Opinión
El odio no es un destino
Desde la distancia resulta demasiado fácil reemplazar a las personas por consignas e ideologías prearmadas. Por eso, cualquier reflexión sobre el 7 de octubre debe comenzar con una condena clara de lo ocurrido, sin relativizaciones ni justificaciones. Pero no debiera terminar ahí. Recordar debe servir para defender la dignidad humana, rechazar la deshumanización y sostener la posibilidad de convivencia.