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La Contra Corriente…

Tiempos de cambio en Latinoamérica. Para algunos es un retorno al deber ser “establecido” por establishment (Qué palabra vieja y detestable), para otros el final de una primavera y para quienes viven en la mitad, otra alternativa esperanzadora.

Queda claro que en algunos países que se hicieron eco del giro progresista de comienzos de siglo, la revolución planteada se quedó en una promesa y lo que puede ser peor, se transformó en una nueva burguesía conservadora cuya retórica setentista agobió a una sociedad que empezó a darse cuenta.
Claro que también aparecen otros, aquellos que sueñan con volver al paraíso limitado que significó el modelo neoliberal excluyente y que estimo se verán defraudados en esta etapa también.

El fin del kirschnerismo y la llegada de Macri al gobierno en La Argentina, y el triunfo opositor en el parlamento venezolano, no representan un volver a lo que debe ser, sino a recrear una nueva etapa acorde a los tiempos, a la realidad social, a lo que hoy entendemos por pobreza y desarrollo posible. No es lo mismo, es otra música y otro sonido.

La pseudo revolución progresista tuvo un dejo oscuro en el ocultamiento de información, la falta de transparencia, la corrupción encubierta ó descarada, los límites, los cepos, la libertad con falta de libertad.

Pero no nos olvidemos que en épocas anteriores, la libertad aparente también generaba oscuridad y falta de transparencia. Negocios cerrados en una élite de dudosa reputación aunque de grandes nombres, asociaciones peligrosas que acumulan poder y riqueza, desigualdad y otros tantos hechos y situaciones que siempre terminan siendo pagadas por una sociedad que día a día pierde la esperanza frente a una nueva promesa.

Creo que ya no hay espacio para una corriente ó para la otra. Ni izquierda ni derecha. El espacio es una Contra Corriente.

Un delicado equilibrio entre el bienestar general, la justicia social y el derecho a generar riqueza desde un capitalismo verdadero, con competitividad y con excelencia haciendo foco en la gente.

La gente, algo olvidado a la hora de decidir de unos pocos.

Por eso no se necesitarán discursos que enarbolen propuestas repetidas, que nos hagan imaginar con una zona de promesas a la que nunca llegamos. No es cuestión de discursos.

Es el momento de buenas personas por sobre las que suponemos brillantes y no se dan cuenta.

Es el momento de buenas voluntades para decisiones equilibradas. Es el momento de personas sensibles pero firmes que escuchen y que también puedan alinear.

Los que vendrán serán líderes, pero no de libro… Tendrán que tener una visión superior, influencia para lograr cohesión y habilidad para desarmar y armar un nuevo tejido. Casi un vidente mezclado con una araña…

Pero por sobre todas las cosas, lo que vendrá tiene que tener ese rasgo de humildad que permita la conversación, la evaluación, la autocrítica y el aprendizaje. Basta de dedos acusadores, de relatos tenebrosos y de complejas ecuaciones para entender lo simple.

Quién puede hacer eso? Si emprendedores que lideraron el mundo de hoy lo hicieron (Branson, Jobs, Gates), porqué no un político aunque no venga de la política?

Esa es la Contra Corriente.

Te parece?

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