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Julio Isamit, nuevo director de Res Publica: “Kast tiene que evitar el error de abandonar a su propia base”

En entrevista con EL DÍNAMO, el ex ministro de Piñera y nuevo director del think tank Res Publica defiende la decisión de Kast de suspender el traspaso y califica el proceso como “opaco e incompleto”. Advierte que los liderazgos del Frente Amplio en el Congreso serán una oposición “igual de irresponsable” que en el gobierno de Piñera, pero confía en una actitud distinta del Socialismo Democrático.

Este martes 3 de marzo, Julio Isamit asumió la dirección ejecutiva de Res Publica, el think tank de derecha que dejó José Francisco Lagos al ser nombrado subsecretario de la Vocería de Gobierno junto a Mara Sedini. Tres días después, el ex ministro del segundo gobierno de Sebastián Piñera conversa con EL DÍNAMO en un momento político cargado: el proceso de traspaso de mando entre Boric y Kast acaba de fracturarse por el polémico contrato del cable submarino Chile-China Express.

Isamit no es un observador distante del nuevo ciclo que comienza. El 20 de enero estuvo en la Oficina del Presidente Electo (OPE) reunido con Kast. Conversaron sobre el rol de la sociedad civil y sobre cómo transmitir la experiencia acumulada en el ejercicio del poder. Tanto así que fue convocado a dar una charla a los jefes de gabinete de ministros y subsecretarios: “En la universidad no existe el curso Subsecretario 1 o Ministro 1. Esto se aprende con la práctica, escuchando y mirando”, dice.

Desde ese lugar, Isamit analiza los retos que enfrentará Kast en su mandato de cuatro años, las similitudes y diferencias que podría tener con Piñera —único mandatario del sector tras la vuelta a la democracia— y qué errores no deberían repetirse. 

— Ese proceso de instalación se ha visto complicado por la polémica del cable chino. ¿Fue correcto que Kast decidiera suspender el traspaso?

— Lamento que el gobierno del presidente Boric termine marcado por esta dificultad. No solo por el error en el fondo y la forma respecto a la concesión del cable —una decisión de gran envergadura que no fue informada en detalle al sucesor, con consecuencias no solo personales para el ministro de Transportes, sino nacionales e institucionales—, sino porque es el corolario de un proceso de traspaso que no ha sido prolijo. Ha sido el reflejo de un Gobierno que durante cuatro años pareció más un Gobierno en práctica que uno hecho y derecho. Lo que hemos visto es información incompleta y una política de amarres: concursos públicos que comprometen a funcionarios por cuatro años, dificultando la implementación de la agenda que la ciudadanía respaldó en las urnas. ¿Está en su derecho el presidente Boric? Por supuesto. ¿Pero es prudente? Naturalmente que no. El cable chino es la guinda a la torta de ese proceso.

— Pero Kast también rompe una tradición republicana. Varios de su propio sector le pidieron retomar el diálogo, y en el próximo periodo necesitará a una oposición abierta al diálogo.

— No se puede separar la actitud del gobierno de Boric de la respuesta de Kast, porque una es consecuencia de la otra. Además, hay otro quiebre republicano que pocos mencionan: el presidente Boric fue el primero desde el retorno a la democracia en no dejar una holgura presupuestaria a su sucesor. Todos los presidentes anteriores dejaron un margen de libre disposición del orden de los 600 o 700 millones de dólares; el presidente Piñera le dejó 700 millones al presidente Boric. Además, todos conocen a José Antonio Kast: es un hombre calmo y prudente. Si se vio en la obligación de tomar esta decisión, no es por un exabrupto. Las primeras reuniones entre ambos se caracterizaron por una cordialidad que llegaba a ser sorprendente. Pero cuando a lo largo de dos meses y medio te das cuenta de que esas reuniones han tenido información opaca —que mientras informan una cosa, se realiza otra distinta al interior del ministerio—, las confianzas se rompen. Y cuando las confianzas se rompen, puede terminar como lo que vimos en La Moneda.

— Ahora que el FA deja La Moneda, ¿qué tipo de oposición espera del bloque saliente?

— Para que los países progresen no solo se requieren buenos gobiernos, también se requieren buenas oposiciones. En el gobierno del presidente Piñera vimos una oposición muy miserable: dos acusaciones constitucionales al presidente, apoyo explícito a la violencia, y la recepción como héroes a la primera línea en los propios pasillos del Congreso. Nadie quiere que eso se repita. Pero creo que se vienen dos tipos de oposición. Una muy furibunda y radical, marcada por los liderazgos del Frente Amplio que migrarán desde el Ejecutivo al Congreso: el presidente Boric, Camila Vallejo, Nicolás Grau. Esa generación, sin la experiencia de haber gobernado, probablemente sea igual de irresponsable que cuando estaban en la oposición durante el gobierno de Piñera. Del Frente Amplio, para ser sincero, no espero nada.

— ¿Y del Socialismo Democrático?

— De ellos sí espero mucho. Han vivido en carne propia lo que es tener aliados del talante del Frente Amplio y tienen una autocrítica que hacer. Ya hemos visto señales: el Partido Socialista se restó del cónclave de balance del gobierno, y la propia DC se negó a participar del balance final del presidente Boric porque no se sentían parte de este gobierno. Estoy seguro de que al Socialismo Democrático le gustaría exigir al gobierno entrante el mismo profesionalismo y traspaso de información que tuvieron cuando nosotros les entregamos el poder, tanto en 2014 como en 2018.

— ¿Qué estilo de liderazgo espera de Kast? Piñera dejó el ejemplo de un presidente dialogante, que tendía puentes incluso con sus adversarios.

