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Jet lag social: el impacto silencioso del cambio de hora en tu cuerpo

Este fenómeno se produce cuando el horario impuesto por las actividades diarias deja de coincidir con el ritmo biológico interno.

El cambio de hora que se aplicará este fin de semana en Chile podría generar efectos temporales en el descanso, la concentración y el estado de ánimo. Aunque se trata de un ajuste de solo una hora, especialistas advierten que el organismo no se adapta de forma inmediata y que este proceso puede tomar varios días.

A la medianoche del sábado 4 de abril, el país atrasará sus relojes para dar inicio al horario de invierno. Si bien es una modificación breve, desde áreas como la psicología y la cronobiología señalan que este tipo de cambios sí impacta en el funcionamiento del cuerpo humano.

El psicólogo y docente de ADIPA, Jaime Olivos, explicó que el organismo opera mediante un conjunto de relojes biológicos que regulan procesos fundamentales como el sueño, el nivel de alerta, la temperatura corporal y el estado de ánimo.

“El cuerpo no funciona con un único reloj, sino con múltiples relojes distribuidos en órganos y células, que se sincronizan a través del cerebro en función de la luz solar. Cuando se modifica la hora oficial, este sistema recibe señales desalineadas, generando lo que conocemos como jet lag social”, explica.

Este fenómeno se produce cuando el horario impuesto por las actividades diarias deja de coincidir con el ritmo biológico interno. Según investigaciones en cronobiología, el cerebro puede tardar entre uno y cinco días en ajustarse completamente a un cambio de una hora, aunque esto varía entre personas. Durante ese periodo, es común experimentar dificultades para dormir, somnolencia durante el día, problemas de concentración o sensación de fatiga.

“Sentir estos efectos no es una exageración. Es una respuesta biológica. Nuestro organismo evolucionó en sincronía con los ciclos de luz y oscuridad, no con los cambios administrativos del tiempo”, agrega el especialista.

Las consecuencias de este desajuste no solo afectan el descanso. Diversos estudios indican que las alteraciones en el sueño pueden influir en funciones cognitivas como el juicio, la planificación y el autocontrol. Esto puede traducirse en una disminución del rendimiento, mayor probabilidad de cometer errores y dificultades para mantener la atención.

El estado de ánimo también puede verse afectado. La exposición a la luz solar es clave en la regulación de neurotransmisores como la serotonina, relacionada con el bienestar emocional. Por ello, los cambios en los ciclos de luz pueden provocar irritabilidad, ansiedad o una baja en los niveles de energía en algunas personas.

Qué hacer para adaptarse mejor al cambio de hora

La adaptación no es igual para todos. Un factor relevante es el cronotipo, es decir, la predisposición biológica de cada persona a ser más activa en la mañana o en la noche. Quienes tienen un cronotipo vespertino suelen enfrentar mayores dificultades, ya que sus ritmos internos tienden a estar menos alineados con las exigencias sociales.

En el caso de los adolescentes, el impacto puede ser más evidente, debido a que naturalmente tienen un reloj biológico más nocturno, lo que aumenta el desajuste con los horarios escolares tras el cambio de hora.

A pesar de estos efectos, existen medidas simples que pueden ayudar a facilitar la adaptación. Una de las más importantes es la exposición a la luz natural durante la mañana.

Pasar entre 20 y 30 minutos al aire libre en las primeras horas del día ayuda a que el cerebro reciba la señal necesaria para ajustarse al nuevo horario”, recomendó Olivos. A esto se suma mantener rutinas regulares de sueño y alimentación, reducir el uso de pantallas antes de dormir y realizar actividad física preferentemente en la mañana.

En la mayoría de los casos, el organismo logra ajustarse dentro de una semana. Sin embargo, si las alteraciones del sueño, la somnolencia o los cambios en el ánimo se extienden por más de dos semanas o comienzan a interferir en la vida diaria, es recomendable buscar apoyo profesional.

Hoy sabemos que la regularidad del sueño es fundamental para la salud mental. No solo importa la cantidad de horas que dormimos, sino también mantener horarios consistentes a lo largo de la semana”, concluye el psicólogo y docente de ADIPA.

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