Por primera vez en Chile, una región logró articular de manera sistemática su historia paleontológica completa. Ese es el principal hito de Hace millones de años en Atacama, obra impulsada por la Corporación para la Investigación y Avance de la Paleontología e Historia Natural de Atacama (CIAHN), que integra más de mil localidades fosilíferas para reconstruir la evolución del territorio desde el Paleozoico hasta tiempos recientes.
El libro surge de un diagnóstico iniciado en 2022 para identificar qué se sabía sobre los sitios fosilíferos de la región, dónde existía mayor potencial científico y qué áreas requerían medidas de conservación. La revisión de literatura especializada, colecciones y registros dispersos permitió dimensionar la magnitud del patrimonio: más de mil puntos con evidencia fósil distribuidos entre la cordillera y el borde costero, con registros que abarcan al menos 400 millones de años.
“Este sería el primer retrato paleontológico completo de una región de Chile”, explica Martín Chávez Hoffmeister, editor general de la publicación y director científico del CIAHN. “Hay guías y trabajos previos, pero no en esta escala. Aquí se aborda el cien por ciento del registro conocido”.
Uno de los aportes científicos más relevantes se encuentra en el interior precordillerano de Copiapó y Alto del Carmen. En la Formación Las Placetas se han identificado algunos de los fósiles vegetales más antiguos del país, correspondientes al Devónico tardío (entre 382 y 359 millones de años). Estos restos permiten reconstruir antiguos ambientes costeros donde se acumulaban plantas arrastradas desde el interior continental, en una etapa clave de la expansión de la vida fuera del mar.
En Quebrada Colorado, también en el interior de Copiapó, se conservan trazas fósiles del Carbonífero (huellas atribuidas originalmente a anfibios y otros vertebrados terrestres tempranos) que anteceden a los dinosaurios. “Durante el Carbonífero aparece una comunidad muy interesante de trazas fósiles”, señala Chávez. “Son registros que nos permiten observar momentos tempranos de la colonización de los continentes por vertebrados”.
El relato avanza hacia el Mesozoico, cuando la configuración del territorio era radicalmente distinta. Durante el Triásico y el Jurásico, la incipiente cordillera de la Costa formaba un arco de islas volcánicas que generaba mares interiores poco profundos. Sectores como Quebrada de Pinte concentran abundante registro de invertebrados marinos asociados a esos ambientes. “Es el sector con más menciones en la literatura científica, pero paradójicamente es poco conocido fuera del mundo especializado”, indica Chávez.
El primer dinosaurio de Atacama
El registro de dinosaurios también forma parte de esta historia, aunque con características distintas a las de la Patagonia. En Atacama predominan las huellas y restos fragmentarios del Cretácico temprano. Entre los hallazgos más emblemáticos destaca Arackar licanantay, el primer dinosaurio nombrado formalmente para la región, junto con evidencias de pterosaurios y cocodrilos antiguos. “El registro no es tan espectacular como en el sur, pero es suficiente para reconstruir una fauna diversa y con alto potencial de investigación”, precisa.
Uno de los capítulos más ilustrativos es el de la Formación Bahía Inglesa, donde se han encontrado maderas fósiles de unos siete millones de años y abundantes restos de vertebrados marinos, incluidas ballenas y grandes depredadores como el megalodón. Estas evidencias muestran que el actual desierto fue, en tiempos relativamente recientes, una costa más templada y productiva.