— Es injusto comparar; cada presidente tiene su propia impronta. El sello de Kast va a estar en hacerse cargo de las urgencias prioritarias de los chilenos: seguridad, migración y economía. Respecto a la relación con la oposición, lo que uno esperaría de ambos lados es amistad cívica: entender que al frente tienes adversarios, no enemigos. El propio presidente electo vivió en carne propia la intolerancia política; fue atacado brutalmente a la salida de una universidad. Lo que el país espera de él es ese carácter: poner la pelota al piso, pero con la firmeza necesaria cuando corresponde levantar la voz. Un presidente que recupere no solo la eficiencia en la gestión, sino también la dignidad presidencial.

— ¿Qué errores del segundo gobierno de Piñera no debería repetir Kast?

— Después de la guerra todos somos generales. Al presidente Piñera le tocó enfrentar en dos o tres años las mismas tres crisis que Chile vivió en más de una década al inicio del siglo XX: la pandemia, la revolución de octubre de 2019 y la crisis económica asociada. Eso hace difícil cualquier análisis simple. Pero, a vuelo de pájaro: primero, Kast tiene un mandato ciudadano claro y cualquier cosa que lo desvíe de ese compromiso le pasará la cuenta. Segundo, tiene que hablarle con sinceridad a los chilenos, tratarlos como adultos y explicarles el estado real del país. Tercero, manejar las expectativas: hay una enorme expectativa en comparación con la administración Boric. Y desde lo político, lo más importante: no abandonar a su base. El peor momento del presidente Piñera no fue solo por las manifestaciones; fue cuando sus propios partidarios dejaron de respaldarlo. Boric, con todo su rechazo, mantiene un 30% de apoyo porque supo sostener firme a su base. Kast no puede cometer ese error.

— Una de las críticas a Piñera fue que su gobierno fue demasiado tecnocrático y descuidó la política. ¿Debería Kast corregir eso?

— Él es muy consciente de eso. El vuelo requiere dos alas. Está armando un equipo técnico muy calificado en Hacienda y Economía, pero también sabe que la derecha a veces se preocupa mucho del Excel y poco del Word. Yo creo que Kast va a concentrar su liderazgo en una presencia nacional recorriendo Chile, con contacto directo con los ciudadanos, y va a dejar en manos de los ministros la gestión de sus propias carteras. Son caracteres distintos: Piñera tenía una capacidad de micromanagement propia de su formación empresarial; Kast es un abogado y gran político, que se convirtió en la persona más votada de la historia de Chile. Su gran desafío será compatibilizar ambas cosas.

— En su gabinete hay similitudes con el de Piñera: figuras del sector privado y nombres que vienen de la Concertación. ¿Cómo se suple la falta de experiencia política?

— Hay que considerar algo relevante: Kast ha armado uno de los arcos políticos más amplios que hemos visto en mucho tiempo. Desde ministros republicanos como Martín Arrau, pasando por Chile Vamos con Claudio Alvarado en Interior, hasta Ximena Rincón —ministra de Bachelet— en Energía, Jaime Campos —también ministro de Bachelet— en Agricultura, o Andrés Jouannet, subsecretario de Seguridad, proveniente de la DC. Hace tiempo que no veíamos un arco tan amplio: republicanos, UDI, RN, Evópoli, Demócratas, incluso el Partido Radical. Ahora, la presencia de independientes en la centro-derecha no es nueva ni es un déficit. Yo mismo fui ministro siendo independiente y nunca he militado en un partido. La derecha chilena realiza su acción en distintos frentes: empresas, sociedad civil, universidades. Es una cultura política distinta a la de la izquierda, que se articula mucho más desde la militancia partidaria. Si uno mira el gabinete de Boric, hay muchos académicos, pero siempre de las mismas universidades y las mismas carreras. Son culturas distintas, y la del mundo de derecha se ancla tanto en los partidos como en el amplio mundo de lo independiente.

— ¿Fue un error no haber impulsado una coalición única de derecha? A Boric le complicó gobernar con dos alianzas.

— El gran error de Boric no fue tener dos coaliciones; fue querer gobernar con círculos concéntricos. La idea original de Boric y Giorgio Jackson era que el Frente Amplio estuviera en el núcleo del poder y el Socialismo Democrático fuera marginal. Terminaron con dos coaliciones por la fuerza de los hechos, porque el Frente Amplio no fue capaz de gobernar solo. El primer gabinete siempre muestra lo que el presidente quiere de verdad: Boric quería a Camila Vallejo y Giorgio Jackson como figuras centrales, y terminó con Mario Marcel y Alberto van Klaveren porque el país no le permitió otra cosa, marcado por la derrota del 4 de septiembre de 2022. Kast, en cambio, muestra desde el principio lo que quiere: un gabinete amplio políticamente, con competencia técnica y gente que conozca el Chile real. Gente que haya trabajado en la vida real, que haya pagado impuestos, que haya contratado trabajadores. La política de colaboración entre Republicanos, Chile Vamos y Demócratas me parece una buena primera señal para generar las bases de una coalición más sólida.

— ¿Qué tan problemático será tener una oposición por la derecha con los Nacional Libertarios?

— A ningún partido le gusta tener uno más a su derecha o más a su izquierda; el Frente Amplio lo sabe bien. Pero yo lo veo como algo positivo: es una especie de seguro para que el gobierno no se aleje de los compromisos que adquirió con los chilenos en la elección. Algo parecido pasó con Milei: la gran sorpresa fue que está haciendo exactamente lo que dijo que iba a hacer, porque en política eso es infrecuente. Yo espero que Kast también sorprenda a los chilenos cumpliendo lo prometido.

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