Fue el lunes 15 de diciembre, un día después de ganar la elección presidencial, que José Antonio Kast notificó a los partidos políticos que su Gobierno no buscaría una coalición oficialista, sino que un modelo de “colaboración política”.
En la OPE, el mandatario electo a esas alturas, descartó la idea de avanzar en una gran alianza entre las distintas derechas que apoyaron su candidatura. El desenlace es conocido: Kast optó por un gabinete ministerial repleto de independientes, el Partido Nacional Libertario se restó de la convocatoria al Gobierno y partidos como Evópoli o Demócratas fueron disueltos por el Servel. En paralelo, Chile Vamos (RN y la UDI) siguió funcionando como coalición, mientras el Partido Republicano mantiene su línea de no construir alianzas.
Esa definición ha tenido sus primeras consecuencias en las semanas de inicio de la administración de Kast.
Ante los diversos flancos abiertos —que van desde el alza en los combustibles hasta el fallido recorte en el presupuesto del Ministerio de Seguridad— al oficialismo le ha costado encontrar un relato común. De hecho, ya se han comenzado a plantear críticas desde Chile Vamos a la conducción de ciertas contingencias.
El caso de la vocera de Gobierno, Mara Sedini, es el más patente. La ministra ha sido cuestionada por figuras de Chile Vamos debido a errores en las vocerías y la “debilidad” que se percibe en la comunicación del Gobierno. Sin ir más lejos, según la última Cadem, el 60% declaró creer que el alza era evitable, contrario al relato que se ha tratado de instalar desde La Moneda.
El llamado “bencinazo” también provocó otra situación de desorden en el Congreso. Tanto RN como la UDI presentaron paquetes de medidas en paralelo a la ley impulsada por el Ejecutivo lo que generó ruido en el palacio de Gobierno. De hecho, el ministro de Hacienda, Jorge Quiroz debió intervenir y pedir cautela a los partidos argumentando que las arcas fiscales no están aptas para comprometer más ayudas sociales.
Con todo, al Gobierno se le ha abierto otro flanco de preocupación. Se trata de la comparecencia del director de la PDI, Eduardo Cerna, a la Comisión de Seguridad instancia en que deberá rectificar o desmentir a la ministra de Seguridad, Trinidad Steinert, quien aseguró que fue la institución policial la que determinó la remoción de Consuelo Peña, exjefa de inteligencia.
Este lunes, el senador Andrés Longton, sugirió que si Cerna termina desmintiendo a Steinert, el presidente Kast debería evaluar su remoción de la cartera de Seguridad.
¿Fue un error no tener coalición?
Si bien los partidos no tienen muchas instancias de coordinación, durante las primeras dos semanas de administración del nuevo Gobierno se ha mantenido el tradicional comité político ampliado que reúne al presidente, sus ministros de confianza y a los presidentes de partido.
Ante los primeros emplazamientos internos, dicha instancia es clave, dice Guillermo Bustamante, analista y académico de la Facultad de Comunicación de la Universidad de los Andes.
En todo caso, Bustamante advierte que la situación en el actual oficialismo responde a que los apoyos a Kast se dieron en la lógica electoral ya que no existió un acercamiento político genuino entre los partidos de derecha.
“El problema es que este el triunfo no asegura que los matices ideológicos de cada uno de los partidos se acaben, es más, con los resultados electorales sobre la mesa pasó lo que hoy estamos viendo: cada uno de los partidos mide el peso relativo al interior del pacto y condiciona apoyos en la medida que se respeten ciertos márgenes y cuando estos no se cumplen se desmarcan, como ha pasado últimamente”, dice Bustamante.
Rodrigo Meléndez, subdirector Ejecutivo de Res Publica, acota que “este fenómeno se ve acentuado, primero, porque aún estamos saliendo de una elección presidencial en que el presidente Kast compitió contra dos candidatos del mismo sector y, segundo, por el hecho de que la correlación de fuerzas entre la derecha tradicional y la nueva derecha cambió fuertemente en noviembre de 2025, por lo que muchos deben aún adaptarse al nuevo peso que cada proyecto político tiene hoy en función de los votos recibidos en las urnas”.
En ese sentido, Melendez asegura que “no fue un error no apostar por una coalición de gobierno, pues lo cierto es que las relaciones entre el presidente Kast y el resto del mundo político son de una naturaleza distinta a lo visto en el último tiempo en Chile”.