lo más lejos que tus sueños se lo propongan”.

Familias Primero, matrimonio y sus hijas
Anne está casada con el ingeniero comercial Matías Claro, con quien fundó Familias Primero. El matrimonio tiene dos hijas mellizas, que por esas coincidencias de la vida nacieron al mismo tiempo que la fundación.
— Anne, ¿cómo nace Familias Primero y por qué decidió trabajar con la educación y el desarrollo de la primera infancia?
— ¡Qué buena pregunta! Esto ya es más personal, pero yo estaba estudiando en Boston y mi marido, pololo en ese tiempo, estudiaba un Máster en Políticas Públicas en Harvard y un día me dice “flaquita, te quiero proponer matrimonio, pero además quiero que hagamos algo juntos que nos marque la vida. Hagamos una fundación, estudiemos modelos educativos que ya tengan evidencia, no inventemos la rueda, veamos que hay aquí en Estados Unidos o en Europa, pero quiero que sea algo enfocado en primera infancia”, porque él también es bien dado a lo social.
Y bueno yo acepté la propuesta de matrimonio (ríe) y acto seguido, le digo sí a la fundación, pero que tenemos que trabajar con las mamás. Yo salí de trabajar en campamentos, en la reconstrucción de 2010 y noté que en las madres había una desesperanza muy instalada, se sentaban fuera de sus mediaguas casi a ver el día pasar y sus niños no iban al colegio, entonces para mí, a quien había que motivar era a ellas.
— ¿Entonces esto fue como la primera gran prueba de matrimonio?
— Claro (ríe). Él quería a los niños, yo quería a las mamás, entonces, buscamos algo que fuera con ambos. De hecho, pasó algo muy especial y es que echamos andar la fundación la misma semana en que nacieron nuestras mellizas. Entonces, llamamos cariñosamente a la fundación la trilliza.

— Finalmente y tras ponerse de acuerdo en conjugar ambos intereses, Familias Primero hoy ya cumple 11 años funcionando, ¿cuál es su balance al respecto?
— Nuestro primer programa fue Kinder Power y es el motor de la fundación. Está muy enfocado en la parentalidad y el acompañamiento personalizado a la familia. Cuando ya llevamos un tiempo haciéndolo, notamos que había mujeres super atómicas, muy comprometidas con la educación y con la comunidad, y ese compromiso vale oro en los contextos más vulnerables porque te permite tener redes de apoyo que contribuyen a que una mamá vaya a trabajar y tenga un mejor ingreso, y ahí nació Mujeres Power.
La misión de este programa era fortalecer la autoestima y el empoderamiento para transformarlas en líderes positivos de sus comunidades, y ahí dijimos démosle la oportunidad de hacer algo a ellas, y entonces nace Leer es Poderoso como respuesta a una forma de cerrar un ciclo de empoderamiento de mujeres.
Y te cuento esto porque hoy sabemos que hemos impactado positivamente a muchos niños en todo Chile. Con Leer es Poderoso pasamos de 200 a 2500 niños entre 2023 y 2026, y la otra buena noticia es que ahora se sumaron los adultos mayores, quienes también tienen todavía mucho que aportar. De hecho nos dicen “nosotros le damos sabiduría y ellos nos traspasan alegría”.
— ¿Cuáles son las proyecciones que tienen en el corto plazo?
— A 2030 por ejemplo, me gustaría llegar a los 10 mil niños, pero con el apoyo de las municipalidades. Creo que es una vía a través de la cual uno pudiera hacer crecer estos talleres de lectura en vacaciones, porque los niños tienen el cuidado y los padres pueden trabajar tranquilos.
— ¿ Ya que menciona el hecho de trabajar en algún momento con los municipios, cómo ve usted que el Gobierno haya evaluado hacer recortes presupuestarios en educación y primera infancia?
— Yo creo que no podemos recortar en la primera infancia. Todo lo contrario, es ahí donde hay que poner las inversiones, y te voy a decir algo que sé que es bastante impopular y políticamente incorrecto, pero si se pudiera retroceder en gratuidad en la educación superior, yo sí retrocedería.
Si esos recursos se pudieran poner en primera infancia en sala cuna, en jardín infantil, en kinder, que son niveles súper importantes de estimular, sería maravilloso, porque si el niño llega a primero básico sin una base formativa previa, tanto en estimulación del desarrollo social, emocional y cognitivo, ya parte la carrera diez metros más atrás de la partida, entonces invertir en los primeros años de vida en educación es mucho más rentable que hacerlo en los niveles de educación superior.
— ¿Entonces cree que es una mala política pública?
— Yo soy una súper defensora de cuidar los recursos públicos, pero reducirlos en edad temprana no es bueno. De partida el financiamiento en la educación medio menor, medio mayor o jardín infantil, es desigual según el tipo de jardín, si es Junji, Integra o si son operados por los municipios, eso no tiene ningún sentido, ahí hay que equiparar el financiamiento.
Después los recursos para la sala cuna tienen que estar. Es una necesidad avanzar en el proyecto de sala cuna universal y que las madres tengan la posibilidad de dejar a sus niños en un lugar y salir a trabajar. Entonces espacios de reducción de presupuesto en primera infancia es una pésima política pública.
— ¿Y si pudiera sentarse hoy día a la mesa con la ministra de Educación y el Presidente Kast, ¿qué le diría?
— Uno, que vuelvan a impulsar el kinder obligatorio. Es algo fácil y factible y si movilizamos el kinder obligatorio vamos a hacer que los niños asistan más a clases. Lo segundo, es que les diría que busquen un muy buen programa de parentalidad, como los que tenemos en Fundación Familias Primero, u otro, pero que trabaje en la parentalidad, en la familia, es clave.
— ¿Les presentaría lo que ustedes están haciendo?
— Pero encantada. Nosotros ya tenemos todas las herramientas para escalar el modelo de acompañamiento Kinder Power. Ese programa podría perfectamente llegar al 40% más vulnerable y que todos esos niños reciban esta estrategia de acompañamiento anual. Entonces, sería un sueño.
Nosotros tenemos además tecnología, desarrollamos un sistema de control de gestión en donde sabemos que pasa en cada tutoría, porque ¿cómo controlas 2 mil tutorías a la semana, 8 mil al mes?
— Para finalizar, ¿cómo ve la evolución de la educación en nuestro país?
— Ha habido demasiados cambios efectivamente. Creo que lo de la gratuidad en la educación superior hasta el sexto decil puede hacerse cuando Chile sea un país que genere más riqueza y sea un país más productivo, pero por ahora no me parece que sea el camino. Creo que la inversión como te decía antes, tienen que ser en educación temprana y si no es ahí, que sea en la básica, cuando todavía se pueden hacer los cambios más importantes en el ser humano.
Hay mucho que hacer en la materia y creo que debería ser prioridad en este gobierno, más allá de sacar adelante la agenda económica que al final es la que permite que puedas destinar más recursos. Finalmente, la educación es lo único que realmente es sostenible para hacer transformaciones en el largo plazo en el país. El círculo de la pobreza se rompe con la educación.