El dañino personalismo de Marco Enríquez
Si uno se detiene a pensar en las ideas que ha venido repitiendo por años el eterno presidenciable, habrá acuerdo en que lo que en algún momento pudo haber dejado de ser un díscolo enojo treintañero para transformarse en un proyecto serio, hoy está en el limbo; en la ambigüedad de la nada, ya que el líder de esas ideas no puede hablar sin que le pregunten por SQM.
Columnista