Chile está comprometido tanto por acuerdos internacionales y las leyes que emanan de estos, a transitar hacia la carbono neutralidad. Para estos efectos, contar con una Estrategia Climática de Largo Plazo (ECLP) es fundamental. En junio de este año, entró en consulta pública una propuesta que actualiza la ECLP, la cual, en materia forestal, omite totalmente a las plantaciones con fines productivos. Hecho difícil de comprender a la luz de las cifras oficiales.
De acuerdo con el inventario nacional de gases de efecto invernadero, en los últimos 30 años, el único sector económico que consistentemente absorbe CO2 es el denominado Uso de la Tierra y Silvicultura. Dentro de éste, solo las tierras forestales y los productos de madera recolectada actúan como sumideros de carbono efectivo. Por lo tanto, se le reconoce como un sector clave por su potencial de mitigación de emisiones de Gases de Efecto Invernadero.
Si se hace doble clic sobre las tierras forestales, el aumento de biomasa de bosques nativos y plantaciones forestales son los fenómenos que explican prácticamente la totalidad de las absorciones de CO2 del sector, con aproximadamente 82.000 Kt CO2 eq anuales para bosque nativo y 62.000 Kt CO2 eq anuales para plantaciones forestales. De manera agregada, los bosques nativos absorben más CO2 que las plantaciones, pero resulta que en Chile existen del orden de 15,5 millones de hectáreas de bosque nativo mientras que de plantaciones con especies exóticas solo hay 3,1 millones de hectáreas. Ajustando por superficie, las plantaciones forestales son casi 4 veces más eficientes en la captura de carbono que el bosque nativo.
La idea no es hacer una apología sobre las plantaciones productivas ignorando las externalidades negativas asociadas a esta industria, pero si lo que se busca es la carbono neutralidad, que las consideraciones del sector forestal en la ECLP contemplen únicamente aumentar la cantidad de áreas protegidas y la forestación de bosques nativos, mientras se ignora el rol de las plantaciones, es persistir en una lógica dicotómica de hacer política que está lejos de favorecer al bien común.